El 15,1% de los adultos en todo el mundo reporta fatiga, de acuerdo con una revisión sistemática de 91 estudios con más de 623.000 participantes publicada por el National Institutes of Health (NIH), lo que indica que el agotamiento persistente es un fenómeno global y no responde únicamente a la falta de sueño.
A diferencia del cansancio pasajero que desaparece con descanso, la fatiga crónica produce agotamiento constante que afecta las actividades diarias. “Los síntomas pueden incluir baja energía, falta de motivación o dificultad para concentrarse”, dijo Kelly Waters, médica del Spectrum Health, citada por Prevention.
Las causas del problema varían: algunos factores, como alimentación, hidratación o cafeína, son modificables, mientras otros derivan de condiciones médicas que requieren atención profesional. Prevention consultó expertos para identificar los motivos más frecuentes del agotamiento sin causa clara.
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1. Anemia
La anemia es una de las principales causas de fatiga persistente. Se presenta cuando el cuerpo produce pocos glóbulos rojos para llevar oxígeno de los pulmones a los tejidos, causando debilidad, insomnio, taquicardia y cansancio ante esfuerzos leves.
Prevention indica que mujeres en edad fértil tienen mayor riesgo de anemia por deficiencia de hierro, por la menstruación y el aumento de demanda durante embarazo y lactancia. Se diagnostica con análisis de sangre (incluyendo hemograma completo) y el tratamiento depende de la causa: desde cambios dietarios hasta intervenciones médicas.
2. Enfermedad tiroidea
Trastornos en la tiroides —glándula del cuello que regula el metabolismo— pueden causar fatiga si produce demasiada o poca hormona. El hipertiroidismo provoca debilidad muscular, pérdida de peso, taquicardia, cansancio, dificultad para concentrarse, aumento de peso y frío permanente.
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“Los trastornos tiroideos son tan tratables que todas las personas con fatiga y debilidad muscular deberían hacerse el análisis”, comentó Robert J. McConnell, codirector del Centro de Tiroides de Nueva York en el Centro Médico de la Universidad de Columbia, citado por Prevention. Con un simple análisis de sangre se diagnostica; el tratamiento puede ser medicación, cirugía o yodo radiactivo.
3. Diabetes tipo 2
Cuando la glucosa no se utiliza correctamente se acumula y las células carecen de energía, causando fatiga como alerta.
¿Otros síntomas? Sed excesiva, micción frecuente, adelgazamiento, irritabilidad y visión borrosa. El diagnóstico es con test de hemoglobina glicosilada (A1C) o de glucosa en ayunas. No tiene cura, pero se controla con dieta, medicación oral e insulina.
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4. Depresión
La depresión afecta el ánimo, sueño, apetito y energía. Según Prevention, puede causar baja energía, problemas de memoria y concentración, desesperanza y cambios en alimentación y descanso.
No hay análisis de laboratorio para detectarla, pero un médico la identifica con preguntas clínicas. Si cinco o más síntomas duran más de dos semanas o afectan la vida diaria, se recomienda consultar a un profesional de salud mental. La mayoría logra controlarla con psicoterapia y medicación.
5. Síndrome de fatiga crónica
El síndrome de fatiga crónica (SFC) se distingue por agotamiento repentino e intenso que no mejora con descanso y empeora con mínimo esfuerzo. También pueden aparecer dolores musculares y articulares, cefaleas, ganglios sensibles y problemas cognitivos.
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No se conoce el origen ni hay prueba diagnóstica específica; el médico descarta otras enfermedades con síntomas similares como lupus o esclerosis múltiple. Prevention indica que, aunque no hay tratamiento farmacológico aprobado, el autocuidado, antidepresivos, psicoterapia y grupos de apoyo ayudan.
6. Apnea del sueño
La apnea del sueño interrumpe la respiración durante el descanso. En su forma más frecuente —apnea obstructiva—, las vías respiratorias se cierran por diez segundos o más, impidiendo un sueño profundo. Según Prevention, puede haber decenas o cientos de interrupciones por noche.
El ronquido es un síntoma común, y se asocia a mayor riesgo de cardiopatías, hipertensión y ACV. El diagnóstico se realiza con un estudio del sueño y el tratamiento habitual es el CPAP, que mantiene abiertas las vías respiratorias durante la noche.
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7. Deficiencia de vitamina B12
La B12 es clave para el cerebro, sistema inmune y metabolismo, pero su absorción disminuye con la edad. Prevention señala que personas con dietas vegetales, uso de ciertos medicamentos para diabetes o acidez, o enfermedades digestivas como síndrome de intestino irritable o enfermedad de Crohn, tienen mayor riesgo de déficit.
