Las multinacionales pierden la pelea por las marcas

Las compañías mundiales no suelen protegerse legalmente en las 45 variantes que agrupa el nomenclador. El conflicto demanda años y se resuelve en Tribunales

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Hace menos de un mes la cordobesa Arcor anunció que lanzará una línea de jugos marca Yahoo. La firma de la familia Pagani sostiene que no se trata de una copia del dominio del portal norteamericano porque Arcor tiene registrada la marca en la Argentina e incluso ya distribuye caramelos bajo esa denominación. Por Yahoo, el estudio jurídico que los asesora en la Argentina (Allende & Brea) prefiere guardar silencio.

El tema podría no llegar a tribunales, pero desnuda un problema que preocupa a las empresas: cómo proteger sus marcas.

Las mamparas de baño Christian Dior no duraron mucho en el mercado, pero quedaron en la historia del derecho de marcas.

La firma Mampar S.A. solicitó el registro de la marca Dior en la Argentina para sus mamparas. La marca de la firma francesa estaba registrada en otras clases del nomenclador legal (son cuarenta y cinco en total), pero no en la clase que incluía las mamparas. Por eso, además de oponerse a la solicitud, registró la marca en la misma clase y acudió a la Justicia reclamando la nulidad de la solicitud y la cesación de uso de la marca. La Justicia falló en favor de la firma francesa que, sin embargo, debió litigar durante varios años para defender su propia marca.

El caso Dior expone las debilidades del sistema marcario argentino, que permite que cualquier persona registre una de las llamadas ?marcas notorias? a su nombre sin necesidad de probar que es su ?verdadero dueño?.

Dos elementos juegan en favor del peticionante: la Ley de Marcas no establece con claridad qué se entiende por ?marca notoria?, término que modelaron los fallos judiciales y los especialistas, y la Dirección Nacional de Marcas no tiene una base de datos de las registradas en otros países, por lo que no se contempla a la hora de evaluar una solicitud.

El trámite de registro es sencillo. Basta con detectar en cuál de las cuarenta y cinco clases del nomenclador no está registrada la marca en cuestión, presentar la documentación requerida y desembolsar unos $500 (lo que cuesta en promedio registrar una marca). Una vez presentada la solicitud, le tocará al verdadero dueño revertir la situación, ante la autoridad administrativa y ante la Justicia.

Por ejemplo, Chrysler, además de identificar automóviles, podría ser marca de instrumentos de música o materiales de construcción, rubros en los cuales la empresa no estaría registrada. Calvin Klein podría ser marca de juguetes y artículos de gimnasia. Y otras marcas famosas de bebidas o cigarrillos bien podrían aparecer en dentífricos, desodorantes u otro tipo de cosméticos.

Las firmas extranjeras, por un tema cultural, suelen registrar su marca sólo en la clase que corresponde a los rubros que van a explotar. Una excepción la constituye la multinacional Sony, que registró la marca en las cuarenta y cinco clases del nomenclador, desde hilos hasta productos veterinarios, aunque el fuerte de la firma está en la electrónica.

María del Carmen Bourdin