El éxito comercial del MacBook Neo ha empujado a Apple a una encrucijada delicada: la escasez de chips que sostiene su modelo de portátil más reciente obliga a la compañía liderada por Tim Cook a escoger entre dos caminos costosos, mientras la demanda sigue en aumento.
Como señaló Ben Thompson, analista en tecnología, la arquitectura interna del dispositivo revela que los procesadores instalados en el Neo no fueron diseñados originalmente para él, sino que son unidades sobrantes que Apple rescató del proceso de fabricación de otros productos, transformando un exceso en una ventaja competitiva.
De dónde vienen los chips usados en el MacBook Neo
El origen de este modelo reside en una estrategia industrial poco convencional. En la última fase de producción del chip A18 Pro, utilizado en el iPhone 16 Pro y fabricado por TSMC, un porcentaje de unidades presentaba uno de sus seis núcleos de GPU defectuoso.
Lo habitual habría sido descartar estas piezas, pero Apple optó por integrarlas en el MacBook Neo, tras desactivar el núcleo defectuoso y dejando el procesador funcional con cinco.
Esta jugada permitió a la empresa lanzar el dispositivo en el mercado estadounidense a 599 dólares, manteniendo la rentabilidad gracias al aprovechamiento de un insumo que, en otras condiciones, habría sido desechado.
Como resultado, la oferta de este portátil con componentes “gratuitos”, según Thompson, resultó en la mejor semana de lanzamiento de todos los tiempos para los nuevos clientes del Mac, según detalló Tim Cook dos semanas después de abrirse las reservas.
Cuál es la demanda actual de los modelos Macbook Neo de Apple
Actualmente, todas las configuraciones del MacBook Neo en la tienda oficial presentan plazos de entrega de dos a tres semanas, señal de la extraordinaria demanda y de un problema de suministro subyacente.
El plan original de la empresa consistía en fabricar entre cinco y seis millones de unidades con el chip A18 Pro, antes de avanzar hacia una nueva generación.
Sin embargo, la aceleración de ventas ha superado cualquier previsión y ha agotado el stock de estos procesadores en un lapso mucho más corto del estimado, mientras el debut de un sucesor todavía requiere tiempo.
Cuáles son los retos que plantea tener nuevos chips para la MacBook Neo
Obtener más chips A18 Pro no es tan sencillo como realizar un nuevo pedido industrial. La planta de TSMC asignada al proceso N3E opera a plena capacidad.
Las alternativas para Apple son dos: pagar un alto sobrecoste para asegurar una nueva remesa de procesadores o reasignar parte de su cuota de producción, desplazando recursos de otros dispositivos. Ambas opciones implican un gran aumento de costes frente a la situación inicial, en la que los chips habían sido considerados excedentes.
En cifras, la diferencia potencial de costes puede modificar el equilibrio de márgenes de toda la línea MacBook Neo, un motivo por el cual la compañía se muestra reticente a tomar una decisión acelerada. Otra posibilidad sería acelerar la introducción de la segunda generación del dispositivo.
Fuentes de la cadena de suministro asiática anticipan que este sucesor estará equipado con el A19 Pro, el mismo chip ya visto en el iPhone 17 Pro, que incluye 12 GB de RAM unificada, un salto notorio desde los 8 GB del modelo actual, y repetiría el esquema de GPU con cinco núcleos activos.
Esta estrategia, aunque elevaría las capacidades del MacBook Neo, entraña el riesgo comercial de anunciar una renovación del producto antes de tiempo, lo que podría paralizar las ventas del modelo vigente.
En cualquier caso, la extensión de los plazos de entrega parece inevitable, por la presión sobre el suministro y la decisión sobre el camino que tomará la empresa.