Ana Ibáñez, la neurocientífica que entrena el cerebro: del estrés invisible a la plasticidad y el secreto de la energía compartida

En La Fórmula Podcast, la neurocientífica Ana Ibáñez explicó cómo entrenar el cerebro para reducir el estrés, ganar flexibilidad mental y mejorar la salud emocional. Aseguró que este tipo de entrenamiento puede ser clave en el abordaje de la ansiedad, la depresión y otros trastornos de salud mental. La importancia de la plasticidad cerebral, los hábitos cotidianos, la regulación de la energía y los vínculos humanos como pilares del bienestar y el desarrollo personal

LA FÓRMULA - ANA IBAÑEZ - TU POSTURA CORPORAL ENGAÑA A TU CEREBRO

En un nuevo episodio de La Fórmula Podcast, la neurocientífica Ana Ibáñez —ingeniera química y fundadora de MindStudio— explicó en qué consiste la neurociencia aplicada y cómo el entrenamiento cerebral puede mejorar la vida cotidiana. Detalló cómo, a partir del estudio del cerebro y su plasticidad, es posible modificar patrones de estrés, desbloquear funciones cognitivas y entrenar la mente del mismo modo que se entrena el cuerpo.

Además, aseguró que la flexibilidad cerebral es clave para prevenir y revertir trastornos como la ansiedad, la depresión o el TOC y compartió herramientas concretas para entrenar el cerebro en el día a día, como la respiración, la postura corporal y la visualización. También reflexionó sobre el rol de la energía, el propósito y los vínculos humanos, y propuso una mirada central: entendernos como seres en constante construcción. El episodio completo podés escucharlo en Spotify y YouTube.

Ana es una neurocientífica española, ingeniera superior química, piloto de helicóptero y ex nadadora de alto rendimiento, conocida por su trabajo en entrenamiento cerebral aplicado al alto rendimiento profesional, deportivo y al bienestar mental; con más de 15 años de experiencia, ha desarrollado métodos propios de neurociencia aplicada, fundado los centros MindStudio en ciudades como Madrid, Barcelona y Valencia, es autora del libro Sorprende a tu mente, y se desempeña como conferenciante y divulgadora internacional entrenando a equipos directivos, deportistas y particulares para potenciar sus capacidades mentales y emocionales.

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Ana Ibáñez explica la importancia de la plasticidad cerebral para modificar hábitos y patrones de estrés (Imagen Ilustrativa Infobae)

- ¿En qué consiste tu trabajo principal en neurociencia aplicada y cómo funciona el centro donde se entrena el cerebro?

—Sí. En primer lugar. La neurociencia es el estudio del sistema nervioso, donde el principal órgano y el que dirige casi todo es el cerebro. Yo me dedico a estudiar el cerebro y aplicada es porque no solo es teórica, porque investigamos todo el tiempo, sino que es práctica: cómo traemos lo que se está descubriendo en los últimos tiempos sobre el cerebro y sobre la plasticidad cerebral, de cómo lo podemos cambiar, cómo podemos hacer cambios de patrones eléctricos, cerebrales, etcétera. Traer eso al día a día. Tengo unos centros de entrenamiento que se llaman Mind Studio. Tenemos seis en España, repartidos entre Madrid, Barcelona y Valencia. Tendremos más pronto. Y luego viajamos por todo el mundo a entrenar. Se trata de ejercitar el cerebro de todas las personas que vienen a nosotros: niños, adultos, gente absolutamente normal, que igual que va a un gimnasio, quiere entrenar su cerebro. También trabajamos mucho con el alto rendimiento profesional y deportivo. Para llevar a tu cerebro a un lugar de más desarrollo, si lo entrenas, llegas más fácil. Esto de la neurociencia aplicada es una pasión absoluta mía desde hace muchísimos años y vino un poco por esta sensación que tenía yo de que hay mucho que podemos hacer para mejorarnos en el día a día.

—¿Cómo comienza el proceso de entrenamiento cerebral?

