Son voluntarios extranjeros que tienen otra perspectiva de la globalización, dice el Washington Post. No es el destino usual de las vacaciones, advierte a sus lectores, porque está escondido entre casillas de ladrillo hueco, en calles de barro. El alojamiento consta de un catre en un cuarto frío, y pasan los días trabajando sin que les paguen en una panadería de barrio, o marchando en protestas callejeras.
Para los cientos de jóvenes norteamericanos y europeos activistas, dice el diario, la nueva manera de pasar el receso de verano es vivir y trabajar con los "Argentina's piqueteros or picketers", que son grupos que marchan en protestas y llenan las calles de varias ciudades argentinas, sobre todo, desde el colapso económico de 2001, define.
El diario cuenta acerca de Tim Stallmann, que aparece en la foto (Silvina Frydlewsky para el Washington Post), "un estudiante de Raleigh, Carolina del Norte, que está como voluntario en la panadería piquetera en La Matanza, en las afueras de Buenos Aires".
En un vecinario con población de escasos recursos, los visitantes en edad escolar dicen que la globalización es más que un vago concepto que criticar desde el extranjero, afirma el diario, y quizás sea por eso que se movilizan por este tipo de turismo. Aquí en la Argentina, dicen, causó problemas reales y despertó soluciones creativas.
"En los Estados Unidos podrás tener una gran protesta de 200.000 personas en Washington, y todo mejora. Pero oí que aquí en la Argentina es diferente, por eso vine", dice Tessa Lee, de 20, estudiante de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill.
Desde la crisis de 2001, según el diario, muchos activistas en la Argentina culpan a las políticas económicas de los EE.UU. Sin embargo, algunos grupos de origen piquetero se las arreglaron para dejar las calles y trabajar.
El diario, por caso, cita al Movimiento de Trabajadores Desempleados, en La Matanza, que tiene un programa de "turismo receptivo" que invita a visitantes extranjeros a ser voluntarios en su panadería, en su jardín de infantes y talleres de costura, todos agrupados en un vecindario.
El costo del "viaje piquetero" es de u$s150, más u$s12 diarios por alojamiento y comida. Los organizadores tienen de 50 a 60 visitantes por noche, además de los muchos que se paran para comprar y visitar el lugar sin quedarse.
Trabajan con universidades y compañías de viajes que se especializan en "reality tours", algo así como viajes "reales" que muestren la verdadera cara de los países, lo que normalmente las guías de viajeros no mencionan.
Los piqueteros no ven fronteras en su negocio, en tanto, pues han dicho que esperan convertirse en un movimiento internacional para visitantes activistas. "Vienen a aprender", explicó Vilma Anzoátegui, de 20, que trabaja en el Jardín de Infantes y que también coordina el programa. "Esta semana tenemos tres que duermen aquí, y tres más que vienen de día", señala a modo de ejemplo.
"Para los visitantes, la Argentina provee el lente perfecto para analizar los efectos dañinos de la globalización", afirma el diario, pues cuando la economía implosionó, millones de personas fueron desplazadas al desempleo y la pobreza, y debieron arreglárselas solos, afirma.
El diario recoge la historia económica reciente de la Argentina, desde la hiperinflación, la apertura en los noventa y el modelo internacional de beneficios de la economía globalizada en que se convirtió. Pero luego habla del colapso que inmediatamente transformó al país "en un símbolo de sus propios fracasos, especialmente entre los activistas, que se oponen a las políticas restrictivas de instituciones como el FMI y el Banco Mundial".
Es citado por el diario Medea Benjamin, director del grupo Global Exchange, que admitió que la filosofía comunal que impulsa a grupos como los de La Matanza apela cada vez más a los jóvenes norteamericanos que se anotan para los "tours reales" que el grupo organiza."Era difícil que la gente fuera a Latinoamérica", dice Benjamin. "Pero ahora está prosperando", añade, y recuerda la gran masa de norteamericanos que votó en contra de Bush como el target principal de este tipo de turismo.
Durante su estadía, los visitantes acompañan las protestas callejeras. "Cuando a la gente se la deja sin opciones, son muy creativos", dice Tim, de 21. "La crisis de aquí fue causada por lo malo de la globalización, pero reconocemos que también hay un lado bueno: está haciendo cosas maravillosas para los movimientos sociales, por ejemplo", dijo el turista.
Stallmann es uno de los tres que duermen en el cuarto de La Matanza. Dicen que decidieron venir luego de escuchar una conferencia en la universidad sobre los movimientos sociales, y dos canadienses les hacen compañía.
Los turistas dicen que admiran la tenacidad de los piqueteros, pero también dicen haber aprendido los límites de la protesta: "Para mí, el mensaje es 'dejen la pancarta a un lado y pónganse a trabajar", expresó Garry Fry, de 56, un contador americano que visita el lugar.
"La Matanza group", como se definen los piqueteros que promueven el "reality tour", enfatiza que el trabajo que hacen es ético y además que tratan de disuadir a los desempleados de aceptar los planes Jefas y Jefes de Hogar de "u$s50 por mes" para cada familia.
Cuando el joven Tim vuelva a los Estados Unidos el mes que viene, la experiencia de haber conocido gente que piensa como él le habrá encantado, pero también vivió como miles viven en circunstancias diferentes. Eso, dicen, es la gasolina de su activismo.
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