Tras ocho años, 400 mil espectadores y una gira por todo el país, Coco Sily está en plena despedida de La Cátedra del Macho y armando un nuevo espectáculo que planifica estrenar en mayo. ¿Nombre tentativo? "El último macho, quizás. No lo sé, puede ser…".

Mientras tanto sigue firme al frente de Codigo Sily, en Pop Radio, como desde hace siete años, y está evaluando un rol coprotagónico en cine. "Trata el tema de la inmigración vasca acá, pero desde un humor maravilloso. Estoy feliz, fascinado", dice el actor sobre el filme que se rodará en Mendoza.

—¿El cambio en el espectáculo no tiene nada que ver con el contexto actual y el feminismo?

—No. La Cátedra del Macho nunca ha sido machista, ni mataputo. Era de una guerra entre el macho y la modernidad. Tenía que ver con la alimentación, con los deportes, con las barras, con los amigos. El enemigo, por llamarlo de alguna manera, era el metrosexual, el moderno, el sushi. He planteado mi postura con respecto del feminismo y algunos portales ponían: "Coco Sily pide disculpas por La Cátedra del Macho". Jamás en la vida pediría disculpas por La Cátedra del Macho. Me arrodillo, rezo todos los días y agradezco a La Cátedra del Macho.

—Educaste a tus hijos con La Cátedra del Macho.

—Mis hijos han vivido, han hecho toda la primaria, la secundaria, pude pagarle la facultad privada a mi hijo… ¡Mirá si estaré agradecido a La Cátedra del Macho!

—¿Cambiaste en estos años? ¿Había algún resabio machista que se fue yendo?

—Yo no sé si fui machista porque no había un formato ideológico del machismo. He tenido mucho comportamiento machista, mucho comportamiento patriarcal. Mi hija Dana, la mayor, la única mujer, es militante feminista. Trabajo con muchas compañeras como Ludmila Gurchenco, Carla  Czudnowsky, que me fueron formateando porque en la cotidianeidad del trabajo vos pasás muchas horas con tus compañeros de laburo. Y esto concluye con que me pongo en pareja hace seis meses con Fiorella Lombardo, que es una militante feminista bastante reconocida. Soy un tipo de aceptar fácil los errores, no sólo en el feminismo.

—No sos terco en tu posición.

—Nada. Soy enojón, cabrón, pero no terco.

—¿Y qué te encabrona?

—Cualquier cosa. El tránsito…

—¿Te has ido mucho a las manos?

—Sí, claro. Me cagué a trompadas muchas veces.

—¿La última?

—Hace muchos años. Tenía 18 años, iba mucho a la cancha, era muy fanático de Huracán. Era otra época: no había drogas, no había armas. Era más la situación de salir y pegarnos unas trompadas y salir corriendo, qué sé yo. Y a mí me quedó una cosa física: me han dado…

—Cobraste.

—He cobrado. Con el paso del tiempo, cuando tenés hijos tu vida se empieza a modificar, te queda como un resabio. Hace muchos años que no me cago a trompadas.

—Además, hoy te enojás en la calle y no sabés con qué te encontrás.

—Ahora cambió: sale alguien con un arma. Igualmente yo sigo reivindicando ideológicamente la posibilidad de agarrarse a trompadas. Me parece que tiene mucha más dignidad una agarrada a trompadas que un tipo que se roba la guita de donde iban a comprar las vacunas para el Hospital Muñiz. Está considerado socialmente un animal un tipo que se agarró a trompadas con otro tipo para dirimir algo personal, entre ellos dos, y no el ladrón de guante blanco que come en un restaurant perfecto y es un señor en la sociedad. Yo no recomiendo agarrarse a trompadas bajo ningún concepto, pero reivindico todavía ese concepto de que algunas cosas se dirimen de esa manera. Y a mí no me parece una bestialidad.

—Llevás seis meses en pareja con Fiorella.

—Estoy profundamente enamorado.

—¿Están conviviendo?

—No. Estamos muy bien así. Ninguno de los dos plantea la posibilidad de la convivencia porque tenemos una cosa de independencia… Sí pasamos mucho tiempo juntos, pero por el placer de estar juntos. Me pasó de vivir lo que nunca me había pasado: el concepto de la amistad en la pareja. Fiorella es mi amiga, me divierto mucho con ella, aprendo mucho y, al mismo tiempo, me encanta como mujer y disfruto de nuestra relación física y amorosa.

—¿Cómo es ella?

