“La monogamia es inviable”

Creo que las parejas se dividen en dos clases. Las que aguantan (la infidelidad del otro o la represión de sus deseos) y las que no aguantan (la infidelidad o la represión). Pero más allá de que las estadísticas estén a favor del último grupo, ambas alternativas parecen pobres

"Díganme con honestidad: ¿quién se anima a amar sin controlar, a dejar de exigir que la otra persona sea como necesitamos que sea?" (Imagen Ilustrativa infobae)

Hace tiempo que pienso que la monogamia es insostenible. No es realista.

Hay una idea muy común de que elegir implica descartar. Pero en este caso elegir no es descartar algo, sino todo, y para siempre. Olvidarnos absolutamente del mundo, excepto de lo que elegimos. Creo que eso es inviable y que solo puede parecer posible mientras estamos bajo el efecto alucinógeno del enamoramiento. Pero cuando empieza a bajar la intensidad de ese estado, la realidad vuelve a aparecer y entonces nuevamente somos capaces de ver y desear otras personas.

Creemos que nuestros deseos están mal, cuando en realidad son algo que existe y que a lo sumo reprimimos. Por eso me molesta cuando alguien habla de traición o me provoca preguntando si me gustaría que me fueran infiel. Lo que me gustaría es sincerar lo que nos pasa. Y también, dejar de decirle infidelidad.

Read more!

Es como si por tener una comida favorita, tuviésemos que comer ese único plato durante toda la vida: algo que nos encanta va a terminar hartándonos. Es una ley emocional y física, cuanto más reprimimos algo, más importancia cobra. La represión genera compulsión. ¿O alguien no pasó por la experiencia de hacer dieta? Cuanto más estricta es y más se prolonga en el tiempo, más traumática es la salida. Pasamos de la represión extrema al descontrol absoluto, sin siquiera poder disfrutar el momento de desenfreno. ¿Por qué la monogamia sería diferente?

Es un tema difícil, incluso quizás sea el tema, porque hay muchas emociones en juego. La necesidad de ser amados. La amenaza de que otro nos quite lo que creemos que es nuestro. La vulnerabilidad que sentimos ante la posibilidad de perderlo. El temor a que el otro no nos quiera más. La equiparación entre amor y sexo. El abismo que existe entre nuestras creencias y la realidad.

¿Por qué no podemos hablar de todo esto que nos atraviesa? ¿Por qué preferimos hacer como si no existiera hasta que nos explota en la cara?

No tengo claro cómo salir de este laberinto, pero sé que es inviable seguir sosteniéndolo como hasta ahora.

Quizás un primer paso sea tratar de involucrar al otro en lo que nos pasa. Escucharnos. ¿Es posible hacerlo sin juzgar? ¿Dejar de pretender imponernos mutuamente cómo deberíamos ser? Somos esto. ¿No sería un alivio poder mostrarnos sin miedo y hablar con nuestra pareja con la misma sinceridad con la que podemos conversar de este tema con un amigo?

Tal vez la pregunta más importante sea qué entendemos por amor. Puedo imaginar un coro de personas diciendo que el amor no es hacer sufrir al otro. Me pregunto entonces si el verdadero amor le impone al otro qué sentir y cómo actuar. ¿No nos ayudaría más sincerarnos y reconocer que nos desestabiliza pensar que nuestra pareja pueda acostarse con otra persona?

Hace poco leí una encuesta que me impresionó. La pregunta era: “Si hacia el final de tu vida tuvieras que elegir entre que tu pareja te haya sido fiel a costa de haberse reprimido mucho, o haya sido infiel y vivido lo que necesitaba vivir, sin por eso haber dejado de elegirte, ¿qué preferirías?”. El 77% prefería que su pareja se hubiera reprimido mucho. Y yo que creía que el amor era ayudar al otro a ser quien es.

En el fondo, creo que las parejas se dividen en dos clases. Las que aguantan (la infidelidad del otro o la represión de sus deseos) y las que no aguantan (la infidelidad o la represión). Pero más allá que las estadísticas estén a favor del último grupo, ambas alternativas parecen pobres.

En lugar de pensar en términos de lo que somos capaces de aguantar, ¿podríamos escuchar al otro y tolerar lo que le pasa sin tomarlo como un ataque personal? ¿Qué cambiaría si dijéramos: “Me da miedo que ella sea mejor amante y disfrutes más que conmigo” o “tengo miedo que con él tengas más orgasmos”?

La paradoja es que la fidelidad no nos protege de este riesgo. Y que el deseo que podemos sentir por otras personas, no es excluyente con el amor que podemos sentir simultáneamente por nuestra pareja. ¿No les pasa que cuando nos sentimos controlados por nuestra pareja queremos huir, y que por el contrario, cuando nos da total libertad, queremos quedarnos a su lado? Ahora, díganme con honestidad: ¿quién se anima a amar sin controlar, a dejar de exigir que la otra persona sea como necesitamos que sea? ¿Podré ser yo mismo sin dejar de elegirte?

* Juan Tonelli es escritor y speaker, autor del libro “Un paraguas contra un tsunami”. www.youtube.com/juantonelli

Read more!