“La deficiencia de B12 aparece con frecuencia como fatiga”, dijo Keri Gans, nutricionista y conductora del podcast The Keri Report, citada por Prevention. También puede causar hormigueo, mareos, ansiedad y problemas de memoria. El diagnóstico es por análisis de sangre; el tratamiento incluye cambios en la dieta o suplementos.
8. COVID persistente
Quienes tuvieron COVID-19 pueden presentar agotamiento por COVID persistente (long COVID). Según los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), incluye síntomas nuevos, recurrentes o prolongados que duran semanas, meses o años tras la infección inicial, incluso en cuadros leves o asintomáticos.
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“Puede ser increíblemente disruptivo. Algunas personas no pueden pasar el día sin tomar una siesta”, señaló Thomas Russo, jefe de enfermedades infecciosas de la Universidad de Búfalo a Prevention.
¿Otros síntomas? Niebla mental, dificultad respiratoria, dolores musculares y alteraciones en olfato y gusto. No hay análisis ni tratamientos específicos; el diagnóstico es por exclusión.
9. Enfermedades cardíacas
Entre las enfermedades cardíacas se encuentran cardiopatía coronaria, arritmias, infecciones y enfermedades del músculo cardíaco. La fatiga es un síntoma habitual, especialmente en miocardiopatía, problemas valvulares y endocarditis.
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El diagnóstico puede incluir análisis de sangre, radiografía de tórax, electrocardiograma y resonancia magnética cardíaca. El tratamiento depende del tipo de enfermedad e incluye cambios en el estilo de vida, medicación y cirugía.
10. Artritis reumatoide
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune e inflamatoria que afecta principalmente las articulaciones, pero puede llegar a pulmones, corazón y ojos. Entre los síntomas figuran dolor, rigidez, hinchazón articular, pérdida de peso, fiebre, debilidad y fatiga, según el CDC citado por Prevention.
El diagnóstico se basa en examen físico, análisis de sangre y radiografías. Como sus síntomas se confunden con otras enfermedades inflamatorias, es clave el reumatólogo. El tratamiento se compone de medicación y autocuidado para mantener la actividad física y frenar el avance.
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11. Deficiencias nutricionales
Carencias de vitamina D, B12 o hierro pueden causar fatiga por estrés celular. “Las células experimentan ese estrés, y ese estrés te cansa”, dijo William B. Miller Jr., médico especialista en enfermedades infecciosas y biólogo evolutivo, a Prevention.
Recomienda aumentar fibra vegetal, incorporar probióticos y reducir azúcares, alimentos procesados y sal. Análisis de sangre identifican los nutrientes faltantes y orientan el tratamiento.
12. Exceso de cafeína
El consumo excesivo de cafeína puede provocar pérdida de energía. “Genera una pérdida de energía”, dijo Miller a Prevention. Jessica Cording, nutricionista y autora de The Little Book of Game-Changers, suma: “A corto plazo podés sentir que tenés más energía, pero después hay un bajón. Es como poner una tirita débil sobre un problema”.
La cantidad excesiva varía según la persona, por lo que se recomienda prueba y error. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ofrece guías de referencia.
13. Deshidratación
No consumir suficiente agua puede causar agotamiento. Para Mayo Clinic, la fatiga, junto con mareo y confusión, es síntoma común de deshidratación. Incluso, en un estadío leve, obliga a las células a esforzarse más, explicó Cording citada por Prevention.
Mantener buena hidratación es una medida accesible para evitar el cansancio diario.
14. Menopausia
La menopausia puede alterar el sueño por la fluctuación hormonal. La falta de sueño y el malestar típico de la etapa pueden ocasionar fatiga persistente.
Los tratamientos van desde terapia hormonal hasta ajustes en el entorno de descanso. Mantener el dormitorio fresco y oscuro es una recomendación habitual para mejorar el sueño en esta etapa.
15. Alimentación irregular
Espaciar demasiado las comidas o no mantener horarios regulares puede desestabilizar la glucosa y causar fatiga, según la nutricionista Gans citada por Prevention. “Un patrón de alimentación consistente puede prevenir la baja energía”, afirmó.
Cording advierte que el ayuno intermitente suele causar este problema: quienes entrenan temprano y demoran horas en desayunar pueden arrastrar déficit energético durante el día. Recomienda comidas regulares con proteínas, carbohidratos ricos en fibra y grasas saludables para niveles de energía estables.