—Muchas de las cosas que sufrimos, de personalidad, de cómo nos sentimos, de cómo estamos de activados o no, proceden del cerebro. Entonces, tenemos que ir a la fuente, que es el cerebro. Y para saber qué tenemos que entrenar. Tenemos que saber qué es lo que está haciendo el cerebro en este momento. La mejor manera de saberlo es preguntando a la persona de forma muy concreta por síntomas, por lo que está sintiendo en el día a día en distintos ámbitos. ¿Qué estás sintiendo a nivel de estrés? ¿Cómo reaccionas frente a la vida, frente a una vida que para todos es más o menos demandante? ¿Cómo funciona tu sistema? Quizás el 80% de las personas que vienen a entrenarse, que quieren solucionar algo que no les está gustando. Si buscamos qué es lo que está pasando, el estrés es la base de casi todo. El entrenamiento consiste en ver qué daños colaterales está haciendo este estrés a esa persona, dónde le está afectando más. Hay personas que el estrés les afecta más de una manera física, pero puede ser más emocional o puede ser más a nivel cognitivo de trabajo.

Hay personas que dicen: “No me siento tan estresado, pero estoy bloqueado, frente a un problema no puedo responder”. Tenemos que ver dónde le afecta más. Una vez que sé dónde le afecta más, en una primera sesión colocamos este sistema de lectura y le hacemos entrenar en esas áreas primeras que son las que están denotando que su cerebro está estresado. No quiero entrar como muy técnico, pero hay unas áreas cerebrales del hemisferio derecho, las temporales, las parietales y las prefrontales, que cuando leemos esa actividad y vemos que hay unas frecuencias que se llaman hi beta, que son las del estrés, que están altas, ya sabemos: esta persona lógicamente está sintiendo todo esto. Lo que hacemos primero es ir a estas áreas que son las primeras. Leemos la actividad y siempre mejoramos esa actividad. Una vez que hemos equilibrado más las frecuencias a ese nivel, empezamos a ver que la persona empieza a reportar otras cosas.

Es un entrenamiento muy agradable de hacer, porque lo estás haciendo mientras ves una película, y nosotros estamos trabajando con la actividad cerebral, pero ellos están viendo una película y dicen: “No he hecho nada y realmente me siento muy distinto. Es como que estoy más zen. Una de las cosas que suelen decir es que las cosas las ven con otro nivel de preocupación, como que se ven un poco más apartados de ello”. Ese es el primer síntoma de que tu cerebro está perdiendo estrés, que te permite alejarte un poco de las situaciones y no que te traspasen.

LA FÓRMULA - ANA IBAÑEZ - ENTRENAR Y VISUALIZAR PARA PARAR LA ANSIEDAD

—¿La neurociencia aplicada puede ser una solución para problemas de salud mental como la depresión, el TOC o la ansiedad?

—Por supuesto. Es el futuro de la salud mental. No tengo ninguna duda porque lo veo. Lo bueno que tengo yo es que no estoy hablando desde la teoría, estoy hablando desde la práctica, desde la neurociencia aplicada. Hace 16 años que tengo mucha gente, con casos muy complicados y que han mejorado radicalmente a raíz de entrenarse cerebralmente a nivel de frecuencias cerebrales. Una de las grandes conquistas que estamos realizando con este tipo de entrenamientos es conseguir que tu cerebro sea más flexible, que tenga la capacidad de pasar de unos estados a otros y que no se quede bloqueado en ninguno de ellos. Cuando tienes estrés puntual, puedes estresarte sin que eso te quiebre. Si un cerebro no es flexible, es lo que podemos revertir cuando entrenas cerebralmente. En este sentido es igual que con el cuerpo.

