
¿Quién dijo que todo está perdido? Entre posturas bucólicas y mensajes anodinos, Fito Páez se abrió lugar en la grilla del Día 2 del Lollapalooza 2019 con el poder de sus canciones .
De traje, zapatillas, camiseta multicolor y gafas oscuras, Páez no escatimó en hits, en un alto de su Ciudad Liberada Tour. Sus amores, siempre presentes en su música, atravesaron el set list desde el comienzo.
"El amor después del amor" (que fue escrita para la madre de su hijo Martín, su ex pareja Cecilia Roth) rompió el hielo para seguir con "Tu vida mi vida" (dedicada a su actual pareja, Eugenia Kolodziej).
"La presento a Anita Álvarez Toledo como una de las mejores cantantes argentinas", dijo, y ella respondió, a la altura, con un virtuoso juego vocal, como supo hacer Claudia Puyó en otras épocas.

"¡Maravilloso!", lanzó Fito, y la gente se largó con el primer "olé olé olé olé, Fito, Fito". Inmediatamente llegó "11 y 6", y ya no hubo quien no cantara. ¿Alguna duda de por qué no hay grieta política que pueda hundir a este artista? Sus canciones son inmortales.
Como un director de una orquesta de almas, Fito se sacó los lentes, movió las manos y no paró de hacer cantar a la gente: "¿Ahí estamos, ves?". Después se puso los lentes y volvió a su escritorio, el teclado, su lugar en el mundo.

Bien al frente y surtido con muchos vasitos de agua sobre un cubo lateral. Hubo palmas, gritos, un cartel de "temazo". No faltó nada. La mística de
los pobres aumentó con "Circo beat" y una arenga muy suya.
"Les quiero pedir una sola cosa, ahora va a venir un estribillo genial y hay que dejar la vida en algo, hay que dejar la vida. ¡No te escucho, Buenos Aires!", exclamó.

Las órdenes no terminaron ahí: "Es el momento de prender los celus e iluminar desde abajo". El mar de estrellas digitales no se hizo esperar y arriba, Fito y su banda acompañaron con "Brillante sobre el mic".
El incentivo valió la pena. "El tiempo, Euge, nos ayuda a olvidar" le
cantó, con desparpajo y amor a su mujer, en el tema que le hizo a Fabiana Cantilo (otra de sus ex).

Pasaron "Ciudad de pobres corazones", "A rodar", "Mariposa technicolor"; hombres y mujeres de todas las edades se sumaron a cantar como si no hubiera un mañana.
El sumun llegó con "Y dale alegría a mí corazón" o cómo convertir en íntimo un predio con decenas de miles de personas enfocadas en un solo objetivo. Quién sino Páez.

Ni tan crítico ni tan locuaz como otra veces, no dejó pasar "El diablo de tu corazón" de manera inocente. "Parece escrita hoy, pero mirá, la hice en el 2001", largó, sumado a un sentido "no te asustes, Argentina, mi amor".
Como él mismo canta en "Al lado del camino": "No está bueno hacerse de enemigos que no estén a la altura del conflicto. Y, no, Fito, tus amigos son muchos más".

Antes y después de la presentación de Fito Páez hubo lugar para dos mujeres bellas y fuertes. Primero, por la tarde y en el Alternative, Juana Molina desplegó samplers, una batería acústica, y varios instrumentos más, aunque el principal fue su voz, tan particular como hipnótica.
Así es la experiencia Juana Molina. Mucha gente siguió el show sentada en el verde césped del Hipódromo de San Isidro, mientras el sol del atardecer los iluminaba.
Con "Un día", Molina levantó la modorra de todos y todas, apoyada en el ritmo frenético que consiguen Pablo González en batería y Odin Schwartz, multiintrumentista (una especie de monstruo musical de mil manos), que alternó samplers, teclados, guitarra y bajo.

"Un día voy a ser otra distinta / Voy a hacer cosas que no hice jamás / Voy a cantar las canciones sin letra / Y cada uno podrá imaginar / Voy a viajar, vagar", canta Juana y suena a declaración de principios.
Eso es lo que hizo en 1994, cuando dejó su carrera como actriz para dedicarse full time a la música, decisión que la llevó también a vivir en los Estados Unidos. Allí forjó una carrera que hoy la ve regresar a la Argentina como una hija pródiga.
Cuando ya la noche era un hecho, St. Vincent (el alter ego de la norteamericana Anne Erin Clark) desembarcó en el mismo escenario que Juana, pero con una propuesta totalmente diferente.

Sin banda, solo con pistas, vestida como una dominatrix -de body strapless y botas bucaneras de charol- solita con su guitarra y su carisma, St. Vincent marcó la diferencia. La cantante se agarró la cabeza, se acomodó, volvió y cantó "Masseduction" en el mejor momento de la noche.
De fondo, un video la mostraba como un modelo para armar. Aunque es obvio que St. Vincent se arregla sola. "Hola, Argentina. ¿Quieren más música?", preguntó en un forzado español. La respuesta ya no importaba, todos estaban ahí para verla y escucharla a ella, una de las sorpresas de esta edición del Lollapalooza 2019.
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