El ritual de cuatro pasos para combatir el frizz en pocos días

La estrategia plantea una secuencia doméstica que prioriza suavidad y brillo, con productos aplicados por tramos y un final con secador, orientado a reducir el encrespamiento cuando el clima complica el peinado

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El control del frizz gana protagonismo en las rutinas de cuidado capilar. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El control del encrespamiento se ha convertido en una preocupación habitual del cuidado capilar, según Vogue, que sitúa el interés por dominar el frizz en 1.505% más que el año anterior. La búsqueda, según la publicación, ya no se limita a un acabado pulido, sino que apunta a un cabello sano, nutrido y brillante.

“Antes, el foco estaba en el resultado visual; ahora está en el proceso, en la salud del cabello y en cómo mantener ese resultado”, explica Miguel Bling, director creativo de You Glow Salón, citado por el medio. A partir de esa idea, la publicación describe un ritual de cuatro pasos para regenerar la fibra capilar y prolongar la suavidad en casa.

Diversos estudios respaldan la importancia de una rutina capilar estructurada para mantener la salud del cabello. La Academia Americana de Dermatología (AAD) señala que la limpieza suave, la hidratación adecuada y la protección frente al calor son medidas esenciales para preservar la integridad de la fibra capilar y prevenir el daño causado por agentes externos.

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1. Preparación de la fibra

La limpieza suave funciona como base para un pelo más manejable. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El primer paso consiste en un doble lavado con un shampoo sin sulfatos y con pH neutro. Según recoge el medio citado, esa fase limpia en profundidad y, gracias a la taurina de la fórmula, empieza a preparar la fibra capilar para los pasos posteriores.

El gesto cobra más sentido en verano, cuando el cabello acumula cloro, sal, restos de productos de peinado y otras impurezas. La preparación previa aparece como la base del tratamiento.

2. Tratamiento intensivo

Las fórmulas con proteínas y aminoácidos apuntan a mejorar la resistencia. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La segunda fase se apoya en un tratamiento de uso semanal formulado con Keratin-Alpha y cadenas de aminoácidos. El texto le atribuye una promesa de hasta dos semanas o 10 lavados de suavidad y control del encrespamiento.

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La aplicación exige agitar el producto, dividir el cabello en secciones y repartirlo de raíz a puntas. Después debe actuar entre 10 y 15 minutos antes del aclarado.

En los lavados en los que no se use ese tratamiento semanal, la rutina se completa con una mascarilla de la misma línea. Su función es aportar nutrición y suavidad tras unos cinco minutos antes de retirarla por completo.

3. Sellado y protección

La protección térmica se vuelve clave para evitar daño acumulado. (Imagen Ilustrativa Infobae)

En el tercer paso entra en juego un sérum aplicado de medios a puntas para preparar el cabello antes del peinado. Bling precisa que bastan entre dos y cuatro pulsaciones en cabellos finos y entre seis y ocho en los más gruesos.

De acuerdo con la explicación recogida por el medio, el producto sella la estructura de la queratina para aportar suavidad y controlar el volumen. También actúa frente a la humedad (incluso con 80%), y ofrece protección térmica de hasta 230 ℃.

Investigaciones publicadas en el International Journal of Trichology confirman que el uso de productos con proteínas, aminoácidos y protectores térmicos puede reducir la rotura y mejorar la resistencia del cabello al frizz, especialmente en climas húmedos. Estos hallazgos refuerzan el valor de incorporar ingredientes activos y barreras contra el calor en las rutinas diarias.

4. Activación con calor

El calor controlado potencia el efecto de una rutina constante (Imagen ilustrativa Infobae)

La última fase consiste en potenciar el tratamiento con calor. Tras aplicar el sérum, el cabello se desenreda primero de medios a puntas y después desde la raíz para reducir la rotura, antes de secarlo por completo con secador.

El cierre ideal, señala el texto, pasa por una plancha a una temperatura mínima de 210 ℃ para maximizar el resultado. La experiencia relatada prescindió de ese paso final por falta de tiempo, aunque el efecto siguió visible.