—Es muy inteligente, es muy talentosa y es muy bonita. Y no puedo creer que me dé pelota. Ando medio en bolas en casa, entonces me paro y le digo: "Tenés todo el permiso de irte. Estás disculpada, no va a haber ningún reclamo". Y nos reímos con eso.

—¿El humor ha sido un gran aliado?

—Para mí sí, en todo sentido. Me ha dado de comer. Me ha hecho conocer mujeres y el acto de la seducción siempre ha sido a partir del humor porque no he sido un tipo agraciado en cuanto al status de la estética, como Pablo Echarri ni Facundo Arana. Pero he sido un gordito gracioso que me ha emparejado con los muchachos, o me ha superado, en algunos casos.

—Y fuera de lo público, ¿tenés ese humor en la vida? ¿Sos siempre así o por momento te bajoneás?

—No, me bajoneo. Tengo la historia del cómico triste que camina al lado mío. Tengo una historia personal en cuanto a tener mis bajones. Soy un hijo de la terapia, aunque no sea muy de macho… Es mucho más moderno.

—¿Terapia psicoanálisis, o de esas terapias nuevas que hay ahora?

—No, psicoanálisis. Voy a mi terapeuta de mucho tiempo, siete años, y me ha hecho muy bien. Tengo una historia personal que tiene que ver más con la melancolía. Pero cuando me enciendo, se me enciende el humorista. Estás en una reunión y se prende la reunión, y vos vas a la anécdota.

—Ahí hay algo de un gran remador también.

—Yo soy el capitán de los remos. En ese sentido, no he parado de remar un minuto. Nada me ha sido regalado. Y lo agradezco enormemente.

—¿Nunca te hubiera gustado que sea más fácil?

—Sí, me hubiese gustado que sea más fácil, pero no me tocó. Y agradezco que no me haya tocado porque me dio un temple con respecto al trabajo. Ahora que estoy un poco más grande me gustaría que me regalen un poco más. Que me paguen bien, que todo funcione, que no sea siempre una preocupación.

—¿Cómo te sentís hoy, políticamente hablando?

—Primero, estoy triste porque lo que está sucediendo en el país: no me gusta para nada. Me parece que ganaron los malos, en el sentido metafórico de la palabra. Para el lado donde llevan a este país, es para el lado que a mí no me gusta. Respeto absolutamente porque esto lo decidió la gente. Al mismo tiempo me siento huérfano porque tampoco encuentro una alternativa de lo que yo creería que sería el camino a dónde ir. Y he tenido una actitud muy crítica para con ellos también, y vos los sabés.

—Recién decías: "Ganaron los malos, metafóricamente". ¿Quiénes son los buenos?

—No creo ni que ellos sean los malos ni que los otros sean los buenos. Creo que sí hay un camino que tiene que ver con el camino emprendido por este Gobierno, que tiene que ver con el neoliberalismo. Y hay otro camino que tiene que ver con un Estado mucho más presente, y con lo que debería hacer el Estado, que es pensar en los que menos tienen. Si vos me hablás ideológicamente, yo quiero ir para ese lado: quiero un Estado presente, quiero un país reindustrializado.

—¿Te están faltando referentes?

—Yo soy peronista, esencialmente. El otro día estaba viendo la maravillosa obra de Leonardo Favio y veía lo que hizo Perón en el primer y segundo gobierno. Y realmente fue revolucionario porque no sólo hizo mucho por la gente que tenía poco, sino que era innovador. Era revolucionario decirle a u oligarca o a un empresario: "Mirá, el empleado tiene que tener vacaciones". Que las minas voten. "¿Cómo que la mujer va a votar?". Eso fue una conquista del peronismo, y de Evita esencialmente. Reindustrializar el país, expropiar los capitales extranjeros y nacionalizarlos: en ese momento fue una revolución. Yo sigo pensando de esa manera, desde esa esencia. Y me gustaría encontrar referentes; creo que Néstor Kirchner fue uno, sin duda. Un tipo que trabajó para los que menos tienen concretamente. Pero después todo lo que está imbuido de la política, del negociado, del sindicalismo que no representa, de las matufias, desde el gordo ingenuo, aunque no lo soy, como que te expulsa, te empuja.

—¿Y a Cristina cómo la recordás?

A Cristina la recuerdo como un gran cuadro político, como una persona realmente como pocas en cuanto a la política. Creo que en el medio de todo esto la atraviesa la muerte de su compañero, que debe haber sido terrible, enfermedades personales, padeceres físicos personales. Me parece que le ha quedado una orfandad, y que los lugares de esa orfandad fueron ocupados por gente con la que yo no tengo demasiada afinidad. Entonces esto fue lo que a mí me fue alejando, sin dejar de respetar la trayectoria de Cristina en lo más mínimo. Pero hoy no me representa.

