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Las consecuencias del 11-S que cambiaron el rumbo de Estados Unidos y permitieron el avance de China

El analista Fabián Calle explicó cómo las guerras en Afganistán e Irak absorbieron recursos de Washington y desplazaron el foco estratégico hacia Medio Oriente, mientras el país asiático fortalecía su posición internacional

Fabián Calle explicó cómo los atentados del 11 de septiembre fueron parte de una estrategia deliberada de Osama bin Laden para desviar el foco de Estados Unidos hacia Medio Oriente, involucrándolo en costosas guerras en Afganistán e Irak.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reorientaron la política exterior de Estados Unidos hacia Medio Oriente y relegaron la atención que Washington comenzaba a dedicar a China, una consecuencia que, para el analista internacional Fabián Calle, condicionó la competencia estratégica entre ambas potencias durante las dos décadas posteriores.

La respuesta militar estadounidense se prolongó durante 20 años en Afganistán e Irak. Calle sostuvo que ese desenlace coincidió con el objetivo de Al Qaeda: llevar a Washington a guerras extensas que consumieran recursos, capacidad militar y prestigio internacional.

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Los ataques golpearon símbolos del poder económico y militar estadounidense: las Torres Gemelas, en el distrito financiero de Nueva York, y el Pentágono. Antes de esa jornada, el crecimiento de China ya aparecía como el principal desafío internacional para Estados Unidos, pero la intervención en Afganistán desplazó esa prioridad.

Los atentados del 11 de septiembre de 2001 reorientaron la política exterior de Estados Unidos hacia Medio Oriente y desplazaron la prioridad que Washington empezaba a dar a China (Pedro Cárdenas)

Al Qaeda y la apuesta por arrastrar a Washington a Medio Oriente

Al Qaeda surgió, según explicó Calle en Infobae Al Mediodía, después de la Guerra del Golfo de 1990 y 1991, cuando Estados Unidos desplegó cerca de medio millón de soldados en Arabia Saudita para recuperar Kuwait, invadido por Irak.

Osama bin Laden y otros combatientes propusieron al rey saudí enfrentar a Irak sin tropas estadounidenses, pero el monarca optó por la presencia militar de Washington. La organización fue creada en 1992 con la meta de expulsar a Estados Unidos de Arabia Saudita y del mundo islámico.

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Calle definió ese propósito con una fórmula atribuida a la organización: “El objetivo es echar a Estados Unidos de Arabia Saudita y de la Umma”, la comunidad islámica.

Antes del 11 de septiembre, Al Qaeda había cometido atentados en África y atacado un barco en el Golfo. Bin Laden anticipó ante su entorno que atacaría a Estados Unidos para inducir una intervención militar estadounidense en Medio Oriente.

El objetivo consistía en que Washington “gaste hombres, plata, recursos, prestigio y fracase”, expresó Calle. Para el analista, la forma de medir el resultado estratégico de un atentado exige observar la reacción que busca el atacante: “Si vos hacés lo que el terrorista quiere que hagas, ganó estratégicamente”.

Fabián Calle sostuvo que Al Qaeda buscó arrastrar a Estados Unidos a guerras largas en Afganistán e Irak para consumir recursos, capacidad militar y prestigio internacional (Wikipedia)

Afganistán e Irak, las campañas que absorbieron recursos y tropas

Estados Unidos disponía de una alternativa limitada para responder a los ataques: una operación de seis meses en Afganistán, destinada a destruir objetivos identificados y retirar luego a las tropas. Calle atribuyó esa propuesta al general Eric Shinseki, entonces jefe del Ejército estadounidense.

La fórmula planteada por Shinseki era directa: “Entramos a Afganistán seis meses, rompemos lo que tenemos que romper y nos vamos”. El poder político descartó esa opción, de acuerdo con el analista.

La invasión de Irak quedó bajo cuestionamiento porque, según Calle, el país no tenía vínculos con Al Qaeda y Sadam Hussein enfrentaba a la organización. La caída de su gobierno, añadió, favoreció a Irán debido a la mayoría chiita iraquí.

Si lo democratizás, los que ganan son los proiraníes”, afirmó Calle. El analista señaló que los neoconservadores influyeron en la decisión política dentro del Pentágono y rechazaron las alternativas presentadas por el Ejército.

Shinseki renunció tras ese desacuerdo, según su relato. George W. Bush recurrió después a un general retirado para conducir el Ejército durante varios años.

Los ataques del 11 de septiembre golpearon las Torres Gemelas y el Pentágono, dos símbolos del poder económico y militar de Estados Unidos (Photo by SETH MCALLISTER / AFP)

Las guerras de Afganistán e Irak costaron, según estimó Calle, 2,5 trillones de dólares y dejaron 7.000 militares estadounidenses muertos, heridos y suicidios. Durante ese período, China se convirtió en compradora de bonos estadounidenses, cuyos recursos ayudaron a financiar las campañas de Washington.

A comienzos de 2001, un incidente entre un avión estadounidense Orion y fuerzas chinas había encendido alertas en Washington por el ascenso de Pekín. Sin embargo, la concentración de recursos y atención fuera de Asia-Pacífico permitió, según el análisis, que China avanzara mientras Estados Unidos se involucraba en conflictos de otra naturaleza.

Las campañas también orientaron al Ejército estadounidense hacia guerras irregulares, una preparación que Calle consideró insuficiente para la competencia con potencias como China y Rusia. Estados Unidos perdió en Afganistán y no resolvió la situación en Irak, sostuvo.

Los talibanes recuperaron el poder en Afganistán con armamento abandonado por las tropas estadounidenses. “Después de veinte años no solo están los talibanes, sino que están mucho más organizados, mejor armados”, dijo Calle, al mencionar uniformes, chalecos antibalas, visores nocturnos, vehículos Humvee y helicópteros.

La opción de una intervención breve en Afganistán atribuida al general Eric Shinseki fue descartada por el poder político de Estados Unidos (EFE)

América Latina, relegada tras el cambio de prioridades

América Latina perdió espacio en la agenda de Washington después de los atentados, según Calle. Funcionarios estadounidenses comunicaron que la región había desaparecido de su radar, mientras la atención del gobierno se concentraba en Medio Oriente.

Esa pérdida de prioridad coincidió con la crisis argentina de diciembre de 2001. El analista afirmó que Estados Unidos no colocó entre sus urgencias el respaldo financiero que Argentina requería en ese período.

George W. Bush había comenzado su presidencia con una agenda dirigida hacia México y América Latina, pero los atentados modificaron ese rumbo. El vacío regional facilitó la expansión de China y, en menor medida, la presencia de Rusia e Irán, junto con cambios políticos en distintos países latinoamericanos.

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