Se hizo famoso por ser el fotógrafo de Candelaria Tinelli (26). Sin embargo, ahora Bruno Giacco, más conocido como Max Chinaski, trascendió por algo mucho más grave: las acusaciones en su contra por violencia de género. Es que a la denuncia pública de Azul Amancay Wagata, una ex novia suya, se sumó el testimonio de otras dos mujeres que fueron pareja de él y que reafirman la versión.

La cédula judicial que recibió el fotógrafo
La cédula judicial que recibió el fotógrafo

Sin embargo, su abogado, Gustavo Daniel Tanús, advirtió que Giacco fue sobreseído en la causa presentada por Luciana Crottogini: el Juzgado Penal, Contravencional y de Faltas Nº 30 de la Ciudad de Buenos Aires consideró que la denuncia era falsa. Algo similar ocurrió con la acusación de Sofía Alejandra Perezlindo por violencia familiar: el juez le prohibió a la joven acercarse a Giacco, prohibiendo cualquier contacto posible entre ellos, incluso por terceros.

"Lo primero que me dijo es que era un alcohólico en rehabilitación. Desayunaba tomando, cuando salíamos lo tenía que traer arrastrando. Luego de viajar unos meses afuera por cuestiones familiares, volví y la historia se puso peor. Me insultaba cada vez más, se drogaba cada vez más. En una sesión de fotos con otros dos modelos, se deprimió y se tiró al piso, de la nada. Ante la pregunta de qué le pasaba, me respondió que él estaba dispuesto a matar por mí, y que yo debería matar a su ex novia, que él cree le roba fotos", fue uno de los testimonios de Wagata recogidos por El Destape.

Azul Amancay Wagata, su ex novia, fue la primera en denunciarlo
Azul Amancay Wagata, su ex novia, fue la primera en denunciarlo

"En cuanto a la fotografía, no me dejaba que me sacara fotos con otros colegas y yo accedía, pero en una oportunidad que acordé una sesión con un fotógrafo que respeto mucho, Bruno me llamó en medio de la sesión al son de que era 'una pu…', que me regalaba. Yo seguí con mi vida, pero él seguía llamándome para amenazarme. Que iba a aplastarle la cabeza a mi hermanito de un año, golpear a mi familia, o atentar contra mí. Después subí las amenazas que me hizo a las redes y se calmó", agregó.

Los otros casos

Si bien no trascendieron sus nombres, hubo otras dos mujeres que denunciaron vivencias similares a las de Azul. Una de ellas expresó: "Lo conocí hace cuatro años aproximadamente. Siempre fue muy manipulador y juega con tu lado mas débil. Una tarde estábamos en su casa y ya la relación no daba para más. Yo me quería ir y él no me dejaba salir de su casa, no era la primera vez que pasaba. No paraba de agredirme verbalmente diciéndome que era una pu…, que iba a matar a mi familia. Ante esto, yo lloraba. Intenté agarrar las llaves que él tenía en su mano y me pegó un cabezazo que me dejo tirada en el piso. No supe qué hacer, llamaba a mi mamá, en un acto reflejo de la niñez. Ante eso, agarró un cuchillo que tenía cerca y me dijo: ´Decile a tu mamá que te venga a buscar en la calle, que te voy a dejar en dos bolsas de consorcio´. Yo seguí llorando, sin saber que hacer".

Polémico y transgresor, en su Instagram abundan fotos de desnudos
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"Después de un rato se cansó y me dejó salir. Me fui corriendo y atiné a llevarme a su gata, a la que maltrataba. Después apareció en mi casa con la hermana y otra chica, las cuales me agredieron físicamente. Llegó la policía y mi ex novio, que se enteró de la situación. Terminaron detenidos. Después de esa vez, fui a pedir una orden de restricción y me ahí me enteré que él me había denunciado a mí. Decidí dejar todo ahí, rehacer mi vida, dejar a mi familia y amigos. Me fui al sur, a Río Negro. Él y la familia son de mi barrio, no quería salir a hacer las compras por miedo a verle la cara", agregó la joven.

La otra mujer relató: "Empecé a salir con Bruno en 2011, yo tenía 20 años. Con solo dos meses de relación, él empezó a ser violento. Aún así, se la dejé pasar, era una nena y no entendía. Para mí la vida empezaba y terminaba en él. Era muy engatusador, me mandaba mails pidiéndome que lo perdone. La realidad es que me ca… a palos, básicamente, y encima en su casa, donde su familia estaba presente. Ellos escuchaban los gritos, la hermana nos separaba, la familia estaba ajena a toda la situación. La violencia era continua. Comenzó por partirme el teléfono. Me pegó en la cabeza una vez, me ahorcaba, me zamarreaba, él estaba mal y yo también. Pasó el tiempo y seguíamos juntos, nos separábamos, volvíamos, él estaba en paralelo con otras mujeres".

"El punto de crisis fue en una discusión en plena calle. Me agarró y la gente nos separó. Debí hacer la denuncia ese día pero estaba asustada. El límite fue un día que, mientras yo estaba en un asado, vino a buscarme a mi casa. Se había tomado como veinte pastillas de Rivotril y con una botella en la mano. Tocó el timbre, mi papa bajó, lo corrió y se escapó", recordó.

"Como no estaba golpeada cuando fui a la comisaría, solo me tomaron la denuncia como ´amenazas´. Inmediatamente después, temeroso, empezó a mandarme mensajes. No lo vi nunca más. Le hice la denuncia en la Fiscalía de la mujer, le tomaron declaraciones y las huellas digitales, está todo en la Justicia. Pasado un año, nos tuvimos que mudar de casa, cambiamos los números de teléfono. Recibía amenazas de él de que iba a salir con un cuchillo a buscarme. Decidí irme a vivir a los Estados Unidos. Pese a que mi abogada me dijo que no me preocupara, la defensoría alegó que, como no estaba en el país, no podía dar declaración vía Skype. Todo quedó ahí, pero al año me contactó otra chica: ´Bruno decía que eras una enferma, pero ahora te entiendo, acabo de venir de la comisaría, me dijo", concluyó.

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