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Los crucigramas pueden ayudar a mantener activas varias funciones cognitivas

Resolver pistas y completar una grilla exige recuperar vocabulario, usar conocimientos previos y orientarse en dos direcciones, según una especialista de Columbia

La neuropsicóloga Elise Caccappolo afirmó que los crucigramas contribuyen a mantener activas diversas funciones mentales con los años (Imagen Ilustrativa Infobae)

Resolver un crucigrama puede parecer una pausa cotidiana, pero el ejercicio involucra varias funciones mentales al mismo tiempo. Según explicó la neuropsicóloga Elise Caccappolo, de la Universidad de Columbia, esta actividad puede ayudar a mantener activa la mente con el paso de los años, siempre que forme parte de hábitos sostenidos de cuidado de la salud.

La especialista, directora del Servicio de Neuropsicología de Columbia University Irving Medical Center, señaló a Prevention que los crucigramas exigen recuperar palabras, interpretar pistas y comprobar si cada respuesta encaja con las demás. Esa combinación los diferencia de otros pasatiempos que entrenan procesos más específicos.

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Los crucigramas exigen memoria, lenguaje y orientación espacial

Al enfrentarse a una definición, quien resuelve un crucigrama debe buscar en su vocabulario mental hasta encontrar el término adecuado. El mecanismo se parece al esfuerzo por recordar el nombre de una persona conocida o un dato que no aparece de inmediato, indicó Caccappolo.

Las pistas más complejas agregan nuevas demandas. No alcanza con pensar una posible respuesta: hay que verificar que coincida con la cantidad de casilleros disponibles y con las palabras que se cruzan en sentido horizontal y vertical. Ese proceso estimula la fluidez verbal, es decir, la capacidad para encontrar y seleccionar palabras de manera eficiente.

La resolución de crucigramas estimula la fluidez verbal al exigir la búsqueda de palabras y su encaje preciso en la grilla (Imagen Ilustrativa Infobae)

También entra en juego la memoria semántica, que reúne conocimientos adquiridos a lo largo de la vida. Referencias a canciones, películas, literatura, geografía o hechos históricos obligan a recuperar información almacenada durante años y a relacionarla con la pista presentada.

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A esto se suma el componente visual. A diferencia de la lectura tradicional, que suele avanzar de izquierda a derecha, una grilla requiere desplazarse en varias direcciones y ubicar respuestas dentro de un espacio limitado. La neuropsicóloga destacó que ese ejercicio activa el procesamiento visoespacial, una función cognitiva que puede ralentizarse con la edad.

El sudoku trabaja la planificación y la resolución de problemas

Los crucigramas no son la única opción para quienes buscan incorporar desafíos mentales a su rutina. Los sudokus y otros acertijos de lógica plantean una exigencia distinta: ordenar números o símbolos bajo reglas determinadas, anticipar combinaciones y descartar alternativas incorrectas.

En el sudoku, el objetivo consiste en completar filas, columnas y bloques con dígitos del 1 al 9 sin repetirlos. Este tipo de tarea activa habilidades conocidas como funciones ejecutivas, vinculadas con la planificación, la organización, la atención, la memoria de trabajo y la resolución de problemas.

La diferencia principal está en el tipo de recursos que utiliza cada pasatiempo. Mientras los crucigramas apelan con fuerza al lenguaje, la cultura general y la orientación en la grilla, los juegos de lógica dependen más del razonamiento secuencial y de la capacidad para detectar patrones.

El sudoku y los juegos de lógica activan funciones ejecutivas vinculadas a la planificación y la resolución de problemas (Foto: Freepik)

Por eso, la elección puede responder a las preferencias de cada persona. Alguien que disfruta de las palabras puede sentirse más cómodo con crucigramas, sopas de letras o juegos como Wordle. Quienes prefieren los números o las reglas pueden inclinarse por sudokus, rompecabezas matemáticos o desafíos de deducción.

La frecuencia importa más que el tipo de rompecabezas

Para Caccappolo, el aspecto central no es definir cuál es el “mejor” pasatiempo, sino sostener una práctica que resulte atractiva y pueda repetirse con regularidad. La continuidad permite convertir el desafío intelectual en parte de una rutina, en lugar de reservarlo para ocasiones aisladas.

La experta recomendó los acertijos a sus pacientes porque pueden ser una actividad recreativa y una forma de aliviar el estrés. Sin embargo, aclaró el enfoque de fondo: los juegos mentales integran un conjunto más amplio de conductas asociadas al cuidado del cerebro y al envejecimiento saludable.

La constancia en la realización de juegos mentales resulta clave para convertirlos en un hábito beneficioso contra el estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

La práctica de actividad física, una alimentación variada, el control de enfermedades crónicas y el mantenimiento de vínculos sociales forman parte de ese marco. El aislamiento, por ejemplo, se ha vinculado con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

Los rompecabezas no reemplazan la atención médica ni constituyen una garantía frente a enfermedades neurodegenerativas. Su aporte se relaciona con mantener la mente activa mediante actividades que requieren concentración, memoria y toma de decisiones.

En ese sentido, una grilla de crucigrama, un lápiz y algunos minutos diarios pueden convertirse en un espacio regular para ejercitar capacidades cognitivas, sin perder el componente recreativo que favorece la constancia.

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