Por estas horas Lionel Sánchez siente una mezcla de emociones. La ilusión de que la tercera sea la vencida lo acompaña en cada momento, incluso cuando se presentó un inesperado percance en la previa al viaje a Qatar, que implicó que pospusieran su vuelo. En septiembre de 2020 su vida cambió de manera abrupta cuando los médicos le comunicaron que debían amputarle la pierna por un problema de salud. “A los cuatro días de que me dieran el alta ya estaba pensando: ‘Voy a ir al Mundial, cueste lo que cueste’”, cuenta en diálogo con Infobae para reflejar su pasión futbolera.
En 2014 alentó a la selección argentina en Brasil, y también viajó a Rusia en 2018. Pero esta vez las circunstancias son diferentes, y confiesa que costear los pasajes, el hospedaje y las entradas a los partidos conllevó un esfuerzo descomunal durante dos años. “Tres meses después de la cirugía, durante la cena de Navidad le comenté a mis hermanos que quería ir a Qatar, y todavía no estaba ni en silla de ruedas; ellos me dijeron: ‘No te sacaron los puntos y ya estás pensando en eso’”, revela el hincha del Club Atlético Claypole.
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En cada anécdota demuestra que su bandera es la resiliencia, y asegura que la luchó “por él mismo”, porque vive solo junto a su perra Berta, y sabía que tendría que adaptarse a todos los cambios en poco tiempo para retomar su rutina. ”Si me quedaba tirado en el sillón todo el día corría riesgo la otra pierna, porque tenía que tomar el rol del equilibrio y del movimiento, y más aún sin tener la prótesis, así que tuve que salir adelante”, expresa. Tiene 49 años y se dedica al rubro de venta de camisetas de fútbol.

“A la semana de haberme amputado volví a abrir el local que tengo en Lomas de Zamora, y me hizo bien salir de mi casa. No es lo convencional de ‘te lo probás, lo comprás, y sino te vas’; es como un lugar de encuentro, porque también charlamos y les cuento la historia de las camisetas”, detalla. Narra cómo fue el día “más triste del 2020″, y admite que durante la pandemia de coronavirus no se sintió bien de salud, tanto a nivel físico como emocional. “Soy diabético, me lastimé y no me di cuenta, y no me cuidé”, revela. “Me acuerdo que tenía que ir al odontólogo en Constitución, y fui, pero no me dejaron pasar por las restricciones que había de circulación, y yo ya me sentía bastante mal, así que me volví a mi casa”, narra sobre la cronología de la semana que fue un antes y un después.
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“Era tal la infección que ya tenía, que lejos de irme a una clínica o a un hospital, me vine a acostar. Como tenía fiebre, pensé que era Covid, porque era pleno momento de contagios, y estuve tres días en cama. Cuando me miré el pie ya lo tenía todo negro, y los médicos me dijeron que había que amputar”, explica. Su hobbie siempre había sido viajar, y le hace honor a su espíritu aventurero cada vez que puede conociendo nuevos lugares. “En enero pude concretar un pendiente, que era ir a Ushuaia, y hace poco fui a Chascomús en tren, solo por el deseo de recorrer, que me encanta; así que fue realmente una lucha recibir la noticia de la amputación siendo alguien que siempre se movía para todos lados”, expresa.

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Cuando regresó a su casa tras la operación, buscó historias inspiradoras de personas con discapacidad que hayan vuelto a caminar con la ayuda de prótesis, y decidió que la iba a pelear para recuperar la independencia. “Vi videos motivacionales y me puse al hombro mi situación, porque la salud es la clave de todo, y pasé muchas noches queriendo otra vida, sabiendo que no podía tenerla y que el camino que empezaba con el andador adentro de mi casa, y después con las muletas, era el principio de la rehabilitación”, asegura. De manera paralela empezó a vender rifas para un sorteo con 20 premios, y se desprendió de camisetas históricas de su colección para empezar a juntar dinero.

