Observar el atardecer: cómo un ritual holandés promete transformar el bienestar y mejorar la calidad de vida

La recuperación de esta antigua costumbre neerlandesa invita a detenerse y contemplar la transición entre el día y la noche, despertando interrogantes sobre sus efectos en el descanso y la salud emocional

El ritual holandés invita a contemplar en silencio la transición del día a la noche, reforzando la conexión con la naturaleza y la calma interior (Imagen Ilustrativa Infobae)

La tradición holandesa de observar el atardecer, conocida como schemeren, ha resurgido en los últimos años gracias al impulso de la escritora y poeta Marjolijn van Heemstra. Inspirada por los recuerdos de una mujer mayor durante un paseo nocturno en Ámsterdam, la autora comenzó a investigar esta costumbre, que durante generaciones marcó el final de la jornada en familias campesinas de los Países Bajos.

Diversos artículos de prensa de los siglos XX y XVIII dan cuenta de la práctica, que consistía en reunirse al atardecer para contemplar en silencio cómo el día se transformaba en noche, antes de encender una vela y cenar. La aceleración de la vida moderna durante las décadas de 1960 y 1970 llevó a la desaparición del ritual, aunque expertos ya advertían en ese entonces sobre el riesgo de olvido. Van Heemstra decidió recuperar este sencillo acto y organizar eventos públicos, primero en los Países Bajos y luego en otros países europeos, animando a las personas a reconectar con el mundo natural a través de la quietud y la observación del anochecer.

¿En qué consiste el ritual holandés?

Se trata de una práctica sencilla que invita a detenerse y observar, en silencio, la transición del día a la noche. Van Heemstra, principal promotora de la recuperación de esta antigua tradición, explica que alcanza con sentarse (solo o en compañía) y fijar la vista en un punto del paisaje, como un árbol o el horizonte, mientras la luz se desvanece poco a poco. Incluso, no es necesario buscar un entorno natural espectacular: una silla y una buena vista son suficientes, ya sea en el jardín, en la ciudad o en el campo.

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El acto consiste en permanecer atento a los cambios sutiles del entorno: cómo los contornos se difuminan, los colores se apagan y los sonidos diurnos dan paso al silencio o a la fauna nocturna. Expertos recomiendan no distraerse con dispositivos electrónicos ni moverse; el objetivo es concentrarse en el mundo exterior y presenciar el instante en que la noche reemplaza al día.

Expertos advierten que el abandono del ritual schemeren impactó en la vida moderna, alejando a las personas de los ritmos naturales y la oscuridad (Imagen Ilustrativa Infobae)

La escritora realiza habitualmente sesiones guiadas, en donde sugiere elegir un elemento fijo del paisaje y observarlo mientras desaparece en la penumbra. La experiencia puede ser individual, pero en los Países Bajos y otros países europeos se están organizando encuentros colectivos para compartir la quietud del momento y reforzar el vínculo comunitario, indica la BBC. Al finalizar, algunos participantes describen una sensación de profunda calma y conexión con la naturaleza.

El ritual no requiere preparación especial ni objetos costosos. Solo se necesita disposición para dedicar unos minutos a mirar hacia afuera, aceptar la llegada de la oscuridad y dejar de lado la productividad. La práctica transforma el anochecer en una pausa consciente, permitiendo que las personas experimenten el mundo desde una perspectiva renovada y menos apurada.

Evidencia científica del ritual holandés

Esta tradicional ceremonia holandesa y europea también está respaldada por investigaciones científicas que subrayan la importancia de la oscuridad y los ritmos naturales para la salud humana.

Un estudio del University College London en 2023 reveló que la exposición crónica a la luz artificial por la noche suprime la secreción de melatonina, una hormona esencial para la regulación del sueño. Esta alteración de los ritmos circadianos puede contribuir a trastornos del sueño, del estado de ánimo y de la salud mental, así como a problemas metabólicos como la obesidad, enfermedades cardiovasculares y dificultades en la fertilidad y la reproducción. El mismo estudio advierte que la falta de oscuridad afecta tanto la calidad del descanso como los procesos biológicos fundamentales.

Estudios científicos del University College London evidencian que la exposición a luz artificial por la noche altera la melatonina y afecta la salud mental y física (Imagen Ilustrativa Infobae)

Paralelamente, datos publicados en la revista Science en 2023 muestran que el brillo promedio del cielo nocturno a nivel global aumentó un 9,6% por año entre 2011 y 2022, lo que significa una disminución progresiva de la experiencia de la oscuridad natural en la vida cotidiana. Solo el 10% de las personas en el hemisferio occidental experimentan cielos realmente oscuros y libres de luz artificial, lo que ha llevado a una creciente conciencia sobre la necesidad de proteger estos espacios y restaurar la relación con la noche.

Asimismo, otra revisión, publicada en 2025, estudió el turismo regenerativo en reservas de cielo oscuro en el Reino Unido y cómo la participación en encuentros nocturnos favorece la conciencia ecológica y promueve prácticas sostenibles. Esta interacción fomenta no solo el aprecio por la naturaleza y la biodiversidad nocturna, sino también una mayor sensibilidad hacia la contaminación lumínica y el impacto ambiental de la vida moderna. Los resultados muestran que las actividades grupales en ambientes de oscuridad natural impulsan cambios de percepción y comportamientos proambientales.

La práctica del crepúsculo, al promover la observación atenta del anochecer y la reducción de la exposición a la luz artificial, se alinea con las recomendaciones científicas para favorecer el descanso y la salud mental. Testimonios recogidos en festivales de cielos oscuros y eventos organizados por Van Heemstra confirman que quienes incorporan este ritual experimentan mayor facilidad para relajarse, mejoran su percepción del entorno y desarrollan hábitos más conscientes en cuanto al uso de la luz en sus hogares y comunidades, recogen la BBC y The Guardian.

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