Museo del whisky - #Informe

Los ruidos en la sala de música que tenía en el hogar despertaron a Evaristo Reigosa, padre de Miguel Ángel, un joven de 14 años que había ido a bailar junto con sus amigos. Allí los encontró “en un estado calamitoso, después de tomar esas bebidas que se tomaban antes, baratas”, recuerda ahora, más de 40 años después, Miguel.

La reacción de Evaristo fue citar a todos los padres de los menores para el día siguiente. En medio de la charla sobre por qué en caso de hacerlo es necesario “tomar poco, pero bueno”, les convidó a todos un whisky Old Sparr del que poseía dos botellas. “Desde ese momento no dejé de tomar whisky, tomar poco, pero bien”, explica Miguel, respetando la premisa del padre.

Más de 40 años después, la otra botella de Old Sparr que había en el hogar familiar es una de las perlas del Museo del Whisky, la vieja casona recuperada donde se exhibe la colección privada más grande del mundo, donde además se puede ir a consumir algunas de las tantas botellas en la barra más importante del país, cita obligada de los amantes del “agua de vida”, pero con un detalle, “acá no me interesa tener a un tipo tomando hasta las 6 de la mañana. Acá se cierra a las 2”.

Old Sparr, la génesis del museo
Old Sparr, la génesis del museo

Pero como el mismo Miguel aclara, todo en su vida fue una sucesión de locuras que lo llevaron a este presente en 2020, con la cabeza puesta en terminar de remodelar la casa contigua al museo ubicado en la avenida Monroe, en la Ciudad de Buenos Aires, para poder finalmente mostrar todas las botellas de la colección, ya que algunas por una cuestión de espacio aún no se encuentran en las vitrinas.

Pero el Miguel de 14 años no tenía mucho dinero para comenzar a comprar las botellas que quería, claro. Después llegó el Servicio Militar y llegó 1982, donde con 19 años fue “un soldadito de Malvinas”, como él mismo detalla. “Era el chofer del Coronel de la Unidad, no sabía ni tirar, pero cuando me tocó, me tocó y tuve que ir”, recuerda. Y así fue como muchos años después, ese “soldadito” estaba compartiendo un whisky con la reina de Inglaterra.

“Yo fui uno de los nueve invitados al cumpleaños de la Reina de Inglaterra, en 2010. Con Colin Scott (su amigo y maestro mezclador de Chivas Regal) hicimos una cata de whisky ahí, y la Reina me regaló una botella, y empezó una relación”. Pero para el ex combatiente no fue fácil llegar allí. Antes de viajar debía resolver un contratiempo familiar y la palabra de sus ex compañeros que participaron del enfrentamiento bélico.

Miguel Reigosa, saludando a la multitud que lo acompañó en la última edición de Whisky Live, un evento como pocos en el mundo
Miguel Reigosa, saludando a la multitud que lo acompañó en la última edición de Whisky Live, un evento como pocos en el mundo

“El 12 de junio de 2010 fueron los festejos, y yo tenía que viajar el 8, pero el 10 era el cumpleaños de mi madre. Yo no le podía contar a nadie, y le dije que tenía que ir a un cumpleaños. Tanto insistió que le tuve que explicar, y su respuesta fue muy simple ‘¿el cumpleaños de la Reina de Inglaterra? Sería el mejor regalo que me podés dar, hijo’. Y fue al primer cumpleaños de ella que falté en toda mi vida”, rememora Reigosa.

“Después levanté el teléfono y me comuniqué con mis compañeros de Malvinas, y me vinieron a despedir a Ezeiza. ‘Nos vas a representar bien, tenés que estar’, me decían... y fui. Una locura todo, además logré una buena relación con ellos, que nada tiene que ver con lo que pasó, no hay que tener rencor por eso, no hay que guardar rencor en la vida. Fuimos a pelear por lo que pensamos que era una causa justa y ahora estamos acá. Hay que contar lo bueno de la vida”, aclara para dar por cerrado ese capítulo de su vida.

Llegó el momento de dedicarse a la importación de productos, y así en cada viaje comenzaba a traer alguna botella. El Café de los Incas, un histórico, lo tuvo como habitué, hasta que sumó a un socio en otra de sus locuras, y decidió comprarlo. “Lo tuve durante 21 años y ahí me propuse armar la barra más importante de whisky que había en Buenos Aires, porque el whisky estaba perdido. No había importaciones, entonces decidí hacer un trabajo a largo plazo y que la bebida vuelva a resurgir. Se logró con el tiempo y por ejemplo, estando en el Café llegué a tener 200 etiquetas de whisky”.

