Hay amistades que nacen en la infancia y sobreviven al paso del tiempo. Otras se fortalecen con los años, pero pocas logran atravesar continentes, matrimonios, hijos, mudanzas y miles de kilómetros sin perder la conexión.
Por eso, cuando 18 amigas decidieron reunirse en Río de Janeiro para celebrar sus 40 años, el viaje se convirtió en mucho más que unas vacaciones: fue la confirmación de un vínculo construido durante 35 años.
“¿Qué probabilidades hay que 18 amigas coincidamos en un viaje? Un año de idas y vueltas, de distintas partes del mundo, costó en todos los sentidos pero se logró. No solo cumplimos 40 años sino también 35 años de amistad y eso se celebra”, escribió la influencer Ángeles “Yiyi” Martínez Pita en su Instagram @inspirandohogares junto a un video que rápidamente despertó admiración y emoción.
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Detrás de esas imágenes había una historia que comenzó mucho antes de Río.
Una amistad que nació en el jardín de infantes
La mayoría de las integrantes del grupo se conocieron en las salas de tres, cuatro y cinco años de un colegio de Mar del Plata. Algunas mantienen la amistad desde 1990. Otras, como Yiyi, se sumaron algunos años después, cuando ingresaron a la escuela primaria.
Lo extraordinario no es solamente el tiempo transcurrido, sino la permanencia del vínculo. A diferencia de muchos grupos escolares que se diluyen con los años, ellas siguieron acompañándose en cada etapa de la vida.
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“Yo pensaba que era lo normal, que los amigos del colegio eran para toda la vida. Después me di cuenta de que no siempre pasa”, admitió Yiyi en diálogo con Infobae. “Mientras muchos construyen sus amistades más fuertes en la universidad o el trabajo, como le sucedió a mi marido, reconozco que mi núcleo afectivo sigue siendo aquel que conocí durante la infancia”, agregó.
Actualmente las amigas viven dispersas por distintos puntos del mundo. Algunas permanecen en Mar del Plata (como Constanza Pernice, Rosario Antonelli, Rocío Errecaborde, Milagros Memoli, Carolina Calvo, Clara Varela, Josefina Nicolau, Paula Serantes y Rosario Darmandrail); otras se instalaron en Capital Federal (como Martina Lorenzo, Sofía Thibaud, Clara Sánchez Terrero, Mercedes Estelrich y Celina), Miramar (como Yiyi) y Bariloche (como Magdalena Sanguinetti). También hay integrantes radicadas en Madrid, España (como Julieta Mazza); Sídney, Australia (como Mariana Ballestrin); y San Francisco, Estados Unidos (como Rosario De Luccia).
A pesar de las distancias, el grupo nunca perdió el contacto. Un chat de WhatsApp funciona como punto de encuentro permanente. Allí comparten novedades, organizan reuniones y celebran acontecimientos importantes.
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“Siempre estamos en contacto. Cuando alguna viaja a una ciudad donde vive otra, tratamos de encontrarnos. No es que nos vemos una vez por año para un reencuentro. Pueden pasar años sin vernos todas juntas y, a pesar de eso, la relación sigue viva”, explicó Yiyi.
El desafío de coordinar 18 agendas
La idea del viaje no surgió de un día para otro. Demandó aproximadamente un año y medio de organización. “Coordinar a 18 mujeres de 40 años implica enfrentar una complejidad enorme. Muchas son madres, tienen hijos pequeños, responsabilidades laborales y compromisos familiares”, precisó Yiyi.
Además, había que encontrar una fecha que funcionara para todas. “Al principio era imposible coincidir. Una tenía el cumpleaños de un hijo, otra un compromiso laboral, otra no podía viajar en determinadas fechas”, recordó.
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Después de incontables conversaciones, encuestas y negociaciones, agosto apareció como el mes ideal y se acordó que sería del 9 al 16 de agosto. Pero la fecha era apenas una parte del desafío. También había que resolver cuestiones económicas.
“El grupo decidió que ninguna amiga se quedara afuera por falta de dinero. Tanto fue así que entre todas reunimos fondos para pagarle el viaje a una integrante que no podía afrontar los gastos. Fue una sorpresa para ella. Entre todas logramos que pudiera viajar”, contó Yiyi emocionada sobre ese gesto que terminó convirtiéndose en uno de los símbolos más fuertes de la experiencia.
La elección del lugar y la sorpresa más emocionante
Cuando llegó el momento de decidir el destino, las opciones eran muchas. Sin embargo, Río de Janeiro reunía varias condiciones importantes. “Por un lado, ofrecía playa y clima de vacaciones. Por otro, era un punto relativamente accesible desde los diferentes lugares de origen. Queríamos salir de Buenos Aires, tener playa y hacer un viaje lindo sin que fuera tan lejos o tan costoso”, explicó sobre el escenario perfecto que ofrecía esa ciudad brasileña.
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Aunque el clima no acompañó demasiado. Contra todas las expectativas, las amigas se encontraron con jornadas frescas, lluvias y temperaturas cercanas a los 20 grados. “La verdad es que nos tocó un clima bastante malo. La parte de playa fue limitada”, admitió Yiyi. Sin embargo, nada logró empañar el objetivo principal: estar juntas.
Otro de los momentos que resumió el espíritu del viaje también ocurrió antes de despegar. Mariana Ballestrin, radicada en Sídney, Australia, había dado a entender que no podría participar. Las demás creían que su ausencia era definitiva. Pero una amiga conocía el secreto.
“Cuando el grupo estaba a punto de embarcar, Mariana apareció inesperadamente en Aeroparque. La emoción fue inmediata. No solo porque había viajado desde el otro lado del mundo para reunirse con ellas, sino porque además estaba embarazada de un bebé muy esperado”, recordó Yiyi.
