"Tengo amigos que piensan de distinta manera, a quienes adoro, y nunca hablo de política", cuenta Graciela Borges , que sí habla -y muy fuerte- sobre el feminismo y el debate sobre el aborto: "¿A quién le gusta un aborto? ¿Quién está a favor del aborto? Ninguno de nosotros. Lo que queremos es que no se desangre una chica en un lugar de horror".

A días del estreno de su última película, la actriz está entre feliz y cansada. "Qué película difícil y linda. Se llama La quietudpero no tiene ninguna quietud", reflexiona sobre el trabajo que realizó, dirigida por Pablo Trapero.

En el film Borges se convierte en Esmeralda, la madre de las mujeres que interpretan Martina Gusman y Berenice Bejo, la matriarca de una familia con secretos oscuros tapados por silencios que incomodan, pero se empiezan a aclarar con el correr de la trama. "Es un personaje de los que hay que limpiarse después. Hay algo en ella que es tan mortificante en cada escena que hay que hacerse una limpieza", explica.

Graciela Borges junto a Pablo Trapero, director de “La quietud”
Graciela Borges junto a Pablo Trapero, director de “La quietud”

—¿Cuesta dejar a los personajes cuando termina un proyecto?

—Hay personajes que sí y hay otros que no. El más parecido a mí de todos los personajes que hice en mi vida fue uno de un libro de (EmilioRodrigué que se llamaba Heroína, hace muchos años, con Raúl de la Torre. Era precioso, realmente parecido a mí, una chica que había tenido una infancia especial, una vida especial; y yo lo sentí tan mío. Ese curiosamente me costó más sacármelo de encima, no sé por qué. Me puse triste después de terminarlo. Este, como empecé hice teatro, después empecé la película de (Juan José) Campanella, me dio como un aire de sonrisa y de cierta alegría.

—Y tenés tu programa en Radio Nacional.

—Que lo adoro. La radio es la única cosa que tiene completud en uno: nunca salís angustiado o mal de un programa de radio. La comparación es como un psicoanalista que te amara y te dijera: "¡Ay, Gra, estás casi curada, estás divina!".

—¿Hacés análisis?

—Hice durante 25 años, más o menos. Ahora me echaron de ahí (risas).

—Ya está.

—Me echaron, ya está. Empecé en un momento muy difícil de mi vida. Después cambié de analista y después volví al que tenía, que un poco fue un error, pero yo sentí que tenía que cerrar un ciclo.

—Hablabas de tu infancia. ¿Te sentiste víctima alguna vez?

—Fui víctima hasta que hice un… te vas a reír: un seminario que era fantástico. Para ser víctima hay que permitirlo, crearlo o provocarlo. Si vos te ponés en el papel, en el lugar del otro, nunca sos víctima, siempre hay algo que funcionó para que vos seas víctima. Mi madre era un poquito víctima y muy quejosa. Entonces yo era quejosa y bastante víctima. Y ahora bueno, pasa el tiempo, ya tengo 32 años (risas) y voy a dejarlo de lado, me parece que ya está, que cumplí. Ser víctima me parece que tiene que ver mucho con la culpa en esta sociedad judeocristiana y hay que olvidar la culpa: somos lo que podemos, no lo que queremos. Está bueno, trabajar mucho está bueno; cuando uno quiere parar, también está bueno.

Graciela Borges junto a Martina Gusmán y Pablo Trapero
Graciela Borges junto a Martina Gusmán y Pablo Trapero

—¿Por qué elegís seguir trabajando?

—Debo decirte que me lo estoy planteando ahora. No sé si tengo tantas ganas de seguir trabajando (risas).

—¿En serio?

—Seguir trabajando sí. Por ejemplo, si me preguntaras qué me hace feliz en este momento, tengo un espectáculo que adoro con poemas, videos, canciones, con una señora que canta como los dioses, y eso me hace feliz, me deja muy relajada. Filmar, sobre todo esta película, fue muy difícil, pero era una deuda que tenía conmigo misma. Hace años que pensaba cuando lo veía a Pablo (Trapero), que éramos amigos, y a Martina (Gusman): "Tengo que trabajar con Pablo". Y así fue. Como ahora tuve la suerte de trabajar con Campanella, que ha sido delicioso.