Cuando somos más flexibles y utilizamos nuestra plasticidad cerebral, nuestra capacidad de cambio, las cosas que te ocurren en la vida ya no te quiebran. Una de las razones más grandes de los problemas de salud mental es que nuestros cerebros llevan a quebrarnos más de lo que deberíamos. Nuestro cerebro, si lo dejamos, nos pone en situaciones muy dramáticas. Él ve las cosas más negras de lo que son en realidad. Un cerebro flexible hace lo contrario. Es como que se sale de sí mismo y dice: “Esta situación es grave, estoy incómodo, pero no es el fin del mundo, no me va a matar”, que es uno de los mensajes que nos pasa nuestro cerebro, si no entrenamos, nos lleva mucho más a pensamientos más destructivos: de esto no tiene salida.

Cuando te sientes bien, eres capaz de, frente a algo que aparentemente es duro o difícil, hay una parte de ti que es como una vocecilla que te dice: “Calma, tú puedes”. Y casi que te trae memorias pasadas de: “Mira, esto ha pasado, cosas similares te han pasado antes y aquí estás”. Esa capacidad de reflexión, de coger perspectiva, la traslada un cerebro flexible. El hipocampo, cuando funciona así, hace que se conecte esta parte que se llama el córtex prefrontal, que es la que nos permite reflexionar, decirte cosas buenas, poder salirte un poco de ti y decir: “No me lo creo ni yo, pero voy a decirme a mí mismo que soy capaz”. Simplemente con poder cambiar ese diálogo, tú cambias. Eso, que parece sencillo, es la gran base de la salud mental. Hay casos muy complicados de problemas clínicos de salud mental, como depresiones, trastornos obsesivos-compulsivos, problemas de alimentación, de TCA. El origen es un pequeño engranaje que en vez de ir en el buen sentido, fue en el malo. Fue algo que a esa persona le hizo entrar en un círculo vicioso del que su cerebro no pudo salir y que se hizo cada vez más grande. Entonces se convierte en un problema mental que si en el origen hubiéramos podido poner solución, hubiera cambiado mucho.

La flexibilidad cerebral resulta clave para prevenir y revertir trastornos como ansiedad, depresión y TOC (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿De qué formas se puede entrenar el cerebro y cómo pueden incorporarse estos métodos en la vida cotidiana?

—No hace falta entrenarse cerebralmente como hacemos nosotros, que es la manera más rápida, pero no todo el mundo puede hacer esto. En el primer libro que escribí, en Sorprende a tu mente, se trataba de cómo dar pautas muy concretas para romper patrones cerebrales que te llevan por el mal camino. Y aunque en este caso hablaba desde los diez temas donde entra el miedo, la ansiedad, la dificultad para concentrarte o para dormir o para tener el estado de ánimo, siempre hay algo que si yo me tuviera que resumir, porque es difícil, te diría: se trata siempre de hacerle creer a tu cerebro que eso que quieres o esa manera en la que quieres sentirte es posible y tú, de hecho, ya la has tenido antes, por eso la quieres volver a tener, porque la conoces, sabes qué es. Entonces tienes que traerle a la memoria cerebral qué es lo que él estaba haciendo cuando estaba sintiendo eso.

Si por ejemplo estoy sintiendo ansiedad, lo que suele ocurrir es que la información desde los sentidos, desde lo corporal, que estamos enviando a nuestro cerebro, es de alerta: estoy respirando más corto, tengo el corazón acelerado, estoy transpirando. Nuestro cerebro lee esa información y dice: “Aquí hay peligro, amenaza”. Entonces él mismo empieza a hacer el engranaje de la amenaza. ¿Qué hace? Cierra el córtex prefrontal, hace más pequeño el hipocampo, el centro de las memorias y activa mucho más la amígdala, los núcleos amigdalinos y este cerebro límbico.

