Mafalda y yo

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Mafalda y yo

 

Le pusieron Joaquín, como su tío. Para diferenciarlos, al niño lo apodaron Quino.



Por culpa de ese apodo de fama mundial es que nadie ?tal vez sólo su mamá-, sabe que se llama Joaquín Salvador Lavado.



Hijo de inmigrantes españoles que llegaron a la ciudad de Mendoza, Argentina, nació en 1932. Según cuentan, desde muy joven demostró habilidades para dibujar.



De sus padres y tíos, especialmente de su abuela, recibió una gran herencia.



A ellos se debe, en gran parte, el contenido político de sus tiras, pues ?ya desde muy pequeño, cuando mis tíos venían a mi casa, presencié debates políticos, sobre todo cuando estaba mi abuela, que era comunista?, contó Quino la semana pasada en Barcelona, durante una charla previa a la inauguración de una muestra de su obra.



SU VIDA



A los trece años ingresó en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad natal para, poco después, abandonarla por su verdadera pasión: el dibujo de tiras cómicas con personajes propios.



En 1950, vendió su primera viñeta para una tienda de seda, pero no fue hasta cuatro años más tarde que el semanario Esto es, de Buenos Aires, le publicó su primera página de Humor Gráfico. ?Fue el día más feliz de mi vida?, asegura.



A partir de ese momento, Quino empezaría una carrera vertiginosa como dibujante cómico que le llevaría a convertirse en un artista de referencia para sus contemporáneos y las generaciones posteriores, recibiendo por ello numerosos premios en reconocimiento a su trabajo.



De este modo, el diseñador Mariscal, autor, entre otros, de la mascota de las Olimpiadas de Barcelona 92, señala que ?pocos como Quino pueden explicar tanto en tan poco espacio y, además, darle a su tira una tercera y cuarta lectura?.



SABOREAR LA FAMA



La fama le llegaría a Quino en 1964 de la mano de su personaje estrella: Mafalda.



Una niña cargada, en apariencia, de inocencia e ingenuidad, pero que sorprenderá a más de uno con sus inteligentes observaciones del mundo que le rodea.



Mafalda detesta la sopa, critica a Fidel Castro y pone en aprietos a su padre con preguntas como ?¿Me podés explicar lo que pasa en Vietnam?.



Sin embargo, el autor confiesa que empezó a dibujarla ?por un encargo de una agencia publicitaria que nunca llegó a salir a la luz?.



Diez años más tarde, el mundo de Mafalda dejaría de ilustrar sus viñetas. Según el dibujante, lo dejó por no hacer cada día lo mismo, aunque, aún así, ?todo lo que decía Mafalda entonces, lo sigo pensando, pero de forma diferente; se trata de coger las mismas ideas e irlas transformando a la vez que pintas las diferentes facetas del mundo que te rodea?.



Para Quino, no tiene sentido que le pregunten por una Mafalda adolescente o adulta pues ?Mafalda es un dibujo, no una persona?.



En cuanto a sus personajes, jura que ninguno de ellos es su alter ego, ni tampoco ninguno de ellos pretende retratar su mundo particular.


Sin embargo, sí acepta estar ?orgulloso de ser tan Manolito? en sus ideas, algo que ?siempre me ha encantado?.



(Manolito es el más tonto de los personajes aunque posee una capacidad innata para los negocios).



DIBUJAR PARA TODOS



El ilustrador comenta que muchas veces recibe cartas de admiradores pidiéndole dibujos inéditos y únicos, algo que no le gusta pues ?lo bonito de la literatura, del arte, del dibujo, es dar a muchos lo mismo, hacer las cosas para todos. Por eso yo dibujo para todos, porque no me gusta dibujar para unos pocos?.



Eso de dibujar para todos también conlleva sus riesgos y puede convertirse en una de las mayores frustraciones de un artista como Quino.



Tal y como señala, ?te frustra mucho que no entiendan lo que quieres decir o que entiendan lo contrario?, ya que puede ser que muchos no capten bien el mensaje oculto tras las risas.



La irrupción del color en el mundo editorial no cambió la visión de Quino sobre el mundo y sus personajes. Él, a pesar de todo, continuó y continúa ilustrando sus historietas cómicas en riguroso blanco y negro.



SECRETOS DE BUEN DIBUJANTE



Quino destapó uno de sus grandes secretos en su reciente viaje a Barcelona: cómo diseña y dibuja sus tiras humorísticas.



Primero, pinta a lápiz y luego a tinta y, después de borrar muchísimo, crea cada uno de sus personajes y las escenas de sus historietas.



El artista asegura que se lo piensa mucho ?antes de pasar a tinta, porque ya es el resultado final?.



Asimismo destaca que, antes de ponerse manos a la obra, lee las noticias del día para estar al corriente de la actualidad y para ?empezar a procesar las ideas?, por lo que necesita ?unas cuatro horas para pensar la idea y tres más para dibujarla?.



A día de hoy, público, crítica y compañeros de profesión aseguran que la joven Mafalda y las numerosas historietas cómicas creadas por Quino han marcado una época y una generación.



En él reconocen que ha tenido la genialidad de crear un mundo imaginario con identidad propia y, ante todo, un mundo de adultos visto con ojos de niño.