Los hongos constituyen una fuente singular de nutrientes, en particular por su capacidad de aportar vitamina D. Algunas especies, como el hongo ostra (Pleurotus ostreatus), pueden generar hasta 100 veces más de este compuesto que los champiñones comunes.
Según el microbiólogo y asesor científico principal de la Agencia de Normas Alimentarias del Reino Unido, Robin May, entrevistado en el podcast ZOE, la exposición a la luz solar incrementa significativamente el contenido de vitamina D en los hongos, lo que los convierte en una alternativa relevante dentro de las fuentes vegetales de este nutriente.
May explicó en diálogo con el conductor del podcast, Jonathan Wolf que este aumento se produce porque la mayoría de los hongos se desarrollan en ambientes oscuros y, al recibir luz ultravioleta, activan la síntesis de vitamina D.
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En esa línea, precisó: “Algunas especies como el hongo ostra producen hasta 100 veces más vitamina D que los champiñones habituales, y la exposición al sol eleva aún más este contenido”.
El especialista añadió que el proceso es simple y accesible: “Basta con dejarlos un tiempo al sol para aumentar considerablemente la vitamina D”.
También detalló que incluso una exposición breve puede tener un impacto significativo. “Si dejas tus hongos al sol durante una o dos horas, el nivel puede subir mucho: una porción de ocho o nueve piezas es suficiente para alcanzar la cantidad diaria recomendada”, señaló.
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Este mecanismo resulta especialmente útil en regiones con baja radiación solar durante el invierno. “Incluso en el Reino Unido o el norte de Estados Unidos, poner los hongos al sol en invierno funciona, ya que la luz ultravioleta disponible es suficiente para activar la síntesis”, concluyó.
Qué hace únicos a los hongos en la naturaleza
Durante el ZOE podcast resaltó que, desde el punto de vista evolutivo, los hongos están más cercanos a los animales que a las plantas, lo cual explica su diversidad química y la presencia de nutrientes exclusivos.
Aunque tanto los hongos como las plantas tienen paredes celulares rígidas, su composición es diferente. “En los hongos está formada por quitina, el mismo material presente en crustáceos y ciertos insectos; en las plantas, la pared es de celulosa”, explicó May. Este rasgo subraya la singularidad de sus estructuras y de los compuestos que pueden producir.
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“Los hongos no hacen fotosíntesis y poseen una maquinaria molecular más similar a la de los animales”, aclaró el experto. Esa proximidad evolutiva justifica la presencia de moléculas y rutas metabólicas inexistentes en el mundo vegetal.
Hongos, inmunidad y microbiota intestinal
Según May, los hongos tienen impacto más allá de sus nutrientes: “Son relevantes para influir en la microbiota intestinal y, por lo tanto, en el sistema inmunológico”.
Gracias a su aporte de fibra y beta-glucanos, los hongos alimentan bacterias beneficiosas del intestino. “Los beta-glucanos de la pared celular actúan como estímulos inmunitarios y pueden ayudar a reducir el colesterol LDL,” subrayó. Al formar un gel en el intestino, estos compuestos favorecen la eliminación del colesterol.
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La relación entre hongos, microbiota y sistema inmune aún se investiga, pero el experto señaló que “todo indica que una dieta variada en hongos promueve el equilibrio microbiano y puede beneficiar la función inmunológica”.
Recordó que no todos los hongos son positivos, aunque ciertas especies presentes en el cuerpo humano cumplen funciones beneficiosas. Recalcó la importancia de variar y mantener el equilibrio en la dieta.
Sumar hongos a la dieta de forma segura y variada
En la alimentación cotidiana, sugirió incorporar hongos de manera sencilla en las preparaciones habituales: “La forma más fácil es añadir algunos hongos fritos como acompañamiento o picarlos finamente en platos y salsas”.
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Recomendó experimentar con distintas variedades, dado que existen múltiples sabores y texturas. “Muchas personas que rechazan los hongos en la infancia cambian de opinión al probar otras especies en la adultez”, indicó May.
En cuanto a preparación, aconsejó lavar o cepillar suavemente para eliminar restos de suelo, y preferir cocciones breves para conservar los nutrientes. Recordó que “una cocción excesiva puede disminuir vitaminas, y hervir sin aprovechar el caldo reduce la cantidad de minerales solubles”.
Respecto al consumo seguro, el profesor fue tajante: “No recolectar ni comer hongos silvestres sin identificar, porque existen especies tóxicas y potencialmente mortales. Lo óptimo es comprar en supermercados o con vendedores de confianza”.
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