UPD y consumo de alcohol: 8 estrategias para que los padres acompañen sin dejar de poner límites

La celebración se consolidó como un ritual que marca el inicio del último año de secundaria y suele estar atravesada por el consumo de alcohol. Especialistas consultados por Infobae dieron herramientas para que las familias sostengan el diálogo, la prevención y los límites, sin caer en la prohibición ni en la indiferencia

El UPD, Último Primer Día, se instaló en la Argentina como ritual de cierre del ciclo escolar secundario

El Último Primer Día de clases (UPD) se instaló en la agenda de las familias argentinas como un ritual de alto impacto emocional y social. Aunque se presenta como una celebración de cierre de ciclo para los adolescentes, especialistas consultados por Infobae advierten que este evento suele estar atravesado por el consumo de alcohol y la exposición a riesgos que requieren una intervención adulta clara y sostenida.

El UPD funciona -según los expertos- “como un ritual de pasaje: marca el inicio del último año de secundaria y simboliza cierre de etapa, pertenencia al grupo y sensación de ´ya somos grandes´”.

Sin embargo, el médico psiquiatra y miembro del Departamento Infanto Juvenil de INECO Fabián Triskier (MN 75.680) analizó que ante la consulta de este medio que “la mayoría de los ritos de pasaje son diferentes en cada cultura pero en general fueron estructurados desde el mundo adulto”. “No es así en este caso en el que el mundo adulto es excluido por los adolescentes -diferenció-. El consumo desmedido de alcohol tendría un sentido transgresor fuera del control adulto, pero compartido con pares conjuntamente con los riesgos para la salud y la seguridad”.

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Qué representa el UPD para los adolescentes

El consumo de alcohol en el UPD responde a la búsqueda de pertenencia y a la presión del grupo de pares (Freepik)

El UPD funciona como un marcador simbólico de crecimiento, despedida y pertenencia grupal. El fenómeno, que se formalizó en la última década en la Argentina, tiene raíces en rituales previos, como la vuelta olímpica o las reuniones antes de la fiesta de egresados. Para la licenciada en Psicología especialista en crianza y orientación a padres y coautora de Adolescencia divino tesoro, Lorena Ruda (MN 44247), el festejo “es sinónimo de identidad grupal y pertenencia, de despedida y también es una marca simbólica de crecimiento”.

Según la médica pediatra especialista en Adolescencia, y secretaria del Comité de Adolescencia de Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) Julieta Nachajon (MN 115.695), el consumo de alcohol aparece porque “el grupo de pares juega un rol central en esta etapa” y muchas decisiones se toman para no quedar afuera.

Los especialistas coinciden en que el contexto social y cultural contribuye al consumo: “En nuestra sociedad, muchas celebraciones están asociadas al alcohol. No aparece de la nada en el UPD, se replica lo que los adultos hacemos en otros festejos”, señaló Nachajon. Además, destacó la idealización del “descontrol”, especialmente a través de redes sociales, donde se muestran escenas de excesos como si fueran parte esperable del festejo.

Los riesgos del consumo de alcohol en la adolescencia

El cerebro adolescente aún está en desarrollo y es especialmente vulnerable a los efectos del alcohol (Imagen Ilustrativa Infobae)

El consumo de alcohol en adolescentes implica riesgos específicos, en parte porque el cerebro y el cuerpo aún no finalizaron su desarrollo. De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), citada por Triskier, el cuerpo y el cerebro adolescente atraviesan una “ventana de vulnerabilidad biológica”.

La neuropsicóloga clínica, doctora en Neurociencias Teresa Torralva (MN 20.816) es directora del Departamento de Neuropsicología del Grupo INECO y explicó a Infobae: “La corteza prefrontal, que regula el juicio, el control de impulsos y la anticipación de consecuencias, no está completamente madura. Cuando un adolescente toma alcohol, no solo cambia su estado de ánimo: se altera el funcionamiento de un cerebro que aún se está organizando”.

En ese sentido, las consecuencias más frecuentes incluyen:

  • Intoxicación aguda, vómitos, pérdida de conciencia y deshidratación.
  • Mayor probabilidad de accidentes, caídas, peleas y lesiones.
  • Disminución del juicio, reflejos y capacidad para evaluar riesgos.
  • Aumento de conductas impulsivas y exposición a situaciones de peligro, incluidas las sexuales.
  • Mayor riesgo de dependencia temprana y enfermedades crónicas si el consumo se inicia a edades tempranas.

“La OPS pone especial énfasis en el Consumo Episódico Excesivo (CEE) o binge drinking (tal como se conoce al acto de ingerir grandes cantidades de alcohol en poco tiempo), común en adolescentes, que aumenta el riesgo de intoxicación aguda, conductas sexuales riesgosas y coma etílico“, señaló Triskier.

Señales de alerta: cuándo el consumo de alcohol es problemático

Los especialistas advierten que el consumo excesivo de alcohol en adolescentes puede generar intoxicaciones agudas y accidentes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Detectar a tiempo posibles consumos problemáticos resulta clave. Triskier enumeró los principales signos de alarma, en línea con los criterios de la SAP:

  • Cambios bruscos de carácter, irritabilidad, hostilidad o aislamiento.
  • Deterioro académico, ausentismo o cambio repentino de grupo de amigos.
  • Foco excesivo en eventos centrados en el consumo, como salidas nocturnas, “previas”, UPD o fiestas de egresados.
  • Trastornos del sueño y alimentación, signos de intoxicación o consumo a escondidas.

