Nicolás Cabré atraviesa días de pura felicidad familiar. Aprovechando que la madre de su hija Rufina, la China Suárez, viajó a Estados Unidos junto a Mauro Icardi para unas vacaciones sin hijos, el actor disfruta semanas enteras junto a la niña en su casa. El miércoles por la tarde, la semifinal del Mundial 2026 se convirtió en el centro de todas las miradas: la Selección Argentina logró una hazaña histórica al vencer a Inglaterra y sellar el pase a la final por segundo torneo consecutivo, desatando festejos en todo el país y en cada hogar donde la pasión futbolera se vive a flor de piel.
Las redes sociales de la familia Cabré-Pardo se llenaron rápidamente de videos y fotos que reflejaron la emoción y la alegría compartida. Rocío Pardo, esposa de Cabré, fue quien primero documentó la previa y el partido. En uno de los videos, Rufina apareció en el jardín, vestida con la camiseta titular de la Selección y un pantalón animal print, cantando a todo pulmón “La Cuarta estrella”, la canción de Palmito que se transformó en himno de esta Copa del Mundo. La escena resumió el clima de ilusión y energía que predominó en cada rincón del país.
Durante los noventa minutos del partido, la tensión se instaló en el living familiar. Nicolás permaneció de pie, atento a cada jugada, mientras el resto de la familia siguió el partido sentados, expectantes frente a la pantalla. La atmósfera fue de nerviosismo compartido, con miradas fijas y silencios que solo rompía algún gesto de ansiedad.
PUBLICIDAD
Finalmente, cuando el árbitro estadounidense marcó el final del encuentro y la victoria argentina se hizo realidad, la casa estalló en gritos, aplausos y abrazos. Rocío y Rufina fueron las primeras en celebrar, saltando y festejando la victoria en el living, mientras el resto del grupo se sumó a la explosión de alegría.
La jornada quedó inmortalizada en una foto que la familia compartió tras el partido. En la imagen, el actor de Botineras apareció recostado en el sillón, rodeado por su esposa, Rufina, Camila Pardo y Alicia Bollo —hermana y madre de Rocío-. Todas lucieron sonrientes, algunas con la camiseta de la Selección y otras con ropa cómoda, en una escena espontánea que transmitió la calidez y la unión familiar en un día inolvidable para el fútbol argentino.
El festejo en la casa Cabré Pardo fue apenas una muestra de lo que se vivió en miles de hogares de todo el país. La clasificación a la final, que se jugará el domingo 19 de julio a las 16 (horario argentino) ante España, reavivó el sueño del bicampeonato y multiplicó las muestras de emoción colectiva.
PUBLICIDAD
Cabe recordar que la pequeña divide su vida entre Argentina y Turquía debido a que su madre comenzó una relación con el delantero del Galatasaray y tomó la decisión de instalarse en Estambul. Es por eso que el actor de Gasoleros aprovecha cada oportunidad que tiene para estar con su hija.
Semanas atrás, Nicolás dio una entrevista íntima a Luis Novaresio para su programa en A24 y allí el actor describió cómo la paternidad cambió sus prioridades y remarcó que el bienestar de su hija es el eje de todas sus decisiones.
Cuando Rufina decidió mudarse a Turquía para acompañar a su madre y al futbolista, en medio de la alta exposición que tiene su expareja, Cabré reconoció el desafío personal que implicó aceptar y acompañar el deseo de su hija. “Rufina eligió vivir en un país nuevo, con amigos nuevos. Decidió querer vivir esa aventura y no me quedó otra que acompañarla”, expresó el actor, dejando en claro que el bienestar de la niña prevalece sobre sus propios deseos.
PUBLICIDAD
El actor de la comedia teatral Ni media palabra sostuvo que, desde la llegada de Rufina, su vida cambió radicalmente. “Cuando fui padre, dejé de ser el centro del universo”. El actor remarcó que la paternidad implica dejar de ocupar el lugar principal para pasar a un rol de acompañamiento. “Estoy orgulloso de ser así”, confesó.
La distancia, reconoce, no es sencilla de sobrellevar. “La extraño y es difícil cuando uno pierde la cotidianeidad”, admitió, refiriéndose a cómo la rutina y los pequeños momentos compartidos se vuelven más valiosos con la ausencia.