Cuando a ellos les ?duele la cabeza?

El estrés, la sobreocupación y el avance de la mujer en tanto terreno a algunos los amedrenta. Esta inversión de roles históricamente forjados es tendencia cada vez más común. ¿Será que las mujeres tienen más ganas que ellos, ahora?

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Un derecho conseguido con la igualdad de los sexos o una excusa para encubrir desamor. Una tendencia o, simplemente, que los varones se hartaron de ser máquinas sexuales. La realidad es que el estrés y el ritmo de vida en estos tiempos convirtieron al sexo en un lujo, un bien precio que siempre puede esperar.

En pocos años, la cantidad de mujeres que consultaron a sexólogos por este tema subió de un 20 a un 40 por ciento. Por un lado, la desesperanza de las que añoran un tiempo en que las noches de amor con la pareja eran más frecuentes. Por otro, la voz de los que defienden su derecho a elegir no sólo el cuándo, sino dónde y cómo tener relaciones.

?El crecimiento del varón implica que no se siente obligado a responder a los deseos de la mujer- Ellos se han apropiado de sus cuerpos y sentimientos. No porque una mujer los mire se sienten obligados a ser boy scouts?, sostiene Lidia Lerer, sexóloga.

En esta agua difíciles de dividir a rajatabla, conviven tradicionales exponentes del macho insaciable, mujeres de la misma cepa, y una nueva vos que se oye: la de muchos hombres que se animaron a decir ?Esta noche, no?.

?Mejor mañana, ¿si??

Las causas de por qué un hombre rompe con el viejo papel de iniciador sexual no son demasiadas, pero pueden combinarse de tantas formas como parejas existen. Bien se sabe que en temas de alcoba el único pecado es generalizar. Pero ciertamente los problemas económicos, sociales y políticos influyen más de lo que se cree. Porque, contrariamente a lo que se suele decir, el deseo es mental. En un trabajo científico argentino sobre el deseo sexual inhibido, se señala que ?el exceso de trabajo y el cansancio alejan cada vez más de la sexualidad. Ocupados en problemas inmediatos, no quedan espacios para pensamientos sexuales. Se perdieron los tiempos y rituales imprescindibles para el deseo, motor de la excitación?.
?Vamos a dormir que estoy muerto? no es un cuento de terror. Es una historia con la que conviven parejas entre las que no necesariamente se terminó el amor, pero sí son aquellas en que se debe recrear el espacio íntimo.
Las excusas pueden seguir: si bien la peor de todas es el silencio sepulcral o los ronquidos de ese cuerpo desplomado a nuestro lado, hay frases horribles como ?Hoy tuve un tía tremendo?, ?Estoy muy cansado?, ?Tuve mil presiones encima?, ?Me duele la cabeza?, ?Me recalqué el fémur jugando al squash? y sus variantes. El asunto es que el sexo es el último en la lista de todas las ?obligaciones del tiempo libre?.

Círculo vicioso
?Si no tengo ganas, digo que estoy ocupado con otra cosa. Porque si no tenés ganas es porque estás usando la mente y la energía para algo que te preocupa mucho?, testimonia Pablo R., fotógrafo de 34 años.
La sexualidad involucra a la persona como una mente, un cuerpo y un alma que yacen en la cama. Por eso, no es puede desconocer la calidad de vida que lleve, más allá del vínculo.
El organismo con estrés no fabrica endorfinas, las responsables del estado de ánimo, que se segregan, entre otras cosas, al hacer el amor. Sumado a las pocas horas de sueño, la cantidad de estos componentes disminuye y entonces aparecen esos estados de apatía e indiferencia que acaban, con el tiempo, al más fogoso de los amantes.
Además, atención fumadores. Según el sexólogo Juan Carlos Kusnetzoff, ?uno de los principales factores que influyen en la sexualidad masculina es el tabaco. Consumiendo más de 10 cigarrillos por día, la circulación en general, y por ende la peneana, se ve afectada. El varón dice que va a dejar de fumar, pero no cumple?.
Las mujeres que descrean de sus hombres cuando aducen ?cansancio? no podrán hacer otra cosa que aceptar que puede ser bien cierto. Que el estrés hace que sólo con empeño, paciencia y un poco de magia olvidada sea posible en estos días hacer el amor.