—Fuiste vecina de carpa de Bioy Casares. Te he visto con Paul Newman, con Gabriel García Márquez, rodeada de gente maravillosa e interesantísima. Si te regalo dos horas de una conversación con quien quieras, vivo, muerto, de donde sea, ¿con quién te quisieras sentar a charlar?

—Yo siempre elegiría a mi mamá porque es la persona que más extraño en el mundo. Mi ser básico, que es Gracielita cuando es chiquita, cuando yo estoy jugando, la aprendí a amar ahora porque sé que tengo que cuidarla. Siempre extraño la mirada de mi mamá, esos ojos verdes que me miraban con el amor más profundo, y con el sentido del amor más limpio y más lindo. Me quedaría aunque sea tres minutos a hablar con ella… ¡Ay, la extraño!

“Siempre extraño la mirada de mi mamá” dijo Graciela Borges en esta charla con Teleshow
“Siempre extraño la mirada de mi mamá” dijo Graciela Borges en esta charla con Teleshow

—¿Te permitís algún divismo?

—Yo soy bastante campestre, bastante tranquila. Tengo lejana la sensación diva. Pero no me importa: si lo dicen lo dicen; si no lo dicen, no lo dicen. Tengo una amorosidad tan grande por la gente que lo que cualquiera diga no me importa. Una frase que me encanta es: "Yo tengo un perdón para cada uno de los pecados". Hay gente que no me gusta, hay mucha gente que no tenemos un nexo de corazón, como dice Serrat: "Entre esos tipos y yo hay algo personal". Pero bueno, esa no cuenta. En general a mí me gusta la gente, me gusta mucho.

Esmeralda, tu personaje en la película, en la vida real tal vez no sería de tu gente.

—No, sería espantosa. Esa relación siniestra con sus hijas… Es una película singular, va a dar mucho que hablar.

—Sin ser una película sobre el aborto, habla del tema.

—Tema difícil si los hay. ¿A quién le gusta un aborto? ¿Quién está a favor del aborto? Ninguno de nosotros. Lo que queremos es que no se desangre una chica en un lugar de horror. La vez pasada estábamos hablando, cuando digo la vez pasada por ahí fue hace mil años, con María Luisa Bemberg que vivía, Marta Bianchi, que por suerte vive y es una divina, y se tocó el tema. Mirá los años que pasaron. Yo dije: "Ay, Marta no, por favor, ¿quién va a estar a favor de algo tan horrible como el aborto, que deja marcas tan profundas?". Me dijo: "Graciela, ¿quién va a estar a favor? Te estás contestando a vos misma. Lo que no queremos es que sucedan cosas criminales". Que no venga… como decía el doctor Favaloro, que no me las traigan hechas trizas.

—Desde que se discutió en el Senado y no se aprobó, ya murieron dos mujeres en Buenos Aires por abortos clandestinos y otras que tal vez no sabemos.

—Va a seguir sucediendo. La que lo quiera hacer va a seguir haciéndolo, es absolutamente así. Así que habrá que recurrir a la educación, la cultura y la salud para generar conciencia en la gente. Especialmente los que no tienen acceso a tener dinero, a hacer cosas de otra manera.

—¿El recorrido por ser mujer en algún momento te costó más?

—Creo que no. Soy absolutamente sincera. Empecé a los 14 años, he seguido haciéndolo hasta ahora. He tenido en mi vida privada muchas cosas dolorosas; eso no tiene que ver con la carrera. Como todo el mundo pasa. Tener una infancia difícil de padres separados, de mucha soledad, prescribió. Pero decir que me sentí juzgada, usada o diferente por ser mujer al lado de los hombres, no es verdad. Sería hipócrita que yo dijera que sí.

Graciela Borges junto a Paul Newman
Graciela Borges junto a Paul Newman

—¿Cómo te llevás con el movimiento feminista?

—Bien, son compañeras de camino y de vida. Yo siento que soy feminista porque desde que tengo uso de razón, desde los 14 años, trabajo, me pagan, pago lo que tengo que pagar y estoy ahí, con el pecho a las balas, y eso tiene que ver también con ser feminista. ¿Cómo no serlo?

—¿Has hecho sufrir a muchos hombres?

—A un par. No, es una broma (risas). Es una broma. Yo soy muy intensa. No me pondría de novia conmigo misma. Si fuera hombre no me pondría de novio conmigo.