En este punto, coordinadora de la Secretaría de Medios y Relaciones Comunitarias de SAP y especialista en Pediatría y Adolescencia Ángela Nakab (MN 68.722) sumó: “Cuando aparecen mentiras reiteradas, conductas secretas, olor a alcohol, ojos enrojecidos o alteraciones del sueño, es necesario prestar atención. Si el consumo es reiterado, excesivo o se asocia a conductas de riesgo, buscar orientación profesional es fundamental”.

Estrategias para padres: acompañar sin dejar de poner límites

La comunicación abierta y la presencia adulta funcionan como factores protectores frente a las conductas de riesgo (Imagen Ilustrativa Infobae)

Los especialistas consultados por Infobae coincidieron en que el rol adulto es acompañar de manera activa, dialogar y establecer límites claros para que la celebración no se transforme en un riesgo.

En ese sentido, algunas de las estrategias que destacaron son:

  1. Conversar previamente sobre expectativas y riesgos. “Hablar antes, no en medio del conflicto. Conversar previamente sobre qué es el UPD, qué se espera del festejo y cuáles son los acuerdos”, recomendó Nachajon.
  2. Establecer límites claros y anticipados. Torralva subrayó la importancia de “acordar horarios de regreso, supervisar activamente si el encuentro es en una casa y dejar explícito que no está permitido conducir ni subir a un auto con alguien que haya tomado”.
  3. Supervisión activa y responsable. Ruda sugirió que, si la reunión es en una casa, los adultos deben estar presentes, controlar ingresos y egresos, asegurar comida y agua y regular la cantidad de alcohol disponible.
  4. Promover la comunicación abierta y sin juicio. “La comunicación es un factor protector central. Sabemos que aquellos adolescentes que pueden hablar abiertamente con sus padres sobre consumo y riesgos tienden a tomar decisiones más cuidadosas”, explicó Torralva.
  5. Fomentar acuerdos familiares. Ruda planteó la necesidad de “establecer reglas claras sobre las salidas y las consecuencias de su incumplimiento, preferentemente consensuadas de antemano”.
  6. Predicar con el ejemplo. “Es fundamental que los padres revisen su propio vínculo con el alcohol, especialmente si el hogar tiene una cultura de consumo excesivo”, sostuvo Triskier. A lo que Ruda sumó: Ellos nos están mirando mas que nunca y están pendientes si nosotros consumimos alcohol frecuente, cuando , en que contextos y en que medida".
  7. Asegurar medidas de reducción de riesgos. “Incentivar la hidratación, la alimentación previa y el cuidado entre pares; establecer un horario de regreso y verificar el estado de los hijos antes de que asistan a la escuela”, recomendó Ruda.
  8. Detectar señales de alerta y buscar ayuda profesional si es necesario. Nakab remarcó que “la intervención temprana cambia el pronóstico”.

Torralva resumió: “Los límites no arruinan la celebración; la hacen más segura. El adolescente puede enojarse en el momento, pero el límite coherente y sostenido es una forma de cuidado. En esta etapa, el adulto funciona muchas veces como una ‘corteza prefrontal auxiliar’”.

El valor de la comunicación y la presencia adulta

El ejemplo adulto es clave: los adolescentes observan y replican los hábitos familiares respecto al alcohol (Freepik)

La comunicación no es un detalle en la adolescencia, es un factor protector frente a las conductas de riesgo, incluido el consumo de alcohol”, señaló Nakab. La evidencia muestra que el estilo parental basado en afecto y límites claros protege a los adolescentes, quienes necesitan sentir que pueden contar con los adultos y, a la vez, que existen reglas que los contienen. “El adulto no se convierte en un cómplice, sino en la persona responsable del cuidado de su salud”, afirmó la pediatra.

El UPD puede ser una celebración significativa, pero los especialistas insisten en que también es una oportunidad para que los adultos estén presentes.

“Es fundamental que con límites externos ayudemos a que ellos se regulen, no desde el control o vigilancia sino desde el cuidado”, señaló Ruda, para quien “los adultos deben saber que su papel no es el del padre o la madre ‘copados’ que habilitan el alcohol en casa y se los ofrecen como si diera lo mismo que tomen o no”, y destacó que si bien es sabido que a determinada edad los chicos empiezan a consumir alcohol, “en cada casa habrá reglas, que si no se cumplen deberán implicar una consecuencia, y esto es clave para que ellos se sientan con libertad de movimiento pero dentro de una estructura”. Así, para ella, “el UPD será una noche más en la que nuestros hijos se expongan al consumo, pero en la que deberán poner a prueba todo lo aprendido para que este día pueda ser el cierre que se merecen”.

“El objetivo no es controlar cada movimiento, sino fortalecer la capacidad de decidir bien. Y eso se construye con presencia, información clara y límites consistentes”, observó Torralva. Y concluyó: “En definitiva, el UPD puede ser un momento de celebración. Pero también es una oportunidad para que los adultos transmitan algo mucho más profundo: que divertirse y cuidarse no son cosas opuestas”.

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