“Gracias a eso y a la ayuda de mis amigos, que sabían que era un sacrificio doble por mi situación, y el contexto económico del país, que tampoco ayudaba por la inflación. Era como que nunca llegaba al precio de los pasajes y la estadía”, sostiene. Recuerda sus experiencias anteriores en Brasil y en Rusia, donde conoció muchos hinchas y conserva vínculos hasta la actualidad. “El argentino en el exterior es como el imán positivo, se pegan y son solidarios; así como también está la excepción del que rompe las reglas y hace los mismos líos que hace acá”, reflexiona.
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A modo de anécdota, rememora la vez que en el Mundial 2014 conoció a la influencer Nati Jota. “Ella buscaba parecidos argentinos, y me vio pasar dos veces por la peatonal de Rusia. Me dijo que me parecía a Diego Maradona en ese momento, porque yo tenía otro look y ahora me río de eso, porque puedo decir: ‘Me cortaron las piernas, pero no soy Maradona’”, remata con humor, y aclara que utiliza el sarcasmo como una manera de “quitarse la presión de encima”.
“A veces me dicen: ‘¿Cómo andas?’, y yo les digo: ‘Vendí una camiseta, pero con todo lo que pagué, me quedé con una gamba y media; y muchos se quedan mirándome, sin saber qué decirme, hasta que detectan que es humor negro”, bromea. Y destaca: “Cuando Claypole salió campeón, yo estaba saltando en una pata literal, porque todavía no tenía prótesis, y pienso que es mejor que ponerse a llorar, lo tomo así”.
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La semana pasada también vivió un momento de gran exposición cuando participó de Los 8 escalones de los 2 millones, el ciclo que conduce Guido Kaczka en la pantalla de El Trece. Logró llegar a la final, y allí explicó que en caso de ganar cambiaría el cono de la prótesis que usa, y donaría otra parte al equipo de inferiores de Claypole. “Me queda grande la ortopédica porque se achicó el muñón, me baila, y para poder moverme tuve que ponerle unos complementos, un relleno; cuando hace calor se me mueve mucho”, explica.
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“En Qatar con 35 grados, va a ser tremendo, y por eso necesito que el cono sea más chico, menos rígido, anatómico y más liviano”, agrega. Tuvo un excelente desempeño en el programa de preguntas cultura general, y venían muy parejos con su rival, Jorge, un cirujano traumatólogo, que luego consiguió una ventaja con dos respuestas correctas, y finalmente resultó el ganador de los dos millones de pesos que estaban en juego.
“Creo que la final se dio en un contexto que es una paradoja de la vida, porque a mí me operó un cirujano traumatólogo cuando me amputaron la pierna. Aunque perdí, siento que gané igual porque pude dar a conocer algo de mi historia, y hablar de las personas con discapacidad, que es importante”, expresa. Conserva la esperanza, además, de cambiar la prótesis por una con las características correctas para mejor la movilidad. “Los planetas se alinean, y si estuve más de un año sin prótesis, creo que me la puedo bancar un poco más, pero ojalá la consiga”.
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Confiesa que cuando el conductor le preguntó si estaba nervioso, y le respondió “más o menos”, pensó en su historia. “Le dije que estuve en situaciones peores, y siento que cuando te dicen: ‘Te vamos a amputar la pierna’, y te llevan al quirófano, eso es una situación muy difícil, y uno tiene que adaptarse a las dificultades y sortearlas”, señala con convicción. Su primer nombre es Favio, y el segundo Lionel, el mismo que el del técnico de la Selección y el crack rosarino. “De chico nunca me gustó que me digan Lionel, algunos me decían Leo, pero ahora me estoy enamorando de ese nombre de nuevo”, cuenta con complicidad.
Uno de sus sueños es que el entrenador le firme una casaca especial. “Le vendí la camiseta de Scaloni del Mundial 2006 al periodista Fernando Carolei, y vamos a tratar de que estando allá la pueda autografiar Scaloni”, proyecta.
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Otra odisea antes del viaje
Llegó al aeropuerto de Ezeiza con su pasaje en mano, la ilusión a flor de piel, y una valija ploteada con el escudo del Claypole. Para su sorpresa, no pudo abordar el avión. “Para ingresar a Qatar tenés que tener la tarjeta Hayya, y cuando fui al mostrador me dijeron que estaba pendiente de aprobación y me tuve que volver a mi casa”, revela sobre el inconveniente, que cree se trató de una falla administrativa. “Enseguida la agencia mediante la cual contraté el vuelo se puso en marcha para solucionarlo”, aclara.
“Me reprogramaron el vuelo para el día siguiente, pero a las nueve y media de la noche. Me tuve que volver a Lomas de Zamora. Me tomé un colectivo hasta Constitución, porque ya no había nada directo, y fue una complicación porque estaba yo solo con la pierna ortopédica, las muletas, y la mochila”, cuenta. Para rematar la situación, el equipaje llegó antes que él a los Emiratos Árabes Unidos, porque ya lo había despachado. “Creo que hay fallas de organización; habiendo hecho todo bien, igual tuve un problema, y tendrían que pensar más en los que viajan”, sentencia.

Se comunicó a través de las redes sociales con la Embajada Argentina en Qatar, y después de hacer varias consultas, no pudo abordar tampoco el segundo vuelo que le habían ofrecido. La partida que originalmente era el jueves se postergó hasta el domingo a la noche, y esto modificó gran parte de sus planes. “Además de perder dos días de hospedaje, que me había costado muchísimo pagar, no voy a poder ir al partido del martes de la Selección Nacional contra Arabia Saudita”, se lamenta. Pese a todo, sigue con la ilusión intacta de ver al equipo contra México, y luego en el enfrentamiento con Polonia.
“Yo con subir al avión nomás ya cumplo mi sueño, porque es complejo irse solo al Mundial siendo una persona con discapacidad, pero ojalá nos traigamos la Copa”, anhela. Sin perder el optimismo ni la certeza de que el proyecto que surgió a fines de 2020 se va a cumplir en breve, ni bien llegue la confirmación de que la Hayya Card esté aprobada. A través de sus redes sociales le irá contando a sus seguidores cómo sigue su situación: “Fueron muchos meses de sacrificio, y realmente tiene un costo altísimo viajar a Qatar y mantenerse allá con los gastos, así que son bienvenidas las palabras de aliento y les voy a ir compartiendo información”.
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