Cuando ocurre eso entras en este círculo vicioso. ¿Qué tal si en los primeros momentos, cuando tu cerebro empieza a ver que se mete en este agujero negro, ahí para y dice: “Otra vez me estás metiendo en un cuento, pero espera, tengo ansiedad, pero no me voy a asustar porque esto es una cosa puntual y yo sé lo que es fabricar otra cosa que no sea ansiedad”? Yo trabajo mucho con las visualizaciones por eso. Ahí es donde tenemos que llamar a un momento que tú ya hayas vivido en el que no existía ansiedad, con el que tú puedas relacionarte. Esto es un acto de cerrar los ojos, ir a buscar un momento donde no estabas sintiendo ansiedad. Todo lo contrario, donde estabas muy bien, muy en calma, etcétera. Respirarte, verte desde fuera en esa sensación. Empiezas a adoptar patrones respiratorios que tienen que ver con esa mayor calma, porque estás llevando a tu cerebro ahí. En el fondo, lo que le estás haciendo es mostrar eso que ya has hecho y decirle: “Acuérdate que tú también sabes hacer esto”. Ocurre que a nuestro cerebro le cuesta mucho identificar si algo está ocurriendo de manera real o imaginaria si tú lo visualizas con mucha realidad. Si nosotros, frente a la ansiedad, a la falta de concentración, a la inseguridad que puedes tener en determinado momento, le pones el opuesto y te vas a buscar en un momento vital donde tú estabas en el opuesto y te visualizas en él, es una manera muy rápida de romper patrones cerebrales, muy rápida.

LA FÓRMULA - ANA IBAÑEZ - UN CEREBRO FLEXIBLE NO SE QUIEBRA

—¿Alguna vez visualizaste tanto una situación que el resultado final terminó coincidiendo con lo que imaginaste?

—Muchísimo. De hecho, una cosa que me ocurre, pero que no solo me ocurre a mí, nos ocurre a todos los que nos entrenamos. Y es un diálogo bien bonito que tengo con mucha gente. La frase que decimos es que la vida empieza a conspirar a favor nuestro y que aquellas cosas que tú ya estabas visualizando de antes, de alguna manera empiezan a ocurrir. Y a mí me pasa. Ocurre porque, cuando tú tienes claro lo que necesitas, tu cerebro empieza a buscarlo, pero desde lugares que no son racionales, que tú no necesariamente estás dirigiendo, pero él hace que tengas un sexto sentido y que te haga hablar con personas que de alguna manera te van a llevar a esta persona o que estés más alerta de lo que está ocurriendo.

Te hace tener un foco más fino sobre lo que está ocurriendo alrededor. Esa es una de las partes. La otra, que es más difícil de explicar, pero fíjate, yo soy ingeniera, me dedico a la ciencia, pero leo energía. No me tengo que olvidar que lo que yo leo es electromagnetismo cerebral. Hay un tema energético. Nosotros cuando estamos vibrando y cuando estamos logrando unos niveles de energía cerebrales muy concretos, estamos atrayendo más de ese nivel de energía. Si yo estoy conectando con un tipo de persona que quiero que entre en mi vida, de alguna manera estoy forzando a que ese patrón aparezca y entre en sintonía conmigo, se me va a hacer mucho más fácil encontrar eso. Hay una parte que es energética, que es potentísima, que es algo que podemos medir también. Cuando a una persona le estoy haciendo un electroencefalograma, si aparece otra persona en la habitación y se queda con él y establecen una dinámica de percibirse, cómo sus electroencefalogramas empiezan a parecerse. Nosotros influimos sobre la actividad cerebral de otras personas y las otras personas nos influyen.

Todos lo sabemos. Por eso estás con gente y dices: “Qué buen rollo, no me conocía de nada con esta persona y, sin embargo, hemos tenido una unión increíble, me he sentido muy bien, estoy como recargado de energía”. Has entrado en una coherencia eléctrica con esa persona. Y al revés, hay personas que chocan con tus patrones y que notas, esta toxicidad, que dices: “Me he quedado mal”. Es por eso.

El entrenamiento mental ayuda a desbloquear funciones cognitivas y mejorar la respuesta ante situaciones demandantes (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿La energía o vibración personal está determinada genéticamente, depende del estado de ánimo o puede modificarse con hábitos y actitudes?