—¿Le queda vida política?

—Sí, siempre le va a quedar vida política. Quizá no le queda vida política para volver a gobernar el país, para ser la líder absoluta del movimiento. Me parece que ella deberá entender, inteligentemente, qué hacer con ese importante caudal de votos que la sigue acompañando, y cómo administrarlo para un nuevo peronismo.

—¿Cómo estás viendo la tele?

—A mí no me está gustando la tele, siendo un defensor absoluto de la tele. Cuando mucha gilada de actores y pseudointelectuales decía "La tele es como el rubro menor del teatro, del cine", yo he sido un gran defensor de la tele. Ha habido productos increíbles en la televisión. No está pasando y no tiene la culpa la tele sino que tienen la culpa los nuevos medios, que están empezando a hacer mella y dejan a la tele con 11 puntos en vez de 40. 11 es un exitazo, pero eso no te permite invertir para hacer una gran telenovela, un gran programa de entretenimientos, porque no tenés la guita.

—Hoy no está Tinelli en la tele, no está Susana. ¿La tele extraña o sigue?

—La gente puede llegar a extrañar a hacedores más que a personajes. La tele puede llegar a extrañar a (Gustavo) Yankelevich, a (Alejandro) Romay, a (Gerardo) Sofovich. Con lo que puede gustarte o no, eran hacedores de productos. No extraña a (Adrián) Suar porque lo tiene, y es un tipo que hace productos constantemente. Personajes… no sé. Yo, en particular, puedo extrañar a (Alberto) Olmedo por supuesto. Extraño algunos periodistas de entrevistas de hace muchos años; (Juan Carlos) Mareco, por ejemplo. Ese tipo de cosas extraño.

—¿Qué te parece Nico Repetto en un noticiero?

—No lo pude ver todavía. Pero no sé, es un raro Nico para mí, no termino de entender. Lo respeto. Se ve que tiene mucha guita, entonces el que tiene mucha guita puede estar dos años no laburar, después labura un rato en una cosa. Siempre lo veo en Punta del Este o en cosas donde se gasta mucha guita.

—¿Te queda lejos de la historia que tiene para contar de lo que pasa en el tercer cordón?

—Sí, yo creo que él no conoce, particularmente. No lo digo como una crítica. Ha tenido grandes productos, ha hecho cosas… El famoso comentario de "Ya está grande", como yo, pero el yerno que toda nuera desearía hoy puede ser Guido Kaczka.

—¿Guido te gusta?

—Sí. Yo no lo miro porque no me divierte a mí ese tipo de programas, pero veo que con dos puertas, una camisa y una cosa hace un programa de tres horas y la gente indudablemente lo ve. A mí puede no gustarme, pero digo: "Mira qué inteligencia para encontrar la manera de seguir facturando, laburando y dándole a la gente un producto que aparentemente le gusta".

—¿Y Santiago del Moro en Intratables?

—Me gusta porque me parece un tipo que se ha sabido manejar. Trabajando en el programa más extremo en cuanto a la grieta, tiene una inteligencia para no meterse a fondo. Hay que estar tres horas ahí todos los días y que no se te salga la cadena. Y manejar esa movida. Quizá no lo considero el entrevistador que puedo considerar a Alejandro Fantino, me parece que quizás está más preparado.

—¿Ves este Animales sueltos?

—Muy poco. Lo veo porque lo extraño a Alejandro; en lo personal, soy muy amigo de él. La grieta también nos atraviesa. No entre nosotros, porque nunca va a existir grieta cuando hay amor de amigos verdaderos.

—¿Te hace ruido el tono?

—A mí no me gusta mucho el debate que se arma. Sí me gusta mucho cuando va con el Turco Asís, por ejemplo. O cuando él hace el mano a mano, para mí es un placer verlo.

—No te gusta la parte de la mesa periodística.

—Sí, me parece un poco más de lo mismo en cuanto a que hay mucho formato de eso, más allá de que indudablemente está integrada por periodistas… Pero tiene un sesgo político que yo no comparto. No es un programa que yo voy a ver más allá de que sé que los profesionales que están ahí son muy buenos. Yo disfruto de Alejandro y nos hablamos y decimos que extrañamos aquel formato mucho más frívolo pero mucho más entretenido, desde mi punto de vista, y ese champú que le metíamos a la gente en la cabeza antes de irse a dormir. Era como decirles: "Olvidate un poco del quilombito del día y andate a dormir con una sonrisa".

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