A 16 años de la bengala perdida, habla la mujer que la arrojó

El arquero chileno Rojas fingió una agresión y Chile se retiró del partido con Brasil. La hincha que la arrojó posó para Playboy

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Rosenery Melo do Nascimento vive en el norte de Río de Janeiro, en Brasil, y ya no tiene la fama que adquirió el 3 de septiembre de 1989, cuando entró a la cancha a ver a su selección contra la de Chile en un partido por Eliminatorias para el Mundial de Italia 1990, y arrojó una bengala.

Esa vez, recuerda, un desconocido le entregó un paquete con pirotecnia que ella a su vez repartió en la cancha. Pero se quedó con algunas y la primera que encendió, apuntando al aire, terminó cayendo cerca del arquero visitante Roberto Rojas, quien simuló que le había dado a él y se dejó caer al suelo.

Después se demostró que no había sido blanco de la bengala y por ese hecho Chile fue descalificado de los dos mundiales siguientes.

Ahora la mujer tiene 41 años que los sobrelleva muy bien, aunque ya no tiene la fama que le dio aquel hecho que la llevó, horas después del incidente, a la cárcel.

También recuerda que las horas posteriores aquel incidente, al salir de la cárcel encontró su nombre y su foto en los diarios de Brasil y desde entonces le pusieron por apodo ?La fogueteira?, recuerda el diario chileno Las Últimas Noticias.

La fama pudo más y cuando quedó libre le llovieron propuestas laborales. Una de ellas se plasmó en la revista Playboy, para la que posó desnuda. Hoy, dice, guarda tres ejemplares de aquel número.

Ya se ha casado por segunda vez y casi no va a la cancha, ni siquiera para ver a su Fluminense. Pero de su primer matrimonio recuerda que no tuvo problemas en que se desnudase. Con el dinero viajó, compró una casa y un auto, aunque no se acuerda cuánto le pagaron. Sin embargo, supone que fueron más de cincuenta mil dólares.

No se arrepiente de lo vivido y destaca el hecho de haber conocido a Xuxa. En cuanto a las fotos que tan famosa la hicieron, cuenta que se las mostró a sus hijos ?para que no se enteren por otros?.

Entre otras cosas, se acuerda de que el juicio que le hicieron fue lento pero se aceleró cuando el arquero confesó la verdad y se supo que él mismo se había cortado la cara.

Un abogado le ofreció demandar a Rojas porque su imagen estaba por el suelo y le podía sacar más dinero, pero ella se negó.

Rojas fue una de las grandes figuras del San Pablo brasileño, donde atajó y luego pasó a desempeñarse como entrenador de arqueros, hasta que hace unos meses fue despedido.