Sazón de poder
?Con Sol era lindo, hasta que me dijo que no tenía orgasmos y me obsesioné para satisfacerla. Un día me dijo que quería que fuéramos en ese instante a la cama. Respondí que me dolía la panza, porque en ese momento me di cuenta de que tanta presión me había quitado las ganas?, cuenta Lucas R., de 37.
Existe un tipo de hombres a quienes les cuesta aceptar a las mujeres que tienen un buen empleo, que son atractivas que además están más dispuestas a tener relaciones sexuales que ellos. La psicóloga Beatriz Goldberg dice que ?esto los inhibe a la hora de hacer el amor porque se asustan de las mujeres independientes y se da porque, en la cama, siempre está el poder?.
?El hombre compite con la mujer, y quiere ganar más dinero, tener un mejor trabajo y ser el mejor en la cama. Si ella es todo eso, se siente menoscabado?, explica Goldberg.
Aunque en amores plenos esto no ocurra tan categóricamente, el factor poder siempre condimenta las sábanas.
También puede ocurrir que los fracasos en algún momento de la vida, con esa pareja u otra, provoquen en ellos miedo a no satisfacer a la mujer, miedo al rechazo o al abandono. Que lo admitan, es harina de otro costal, pero al menos es bueno saber qué hilos psicológicos se mueven en la inmovilidad nocturna del amado.
El deseo inhibido, las fobias sexuales y la tendencia a una aversión al sexo son disfunciones donde el ?estoy filtrado? puede esconder sensaciones como palpitaciones, deseos de fuga, transpiración y hasta ataques de pánico. Estos síntomas, aparentemente ?graves?, son causados por cuestiones tan simples como los reclamos de la mujer.

¿Una cuestión de amor?
?He llegado a sentirme un asco porque él parecía no necesitar hacer el amor. Fue sólo en vacaciones que estuvo lo suficientemente distendido como para hacerlo seguido. Me apena, porque estamos muy enamorados?, asegura Cecilia M., de 45.
Quizás no sea que los hombres ahora tienen menos ganas que antes, sino que las mujeres empezaron a pedir.
?El hombre propone y la mujer dispone? ya es un dicho obsoleto que quedó guardado en algún hogar con costumbres jurasicas. Hoy día, tomar la iniciativa es un derecho que se comparte. Progresivamente, desde la aparición de los anticonceptivos, ellas fueron ganando terreno en lo sexual. Empezaron a registrar qué más les gustaba en todo sentido, y han aprendido a pedirlo. En ese orden, el hombre se vio más solicitado y tuvo entonces el momento para preguntarse: ?¿Tengo ganas hoy?
Sin embargo, no muchas mujeres aceptan que les digan que no. Es la idea de hombre clásica y machista lo que reclaman, y en estos casos aparecen las dudas de si ellas serán deseadas, o si es que hay otra, o si es que el amor ha muerto como un potus sin agua. ?Hay mujeres que insisten, se ponen muy reprochadoras y agresivas, y piensan que el compañero tiene otra o no las ama, cuando en verdad son otras cosas?, dice Kusnetzoff. Por más que se den recetas y consejos, la respuesta está en el seno de cada pareja. Hay quienes dicen que la infidelidad quita ganas de hacerlo ?en casa?, e incluso los que afirman que un hombre siempre tiene ganas cuando ama. Menos exitista, la realidad parece ser otra: demuestra que hasta los grandes amores, a veces, pasan por épocas de alcoba fría por voluntad del hombre.

Geishas en acción
?Me gustaría tener más ganas, porque al hacerlo descubro lo maravilloso que es. Pero no me puedo obligar. El tener siempre ganas tiene cierto tinte de convención machista?, dijo Rafael, profesor universitario de 30.
El ?siempre listo? es un tipo de hombre no extinto, sin embargo, pero se toma vacaciones. Mejor dicho, tiene permiso para hacerlo. No obstante, este hombre más ?sensible? y más atento a sus necesidades pasivas puede resentir un vínculo incluso hasta destruirlo, sin que sea su intención, cuando no se lleva bien el asunto. Cuando, en cambio, el repliegue varonil acaece a una pareja fluidamente comunicada y amorosa, se sobrelleva con algunos condimentos.
Romper con el mito es un shock tanto para ellas como para ellos, y a muchos los embarga un profundo sentimiento de frustración. Es que, quieran o no, el supermacho los mira de reojo.
Pero, como dice Hugo Finkelstein, psicólogo, ?hay que ponerle palabras a la mesa, calor al hogar y caricias al lecho?.
La intimidad es un cruce de coordenadas de espacio y tiempo que no se ciñe a la habitación. Cuando ocurre, significa cerrar las puertas al exterior, tomarse y registrar las manos mutuamente, o tener cualquier gesto de cercanía como un abrazo, una caricia o un beso.

La intimidad es una cena a solas, es una charla. Es preguntar qué te gusta y cómo te gusta y darle rienda suelta a la imaginación e la que una mujer sea capaz. Es ponerle palabras a los silencios de tantas noches de espalda con espalda, sin presiones ni peticiones de ?rendimiento? ni de ?atletismo orgásmico?.

Más allá de los chicos en el cuarto de al lado, de las horas de trabajo, de las presiones, del dinero que se escapa, tomarse de las manos es tomarse de las manos. Sólo es un asunto de dar tiempo y permiso desde el amor. Superman no existe, pero tampoco existen hombres que no puedan contra el síndrome nunca eterno del dolor de cabeza.

V. Ayala