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“Fue una sorpresa enorme. Había sido un embarazo que le había costado mucho lograr y verla llegar así, con pancita de 4 meses, fue muy emocionante para todas”, detalló sobre esa escena que provocó lágrimas, abrazos y una sensación compartida de que el esfuerzo organizativo ya había valido la pena.
Seis días para volver a ser adolescentes
Una vez instaladas en Río, las amigas comenzaron a disfrutar de una rutina muy distinta a la habitual. No hubo excesos ni noches interminables. La mayoría estaba más interesada en conversar, ponerse al día y compartir tiempo juntas que en salir de fiesta.
“Fuimos un grupo muy tranquilo. Algunas todavía estaban amamantando y se sacaban leche durante el viaje. La idea era compartir, charlar y disfrutar de la amistad”, contó Yiyi.
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Las jornadas transcurrían entre caminatas, excursiones, visitas al casco histórico de la ciudad, momentos de playa cuando el tiempo lo permitía y largas sobremesas. “Como suele ocurrir en los grupos numerosos, también aparecieron pequeños subgrupos espontáneos. Mientras algunas madrugaban para caminar por la costa, otras preferían dormir hasta tarde. Algunas elegían salir de compras y otras recorrer museos o sitios históricos”, describió.
Aun así, procuraban compartir al menos una actividad diaria entre todas. “Siempre había un momento del día para encontrarnos y cenar juntas”, explicó.
El detalle que ayudó a unir al grupo
Una de las organizadoras, Clara Varela, tuvo una idea sencilla pero efectiva para darle identidad al viaje. El grupo eligió gorras de distintos colores que funcionaron como símbolo de pertenencia. “Aunque la votación para definir los colores generó algunas confusiones y risas, finalmente cada una recibió la gorra que había elegido”, remarcó Yiyi.
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También hubo un cuidadoso trabajo de organización para distribuir las habitaciones. “Dormíamos de a tres y la conformación de los cuartos resultó clave para el éxito de la convivencia”, precisó. “Nadie podía elegir porque si no iba a ser un problema. Clara armó los grupos y fue increíble lo bien que quedaron”, aseguró.
La distribución permitió que cada una compartiera momentos más íntimos con las amigas con las que tenía mayor afinidad, sin perder la dinámica colectiva.
Las ausencias que se sintieron
Aunque el grupo logró reunir a 18 amigas, hubo algunas ausencias inevitables. La más significativa fue la de Astrid, una de las amigas más cercanas a Yiyi, que vive en Irlanda y estaba a punto de dar a luz. “Era imposible que viajara. Estaba embarazada y enfocada en otra etapa de su vida”, señaló. Aun así, su ausencia se sintió durante toda la experiencia.
Paradójicamente, otra integrante sí logró asistir pese a haber sido mamá recientemente. “Contra todos los pronósticos, dejó a su bebé de apenas unos meses para sumarse al encuentro. Cada historia implicó sacrificios personales y familiares”, remarcó Yiyo. Por eso, la presencia de las 18 participantes terminó siendo celebrada casi como una “hazaña”.
Para muchas, viajar significó alejarse de sus hijos por primera vez. Yiyi, madre de cuatro chicos, reconoce que inicialmente dudó en sumarse. “La logística familiar era compleja y la idea de ausentarse durante varios días no me resultaba sencilla”, reconoció. Sin embargo, encontró en su marido un aliado fundamental. “Me dijo: ‘Te vas porque te vas a arrepentir si no lo hacés. Andá que yo me quedo con los chicos’”, recordó, cuando todavía estaba indecisa.
Con el paso de los meses y a medida que más amigas confirmaban su presencia, entendió que no podía perderse la experiencia. “Cuando vi que ya eran doce, trece y seguían sumándose, pensé que no podía quedarme afuera”, admitió.
Sus hijos también terminaron comprendiendo la importancia del viaje. Aunque al principio preguntaron por qué ellos no podían acompañarla, finalmente entendieron que era un momento especial para su mamá.
Un final inesperado
Cuando todo parecía perfecto, una noticia dolorosa alteró los últimos momentos del viaje. Durante la estadía en Río, Yiyi recibió la noticia de la muerte de Nicolino, su perro labrador. El impacto emocional fue enorme. “Los últimos días fueron muy difíciles. Yo ya quería volver”, confesó.
Sus amigas la acompañaron y modificaron algunos planes para contenerla. La última noche, que originalmente podía haber terminado con una salida más festiva, se transformó en una reunión mucho más tranquila. “Lloré muchísimo. Ellas estuvieron ahí acompañándome”, aseguró.
A pesar de la tristeza, ese acompañamiento también terminó reafirmando el valor de la amistad que habían construido durante décadas.
Cuando regresaron a sus ciudades, países y continentes, todas coincidieron en algo: el esfuerzo había valido la pena. Lo que parecía imposible se había concretado.
Dieciocho mujeres provenientes de Argentina, España, Australia y Estados Unidos lograron encontrarse en un mismo lugar para celebrar no solo una fecha de cumpleaños, sino una historia compartida. Una hecha de patios escolares, actos de fin de año, adolescencia, casamientos, nacimientos, mudanzas y miles de mensajes intercambiados durante décadas.
Quizás por eso, mientras caminaban por Río de Janeiro, muchas sintieron que el tiempo no había pasado. “Somos unas bendecidas en tenernos”, escribió Yiyi en su publicación de Instagram.
Porque más allá del viaje, las playas o las fotos, lo que celebraron en Río fue algo mucho más difícil de conseguir: una amistad capaz de atravesar 35 años sin perder su esencia.