Cinco psicólogos consultados por la revista Parade coincidieron en señalar el mismo comportamiento como la principal señal de baja autoestima: el diálogo interno negativo. Pero ese es el inicio, porque más allá de ese punto en común, los especialistas identificaron otras nueve conductas que pueden revelar una confianza debilitada, y ofrecieron estrategias concretas para revertirlas.
La baja autoestima no es simplemente sentirse mal un día. Según la doctora Lauren Napolitano, psicóloga licenciada, se trata de “una falta de confianza en las propias capacidades para manejar el estrés o las tareas cotidianas”. Cuando esa sensación se vuelve crónica, sus efectos se propagan. La doctora Melissa Boudin, psicóloga de Choosing Therapy, advirtió que la baja autoconfianza puede derivar en mayores niveles de estrés, depresión, ansiedad, dificultades para establecer límites, conductas complacientes y consumo de sustancias.
¿De dónde viene?
Las raíces de la baja confianza son variadas. El doctor Ernesto Lira de la Rosa, psicólogo y asesor mediático de la Hope for Depression Research Foundation, señaló que pueden intervenir factores ambientales, biológicos y psicológicos. “Algunas personas tienen una predisposición genética a niveles elevados de ansiedad y baja autoestima, lo que afecta su confianza”, explicó.
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El entorno en la infancia también pesa. Lira de la Rosa indicó que crecer junto a cuidadores que emiten mensajes negativos —como señalamientos sobre el cuerpo o exigencias desmedidas ante los logros— puede dejar marcas duraderas. La doctora Jody Carrington, psicóloga, sumó otra dimensión: las experiencias de humillación o ridiculización ante los demás. En sus palabras: “Estas vivencias pueden llevar a creer que nunca vale la pena expresar una opinión o arriesgarse, porque el resultado siempre será negativo”.
1. La señal elegida: diálogo interno negativo
Todos los especialistas coincidieron en que los pensamientos autocríticos repetitivos son la señal más clara de baja autoestima. Frases mentales como “nunca voy a poder con esto” o “no tengo habilidad para esto” son ejemplos típicos, según Lira de la Rosa.
Para contrarrestarlos, la doctora Boudin recomendó, primero, prestar atención al momento en que esos pensamientos emergen. Luego, practicar la autocompasión al tratarse con la misma comprensión que se le daría a un amigo que atraviesa lo mismo. “Solemos ser mucho más amables con los demás que con nosotros mismos”, señaló. A partir de ahí, sugirió reescribir esas afirmaciones negativas en clave positiva.
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Las otras nueve señales
2. Evitación
Mantenerse al margen de situaciones que generan inseguridad es una de las conductas más frecuentes. La doctora Carrington advirtió que ese esquema puede convertirse en una profecía autocumplida: al no enfrentar la situación, la persona refuerza la creencia de que no es capaz. La doctora Boudin recomendó enfrentar los desafíos de a poco, con ayuda de personas de confianza, pero sin dejar que otros resuelvan el problema en lugar de uno.
3. Anticipar resultados negativos
El doctor Michael Jones, psicólogo clínico, describió a personas que evitan situaciones porque ya las dan por perdidas antes de intentarlas. “Cuando prejuzgas lo que va a pasar, te estás poniendo límites a ti mismo”, advirtió. Para revertirlo, instó a separar el pensamiento de la experiencia real y animarse a probar. Muchas veces, salir de la zona de confort depara sorpresas.
4. Fijación en “mejorar la propia versión”
El doctor Jones observó que quienes tienen baja confianza suelen obsesionarse con reemplazarse a sí mismos por una versión más aceptable. Sin embargo, aclaró que la confianza no es un atributo fijo, sino algo que varía según las circunstancias. Propuso cambiar la pregunta: en lugar de “¿quién soy y es eso suficiente?”, preguntarse “¿qué estoy haciendo y cómo me está yendo?”.
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5. Ansiedad
La preocupación anticipada por los propios recursos para enfrentar situaciones futuras es otra señal recurrente. La doctora Napolitano sugirió detenerse ante ese estado y evaluar con mayor objetividad cuán probable es realmente que ocurra el peor escenario posible.
6. Depresión
La relación entre depresión y baja autoestima es bidireccional, según Napolitano. Una puede alimentar a la otra, en cualquier sentido. La depresión genera aislamiento y pérdida de motivación, lo que a su vez erosiona la confianza. Ante este cuadro, la especialista subrayó que la terapia es la vía más efectiva, ya que ayuda a construir una imagen más realista de uno mismo.
7. Complacer a los demás
Mientras algunas personas con baja autoestima tienden a retirarse, otras hacen lo opuesto: dicen que sí a todo, incluso cuando no quieren. La doctora Boudin señaló que este patrón responde al mismo origen. Ante ese patrón, aconsejó no responder de inmediato a los pedidos y practicar formas de decir que no, algo que puede trabajarse en terapia.
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8. Efecto derrame
La baja confianza en un área puntual puede expandirse y teñir la percepción general que una persona tiene de sí misma. Lira de la Rosa subrayó que no saber hacer algo en particular no invalida las habilidades en otros ámbitos. Recordárselo a uno mismo puede frenar esa generalización.
9. Comparación constante
Medirse permanentemente con los demás es otra señal de alerta. En lugar de simplemente “dejar de mirar al otro”, Lira de la Rosa recomendó identificar qué aspectos de esa persona resultan admirables y explorar cómo desarrollar esas capacidades en uno mismo.
10. Toma excesiva de riesgos
En el extremo opuesto a la evitación, algunas personas —especialmente adolescentes— responden a la baja autoestima con conductas de riesgo: consumo de sustancias, ausentismo escolar o comportamientos sexuales impulsivos. La doctora Napolitano explicó que asumir una identidad “arriesgada” puede resultar más sencillo que enfrentar la sensación de ser aburrido o incapaz. En estos casos, la terapia cumple un rol fundamental para identificar las causas detrás de esos comportamientos y trabajar en la seguridad personal.
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