Rosalía llegó a Buenos Aires en la madrugada del jueves con el mismo sigilo con el que se mueve en cada ciudad: sin anuncios, sin fans en la puerta y con un operativo de hermetismo que ni siquiera su propio club de seguidores logró anticipar. La artista española, que agotó cuatro funciones en el Movistar Arena en tiempo récord, aterrizó en medio de una expectativa enorme y una polémica que la precede: días atrás había reposteado un video en contra de la selección argentina tras la final del Mundial 2026, un gesto que encendió las redes y que tiñó de tensión su arribo al país.
El cronista Alfonso, enviado por Intrusos (América TV) a cubrir la llegada, confirmó desde la puerta del hotel los detalles del operativo: “En medio de un hermetismo total llegó Rosalía. Hizo su arribo en horas de la madrugada en el aeropuerto de Ezeiza por vuelo privado. Y fue tal el hermetismo que ni siquiera las fans sabían. Recién estuvimos hablando con una de las chicas del club de fans. Me decían que no sabían nada, que de hecho se están enterando ahora y por los medios y por la información que circuló en las últimas horas”.
La decisión de mantener en reserva los detalles de la llegada no fue casual. Según explicó el mismo cronista, el hermetismo respondió a una combinación de factores: “Entendemos que fue por darle seguridad o porque la gente no se enterara y por miedo a algún escrache también, que mantuvieron este hermetismo en cuanto a la llegada de Rosalía”.
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La cantante se instaló en la suite presidencial de uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, un espacio que a lo largo de los años recibió a algunas de las figuras más grandes de la música mundial. El conductor Rodrigo Lussich repasó la lista desde el piso del programa con evidente entusiasmo: Madonna, Axl Rose, Xuxa, Ricky Martin, los Rolling Stones y Luis Miguel, entre otros.
Mientras los conductores debatían los detalles de la suite, la imagen que se veía desde las cámaras del programa contrastaba con la magnitud del fenómeno: una sola fan esperaba en la puerta del hotel. El cronista Alfonso lo confirmó con cierta sorpresa: “Tenemos una fan que ya se hizo presente. Ahí está llamando a sus amigas”. Desde el estudio, Adrián Pallares no pudo evitar el comentario: “Ay, pobre, es la única fan”. La explicación más lógica era el horario y el hermetismo del arribo: “Es muy temprano”, intentó matizar Alfonso. “Hace frío, hace frío”, agregó. Al rato se sumó otra.
La panelista Paula Varela aportó datos sobre los requerimientos habituales de la artista, obtenidos a través de fuentes del entorno de la producción. “Mirá, no suele pedir cosas excéntricas. Lo que sí suele pedir son prioridades en logística”, le respondieron desde ese círculo. Los requerimientos conocidos, según esa misma fuente, se concentran en la seguridad: “Seguridad privada, reserva de plantas completas o áreas de acceso totalmente restringidas”. Y un detalle que resultó especialmente gráfico dado el panorama que mostraban las cámaras: “No le gustan los fanáticos en los lobbies”.
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Varela también señaló que la artista suele pedir “comodidades para su equipo que esté cercana a ella”, lo que completó el perfil de una figura acostumbrada a moverse con precisión logística y sin margen para la improvisación. El cronista Alfonso cerró el panorama con una observación que lo resumía todo: “Igual está tranquila porque no la puede ver nadie”.
Con cuatro shows programados en el Movistar Arena, todos agotados, y una polémica que aún no se disipó del todo, Rosalía comenzó su estadía porteña en el silencio de una madrugada fría, sin fanáticas en la puerta y con el mármol de una suite presidencial como única audiencia.