—Puedes tener un patrón de base, que es el más natural para ti. Todos tenemos un nivel de activación, un movimiento corporal que nos define más, pero podemos modificarlo. Lo primero que puedes cambiar para cambiar tu energía es tu postura corporal. La postura corporal habla directamente al cerebro. Nuestras posturas le hablan directamente de estados emocionales. Si te haces bolita, te haces chiquitito, estás pasándole un mensaje a tu cerebro de que estás vulnerable en ese momento, de que estás más débil, que necesitas protección.

Puedes estar sintiendo la misma desprotección, pero obligarte a que en vez de hacerte bolita te haces grande, abres tus hombros, te pones bien arraigado en el suelo de pie con una postura de presencia, de poderío, y tu cerebro va a leer: se estaba sintiendo débil, pero la postura que yo leo es de cuando siente fuerza. Entonces, entra en ese dilema y empieza a cambiar la energía, empieza a cambiar sus frecuencias cerebrales para ser más acordes a la postura que tú estás adoptando. El patrón respiratorio y el patrón de postura son las maneras más directas para cambiar estados emocionales. Una de las cosas que más funcionan es tener una canción o un par de canciones que a ti te gustan mucho, que te han puesto en un buen estado energético, que tu cerebro ya conoce, que tu hipocampo ya tiene guardado, y ponerte esa canción cuando necesitas cambiar de energía y subir energía. Porque cuando haces eso, que toda tu memoria corporal ya está ligada a esa canción, lo que haces es activar todo tu sistema.

Tu cerebro no puede diferenciar muy bien si esa canción que la está escuchando en ese momento está ocurriendo en un momento en el que estás triste o en aquel en el que sí que lo estabas pasando muy bien. Le montamos un lío y ese lío es lo que tenemos que aprovechar a nuestro favor. Nosotros podemos engañar mucho a nuestro cerebro. Si además metes música y un poco de movimiento, estás cambiando tus patrones directamente. Tenemos una energía de base, pero tenemos una capacidad de cambiarla enorme. Nuestro cerebro no entiende de tiempo. Para él, cuando está en una situación, piensa que esa situación y ese estado va a ser infinito, sobre todo cuando lo está pasando mal. Esa es una de las razones también por las que nos mete en un círculo vicioso o en este agujero negro. El poder de poner un límite en el tiempo de aquello que estamos sintiendo es algo que tenemos que hacer nosotros de forma consciente, porque nuestro cerebro no lo va a hacer por nosotros.

Ibáñez destaca herramientas concretas, como la respiración y la postura corporal, para entrenar el cerebro a diario (Imagen Ilustrativa Infobae)

—¿Qué aspectos de nuestro cerebro sería beneficioso flexibilizar?

—Sería muy bueno que cada uno de nosotros nos percibiéramos siempre, a lo largo de nuestra vida, a cualquier edad, como seres en construcción. Si tienes dentro de ti la sensación de que eres un ser en desarrollo, en construcción y que necesitas de la información del exterior y centrar información del exterior para ir moldeándote y cambiándote, que eres como una escultura que llegó, que era como un bloque de mármol, pero que se va moldeando y cambiando en función de lo que le va ocurriendo.

Si tienes ese punto de vista de partida, creo que esto que estamos hablando es mucho más fácil, porque no te sientes amenazado por cambiar. Te sientes muy libre de elegir qué es lo que veo. No hay ningún problema en que ayer yo estuviera diciendo esto y hoy en día estoy diciendo algo que es opuesto a lo que yo estaba viendo ese día, porque la mirada que tengo hoy es más rica, tiene más información que la de hace un tiempo. Esa nueva información me hace ver las cosas de otra manera. No es que me esté desdiciendo, estoy siendo una evolución de esta escultura que soy yo mismo. Ese es un punto de partida muy bueno desde el punto de vista cerebral. Allí no te sientes amenazado, porque además no significa que tengas que aceptar algo que tú no quieres aceptar. Significa que te das la libertad y el permiso de poder evolucionar y ser en construcción. Creo que ese estar en construcción es fundamental.

—¿Cuáles son algunos hábitos concretos que ayudan a mejorar el funcionamiento cerebral?