El Café de los Incas, un espacio donde convivieron más de 200 etiquetas en una barra de lujo
El Café de los Incas, un espacio donde convivieron más de 200 etiquetas en una barra de lujo

“Después, cuando traía una botella de afuera para compartir entre amigos, nadie quería tomar un single malt y me costó muchísimo imponerlo”, explica sobre el proceso que tuvo que afrontar para recuperar un histórico. “Acá no se hablaba de ese tema, y no estamos hablando de tiempos lejanos, son menos de 20 años. Comencé a viajar a Escocia, voy a hacer el viaje número 30 ahora, llevo a asociados del Club del Whisky, y tengo la suerte de representar 74 etiquetas de whisky que las importo y en total, contando todas las que importé, unas 150 etiquetas han llegado al país gracias a nosotros”, constrasta respecto de la actualidad del mercado.

A principios de 2000 fundó la Whisky Malt Argentina, a través de la cual logró unir a los amantes de la bebida en el país. Más de 5000 personas, bah, socios, bah, amigos, son parte de este Mundo Whisky, casualmente, el nombre del programa de televisión que Reigosa comanda desde hace ya 14 años. Otra de las locuras de las que fue parte.

“Empecé en televisión dos años con Miguel Brascó en El Gourmet, con él hablando de vinos y yo de whisky. Después dos años en Utilísima, hasta que hablé con un productor diciendo que no me sirven 5 minutos de programa y me dijo ‘hagamos un programa’, y lo hice. Y desde ahí no paramos nunca con el programa. Hicimos 4500 kilómetros de viajes el años pasado. Hicimos Irlanda, todas las islas de Escocia. Lo hago todos los años”.

La fachada del Museo del Whisky, la mayor colección privada del mundo, emplazada en la Ciudad de Buenos Aires
La fachada del Museo del Whisky, la mayor colección privada del mundo, emplazada en la Ciudad de Buenos Aires

Pero no sólo de whisky vive el hombre, sino también del agua, y como no podía ser de otra manera, es agua para acompañar el whisky, luego de ir a buscar a un amigo que tenía una fábrica de soda en Venado Tuerto. “Le llevé un agua para whisky de Escocia, la mejoró y le pusimos ‘William Wallace’ de nombre. Porque cuando importaba, necesitaba equilibrar la balanza, entonces exportábamos el agua”.

“Siempre soñé esto. El Café de los Incas se lo dejé a mi socio, no le cobré nada ¿qué iba a hacer? ¿cortar las mesas por la mitad? Lo tuvo dos años y medio más y no lo pudo manejar, es muy difícil hacerlo solo. El café fue todo para mí, fue emblemático, la gente, los recuerdos que te quedan. La idea del Museo, el concepto, todo empezó ahí. Mamá tenía 9 habitaciones llenas de whisky, le invadí la casa durante años. Papá falleció en 1988 y no llegó a ver nada de todo esto. Estaría orgulloso de todo esto. Yo dejé la pasión que tenía por la filatelia por el whisky, dejé todo, dejé toda mi vida”, se emociona sentado en una de las mesas de ese lugar que es la casa de cada uno de los socios, su casa, su lugar.

La edificación ubicada en el barrio de Coghlan “estaba tomada, hubo que hacer todo a nuevo y recuperar. Cuando venían los presidentes de las empresas y yo les decía ‘acá va a estar el salón VIP, acá la cocina’, me miraban y pensaban que estaba loco. Costó casi tres años haciendo ferias, catas, llegué a hacer una Fiesta Nacional del Whisky en el Alvear con una cena, en 2013, que la cobré $3000 una fortuna, pero yo necesitaba eso. En 2012 la recuperé y a fines de 2014 inauguré el Museo”.

En su barra se pueden degustar las etiquetas más variadas, con opciones para todos los paladares
En su barra se pueden degustar las etiquetas más variadas, con opciones para todos los paladares

El hombre reconocido este año como Keeper of the Quaich, “es el Oscar del mundo del whisky, el mayor reconocimiento que a uno le pueden llegar a dar, y más siendo argentino, que es muy duro”, de los que no hay más de 1.100 en el mundo, que son o dueños de destilerías o máster distillers, pero independientes sólo un alemán y él, asegura que su colección tiene 3150 botellas en tanto que “la de Edimburgo tiene 3384 botellas, y ya no crece más, no se puede expandir, y nosotros estamos a 200 botellas de alcanzarlos. Vamos a llegar en un año, vamos a llegar. Sería el Museo más grande del mundo”.

“Lo que me falta en este momento es terminar la colección para poder decir que la Argentina tiene el Museo más grande del mundo, terminar la casa de al lado que la compramos para expandir el Museo y no mucho más”, reconoce este padre de familia, que tiene un hijo de 8 años. “Me falta conocer más. Tenemos ahora 7 brand ambassadors que hacen catas en todo el país. Ya estoy más tranquilo. Siento que mi parte de la historia del whisky en la Argentina ya la hice, quiero manejar otras cosas, no por el dinero, quiero hacer cosas prolijas desde afuera para que la gente pueda disfrutar. No me hago millonario con el whisky, soy millonario con otras cosas. Me levanto y sé que trabajo de lo que me gusta”.

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