Les Luthiers reafirmó su efectividad

El quinteto, que se presentó en el Gran Rex, demostró que a pesar del paso de los años sigue teniendo una gran calidad artística

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"Los premios Mastropiero", recién estrenado en el teatro Gran Rex, es el primer espectáculo autónomo -no antológico- del conjunto de instrumentos informales Les Luthiers desde 1999 y reafirma la efectividad del grupo, su permanente comunión con el público y la perennidad de recursos humorísticos en apariencia simples que sin embargo tienen base en la enorme calidad artística de los oficiantes.

En la oportunidad, el quinteto integrado por Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Carlos López Puccio, Jorge Maronna y Carlos Núñez Cortez organiza su show como una entrega de premios a la TV, el teatro y el cine con toda la pompa y la banalidad de los originales.

Así, los presentadores Rabinovich y Mundstock premian recurrentemente a un único personaje -luego se sabrá por qué-, a candidatos improbables o absurdos y al dirimir cuál es "el programa más original de la televisión" encuentran el sobre vacío.

El rito, en el que cada uno de los participantes tiene sus momentos de brillo y aplausos, se mezcla con las imprescindibles intervenciones musicales que Les Luthiers sortean con virtuosismo sobre todo cuando ejecutan sus imaginativos instrumentos sonoros.

También las letras tienen lo acostumbrado, ese tono entre zumbón e ingenuo, con propensión a los juegos de palabras en que se nota la traza del colaborador creativo Roberto Fontanarrosa, y que hace que para ciertos espectadores cada show sea una cita con la dicha.

Entre los temas a festejar figuran "El desdén de Desdémona" (madrigal caribeño), "Ya no te amo, Raúl" ("bolera" que Rabinovich debe traducir al masculino, ya que fue escrita para una mujer), "Ella me engaña con otro" y "Juana Isabel" (canción con forma de merengue).

En todos ellos hay destellos de conocimiento musical, comunicación con la platea y recursos humorísticos de peculiar llaneza, que no necesitan del trazo grueso para sugerir algunos atrevidos procederes (adulterio, sexo múltiple).

También provoca estruendosas carcajadas la comedia musical infantil "Valdemar y el hechicero", con López Puccio y Rabinovich en esos personajes, pero se estira en demasía y puede resultar confusa. Hay un gesto infantil del segundo que la rescata.

Pese a ser un espectáculo nuevo, Rabinovich y Mundstock repiten el formidable sketch sobre la palabra "merengue", que data de "Les Luthiers unen canto con humor" (1994), que el primero refiere al postre con huevo y el segundo al baile caribeño.

El resultado es impecable porque los dos intérpretes -que recuerdan la "química" de los uruguayos Ricardo Espalter y Andrés Redondo en los 60- se complementan a las mil maravillas con la aparente estolidez de Rabinovich y la gestualidad apabullante de Mundstock.

Ambos cantantes-músicos-actores ratifican el claro liderazgo que ejercen sobre el conjunto, pero es evidente que el apoyo ofrecido por el trío restante es indispensable, ya que cada uno se ha ganado con el tiempo y los shows un perfil reconocible.

Quizá "Los premios Mastropiero" no sea el mejor espectáculo en las casi cuatro décadas del grupo, pero contiene igualmente dosis de solvencia artística apreciables y una permanente búsqueda de lo que puede ser la belleza en un escenario.

Ejemplo de ello es el "bis" o "yapa" que el público espera ansioso tras la despedida, y que en esta oportunidad es otra ejecución pre jazzística al estilo de "Miss Lilly Higgins Sings Shimmy in Mississippi's Spring" o "Doctor Bob Gordon Shops Hot Dogs From Boston".

Esta vez la vocal elegida es la "e" y no figura en el programa de mano. El prólogo verbal a cargo de Mundstock, los caprichos del compositor en cuanto a los instrumentos y la ejecución del tema fueron, sin duda, lo mejor de la noche.