—Hay unos que son los pilares que hablamos todos ahora, porque es lógico. Si te tuviera que decir los pilares: nutrición es fundamental, el descanso es fundamental, el cómo te hablas, dónde pones tu mirada, ese pensamiento que te decía de ser concreto, positivo, de sacarte a tu cerebro y hablar con él, es fundamental. Pero hay dos más que debemos incluir aquí y es realmente una búsqueda de propósito siempre es buena: “¿Para qué hago esto? ¿Qué estoy haciendo? ¿Lo hago para mí? ¿Lo hago para mí desde un lugar en el que todavía no veo el beneficio, pero creo que es bueno en esta transición que me está haciendo más fuerte? Vale, ok, es eso entonces. ¿Lo hago porque haciendo esto veo que mejoro a otras personas a que yo me ponga en un segundo lado? ¿Lo hago de forma consciente? ¿Me estoy poniendo en un segundo plano, pero veo que alguien se mejora?” Perfecto. Pero tenemos que tener una razón para hacer las cosas, porque uno de los motivos por los que hay tanto problema mental es porque tenemos a nuestro cerebro sobreexigido.

Le estamos pidiendo mucho sin mostrarle hacia dónde va. Entonces el propósito es importantísimo. Una cosa que también me parece importante para estar bien es cuidar mucho más de nuestra energía porque si cuidas tu energía, cuidas que este motor y tu cuerpo te ponga en estados de activación que te va a permitir tomar buenas decisiones, cuidarte en general. La buena energía realmente se traspasa. Si estás en un ambiente que sabes que te está haciendo sostenidamente mal, energéticamente es muy difícil que estés bien. Hay que poner atención sobre eso. El primer poder lo tenemos nosotros. Cuando una persona está bien regulada y autorregulada, de forma cerebral y a nivel celular, es tu cuerpo el que tiene la capacidad de sacarte adelante. Y una de las razones tiene que ver con que ese cuerpo tenga la energía que necesita para poder hacer esta regulación y esta regeneración. Esa energía tiene mucho que ver con dónde te estás moviendo, a qué le das importancia en tu vida, con quién te relacionas, cómo te proteges de energías que no te hacen bien o cómo te vas hacia energías que sí, que te hacen bien.

La energía y la postura corporal influyen directamente en la actividad cerebral y el estado de ánimo (Imagen Ilustrativa Infobae)

—Por último, ¿qué reflexión, consejo, libro o experiencia te gustaría compartir con quienes te leen?

—Un poco al hilo de lo que hemos estado hablando y que creo que es muy importante para estar bien, y es realmente hacer un acto de reflexión, de decir: ¿cuáles son los momentos buenos que se me han quedado grabados de forma más importante en mi vida? ¿Y qué había en ellos? ¿Qué variables había en ellos? Y bajar a una cosa muy concreta, muy simple, porque eso te da la seguridad de que cuando tú te sientes bien, en realidad lo que está pasando ahí son cosas mucho más simples de las que uno piensa.

No es una vida hipersofisticada en la que tienes que hacer cosas, no. Realmente cuando la has pasado bien, había alguien que te importaba cerca, había una conexión, algo que suele ser mucho más humano y más sencillo de volver a tener de lo que pensamos. Creo que eso es un motor que a todos nos enciende y que tenemos que ir por ahí. La vida es muy compleja, necesitamos hacerla más simple ahora. Eso es una cosa que me encanta de la ciencia. La ciencia en toda su complejidad, al final, los grandes descubrimientos, igual que en la matemática y que en la física, caen en fórmulas que son muy simples. El ser humano en su base es muy simple y viene muy asociado a esa conexión, a ese amor que sientes por otras personas, a esa capacidad de verte, a esa capacidad de sentirte libre. Algo que es muy humano, muy básico. Animaría a la gente a que vaya a buscar esos momentos, qué es lo que me ha marcado realmente en mi vida y que destiles, que es las cosas simples que había ahí, y busques más de esas.

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