El fenómeno de los therians, personas que se identifican profunda y de forma involuntaria con un animal específico, ha desbordado los límites de internet para instalarse en el espacio público de ciudades como Buenos Aires y Montevideo, generando un intenso debate sobre identidad.
Esta tendencia, que se ha popularizado mediante videos que acumulan millones de reproducciones en TikTok e Instagram, impulsa visibilidad y discusiones que trascienden la subcultura para interpelar a la sociedad acerca de los límites de la diversidad.
En el último año, videos virales muestran a jóvenes desplazándose sobre cuatro extremidades, luciendo máscaras y colas de animales, replicando conductas que la comunidad therian denomina “quadrobics”.
Estos contenidos, además de memes y tutoriales, dispararon la polémica luego de episodios como el caso de un therian que mordió a una niña en Buenos Aires o encuentros masivos en plazas de México y Uruguay.
La exposición masiva divide opiniones: mientras algunos usuarios defienden el derecho a la autoexpresión, otros interrogan los límites de la convivencia en espacios compartidos.
De dónde viene el término ‘therian’
La identidad ‘therian’ tiene raíces conceptuales en la palabra “therianthropy”, compuesta por términos griegos para “bestia” y “ser humano”.
Si bien relatos mitológicos describían transformaciones entre ambos reinos, la noción moderna surgió en los años noventa dentro de comunidades digitales, donde personas comenzaron a compartir vivencias de identificación interna —ya sea espiritual o psicológica— con animales no humanos.
Dentro de la jerga de la comunidad, este animal se llama “teriotipo”, y los más comunes son lobos, perros, zorros y diversos felinos.
Qué se necesita para ser catalogado como un ‘therian’
El uso de máscaras, colas y la práctica de quadrobics, correr, saltar o moverse como el teriotipo, constituyen expresiones públicas de esta identidad.
Quienes se definen como therians aseguran que la suya no es una performance deliberada ni un disfraz, sino una vivencia integral que se manifiesta, muchas veces, mediante rutinas físicas.
Especialistas consultados aclaran que la mayoría de los therians limita sus prácticas a espacios recreativos o en tiempos de ocio, y suelen ser jóvenes pacíficos cuya expresión se da principalmente en grupos y plazas.
Cómo fue posible que el fenómeno ‘therian’ se volviera viral y qué reacciones hay
La difusión en plataformas como TikTok ha sido clave: tutoriales y videos de therians protagonizan tendencias entre adolescentes, generando tanto identificación como burla o desconcierto. En Montevideo, una convocatoria en TikTok derivó en una reunión en la Plaza Independencia que atrajo atención mediática.
El fenómeno adquirió especial notoriedad en Buenos Aires tras la viralización de adolescentes con máscaras de lobos y zorros, lo que provocó un auge de comentarios, memes y debates en redes.
Estos episodios generan reacciones encontradas. Por un lado, defensores de la subcultura insisten en su carácter inofensivo y en la importancia de validar las búsquedas identitarias.
Por otro lado, surgen interrogantes sobre los límites de la normalización, en particular tras incidentes como el mordisco a una menor. La visibilidad mediática potencia tanto la integración como los prejuicios, en un contexto de transformación cultural acelerada por la tecnología.
Qué diferencias existen con otras culturas virales en internet
Aunque es común que se asocie a los therians con la subcultura furry, existen diferencias. Los furries, cuya presencia se consolidó en convenciones de ciencia ficción en los años ochenta, forman parte de un fandom artístico y lúdico dedicado a animales antropomórficos, utilizando disfraces integrales denominados “fursuits”.
Por el contrario, la identificación therian es considerada fragmentaria e involuntaria, centrada en un lazo íntimo con una especie específica y no en la representación de un personaje ficcional.
La viralidad del fenómeno ha ampliado las formas de socialización para quienes comparten esta identidad, al tiempo que genera incomodidad o confusión en parte del público general.
Asimismo, algunos expertos desestiman que se trate de un movimiento nuevo, sino de la proyección contemporánea de comunidades y vivencias que, hasta la explosión de las redes sociales, permanecían relegadas al ámbito privado.