—¿Por qué?

—Porque soy un poco caótica, intensa y celosa. Pero no debo haber sido tan mala persona porque no tuve uno que finalmente no terminara bien; en realidad sí, uno solo. Pero ese uno, que es uno de los pocos que realmente me rompió el corazón, una vez estábamos en un lugar con Juan Cruz (Bordeau) y Corita Reutemann, y me dijo: "Mirá mamá quién está ahí, Fulano de Tal". Ya se murió. "A qué no te animás a saludarlo". Había terminado pésimo, horrible. Y me acerqué y le dije: "¿Cómo le va?". Nos tratábamos de usted. Y lo limpié, ya está, quedó así, y está liberado el tema.

—¿Hoy estás enamorada?

—No, no. ¿Enamorada de pasión, decís vos? Porque el amor es un sentimiento, pero el enamoramiento es una pasión. No, pero estoy regia conmigo misma (risas). Si me preguntás si me gustaría, lo que pasa es que aquello que decía Lito Cruz y siempre repito: "Uno se enamora y empezó el tormento". Siempre es un tormento, siempre: "No me llama, me es infiel". Muy intensa como soy prefiero, estar tranquila.

—Las mujeres tenemos algún momento de la vida en la que disfrutamos llorar por alguno que tal vez no vale la pena ni un poquito.

—En general, por los que lloramos no valen la pena. Además está en uno la elección, y está en uno permitirse sentir eso que sentís, porque nadie pertenece a nadie finalmente. Ese es el error.

Graciela Borges a solas con Teleshow
Graciela Borges a solas con Teleshow

—¿Cómo está viendo el país?

—Si nos metemos en temas políticos, realmente me muero. Tengo amigos que piensan de distinta manera muchísimos, a quienes adoro, y nunca hablo de política. Mirá que curioso, yo he adorado, y lo sigo adorando, a (Leonardo) Favio, gran peronista, y no me acuerdo, salvo cuando doblé la voz de Evita, no me acuerdo que habláramos de Perón. Soy amiga de toda la vida de Javier González Fraga; no sé si hablo de lo que él hace. Soy amiga de un K, de los muchos que hay, y lo quiero, y los escucho. Yo abro mi cabeza y mi corazón y trato de discernir después. No tomo conciencia de qué es la verdad, porque hay mucha confusión. Hay mucha cosa que no es magnética, que no me pertenece, que me perturba. Entonces trato de hacer lo que sé hacer, lo mejor posible, sin esperar resultados. Yo no soy nacionalista, soy patriota: a mí me gusta esta Patria, la amo. Pero la amo a pesar de las cosas que le pasan.

—¿Qué talento te gustaría tener y no tenés?

—Hubiera sido escritora. También hubiera escrito guiones cinematográficos porque tengo miles de ideas.

—Eso puede suceder.

—Sí, pero ya no sé, seguí este camino y me parece que tengo que parar un ratito porque estoy muy cansada. Hay una frase de los chinos que me gusta que dice: "El hombre que se detiene, camina".

—Cuando no tiene que ver con el trabajo, ¿el placer por dónde pasa?

—Tengo muchos amigos, muchas amigas sobre todo, geniales. Me gustan las comidas con mis amigas, me gusta el cine, me gusta leer. Me gustan cosas sencillas. Lo que no me gusta son los lugares llenos de mucha gente, los cócteles o las reuniones de mucha gente. Soy muy tímida y me cuesta cada vez más ir.

—No te puedo imaginar tímida.

—Sí. Bastante tímida soy, sí. Muy tímida. Entro en un lugar y temblequeo.

Graciela Borges en función de “Entre nosotros”
Graciela Borges en función de “Entre nosotros”

—¿Qué es lo mejor que te dio esta profesión?

—Lo que más me dio es empezar a pensar que desde mi gris puestito tenía un lugar para hacer algo que pudiera hacerlo bien.

—¿Fue un refugio en algún momento?

—Una carrera es un poco como un barco, es un lugar donde uno puede volver. Eso es tuyo aunque navegues y se vaya a otro lado.

—¿Y te ha quitado cosas?

—Si me quejara y dijera eso, sería otra vez víctima. Y no, no me ha quitado mucho. Me ha dado más de lo que me ha quitado.

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