Mover el cuerpo con regularidad puede tener efectos que van más allá de la fuerza o la resistencia física. Una mejor circulación, un descanso más reparador y menores niveles de estrés son algunos de los cambios asociados al ejercicio que también pueden influir en el deseo y la función sexual.
La relación no depende de una rutina específica ni implica que entrenar sea una solución para los problemas de libido. Sus efectos están condicionados por la salud general, el estado emocional y otras circunstancias personales.
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En un artículo de Cleveland Clinic, Erika Lydon, fisioterapeuta especializada en suelo pélvico, explicó que la actividad física puede favorecer la salud cardiovascular, la fuerza, el sueño y el manejo del estrés, factores que pueden contribuir al bienestar sexual.
La circulación puede influir en la excitación y la función sexual
Lydon explicó que el ejercicio aeróbico favorece la salud del corazón y de los vasos sanguíneos, lo que facilita el flujo de sangre hacia los órganos sexuales.
Ese aporte resulta importante para la respuesta sexual. En los hombres, interviene en la capacidad de lograr y mantener una erección. En las mujeres, puede contribuir a la excitación y al funcionamiento sexual.
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Como referencia general, Lydon recomendó que la mayoría de las personas busque acumular 150 minutos semanales de actividad aeróbica moderada o 75 minutos de actividad intensa, además de dos días de entrenamiento de fuerza.
La pauta forma parte de una rutina de salud general y no equivale a un tratamiento para el bajo deseo sexual.
La especialista sugirió comenzar con una actividad que resulte agradable y posible de sostener. Mencionó, por ejemplo, caminatas de 15 minutos, incluso más de una vez al día. Según explicó, el tiempo y la intensidad pueden aumentar de forma gradual cuando mejora la condición física.
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El descanso y el manejo del estrés también forman parte del bienestar sexual
Lydon señaló que el estrés constante puede dificultar el interés sexual. En esas situaciones, el cuerpo permanece más tiempo en alerta y puede costarle recuperar un estado de descanso y relajación.
La profesional explicó que el sistema nervioso simpático se activa ante situaciones de tensión y prepara al organismo para responder. El sistema nervioso parasimpático, en cambio, participa en el descanso y la recuperación. Cuando el estrés se prolonga, ese equilibrio puede verse afectado.
Según indicó Lydon, el ejercicio puede ayudar a reducir hormonas asociadas con el estrés, como el cortisol, y aumentar sustancias del cerebro vinculadas con el bienestar, como la dopamina y la serotonina.
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Esos cambios pueden mejorar el ánimo y facilitar la relajación, dos condiciones que pueden favorecer el interés sexual con el tiempo. La fisioterapeuta añadió que algunos cambios, como dormir mejor, sentirse con menos estrés o tener mejor ánimo, pueden aparecer antes.
Los cambios físicos, como ganar fuerza, controlar mejor los movimientos o notar variaciones en el deseo, pueden requerir varias semanas o algunos meses de actividad regular.
El entrenamiento de fuerza puede contribuir, pero el suelo pélvico requiere atención específica
Lydon explicó que el entrenamiento de fuerza puede aportar beneficios más allá del desarrollo muscular.
Según indicó, este trabajo puede ayudar al cuerpo a regular procesos relacionados con la energía, el estrés y el equilibrio hormonal, factores que pueden crear mejores condiciones para una vida sexual saludable.
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La profesional mencionó ejercicios como sentadillas, estocadas, peso muerto y flexiones de brazos. Son movimientos que trabajan varios grupos musculares a la vez y permiten desarrollar fuerza para actividades cotidianas.
El suelo pélvico también cumple un papel en la intimidad. Lydon explicó que este grupo muscular sostiene estructuras de la pelvis y participa en la función sexual, aunque advirtió que no en todos los casos necesita más trabajo de fortalecimiento.
La fisioterapeuta advirtió que los ejercicios de Kegel pueden ser útiles para algunas personas, pero pueden aumentar o empeorar la tensión muscular en otras.
Cuando esos músculos están demasiado contraídos o no logran relajarse, las relaciones sexuales pueden resultar difíciles o dolorosas.
Por ese motivo, Lydon recomendó que quienes tengan preocupaciones por su desempeño sexual, dolor o molestias consulten a un profesional de salud o a un fisioterapeuta de suelo pélvico antes de hacer ejercicios por cuenta propia.
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La especialista también alertó que entrenar demasiado, sin una recuperación y una alimentación adecuadas, puede afectar la libido.
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