Para muchos sobrevivientes de cáncer, el final del tratamiento no significa necesariamente el final de los síntomas. El cansancio persistente, el insomnio o la ansiedad pueden extenderse durante meses e incluso años después del alta médica.
Más de 53,5 millones de personas en el mundo vivían al menos cinco años después de un diagnóstico de cáncer, según datos de la Organización Mundial de la Salud correspondientes a 2022. Solo en Estados Unidos, esa cifra superaba los 18 millones en 2025 y se proyecta en más de 22 millones para 2035.
Un estudio de la University of Rochester Medical Center encontró que una modalidad de yoga suave y restaurativo puede aliviar parte de esos síntomas sin incorporar nuevos medicamentos. La investigación se presentó en el congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO), en Chicago, y analizó a 410 adultos sobrevivientes de cáncer.
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Los resultados mostraron mejoras en el estado de ánimo, la ansiedad, la fatiga y el insomnio después de cuatro semanas de práctica regular.
Una recuperación que continúa después del tratamiento
Los avances en diagnóstico y tratamiento permiten que más pacientes logren controlar la enfermedad, pero muchos conviven durante años con secuelas físicas y emocionales.
Según los investigadores, síntomas como el cansancio extremo, el estrés, los trastornos del sueño y la ansiedad afectan la calidad de vida y dificultan la recuperación cotidiana. Por eso, el estudio evaluó alternativas no farmacológicas capaces de complementar el seguimiento médico convencional.
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El equipo diseñó un ensayo clínico aleatorizado y controlado, uno de los formatos más sólidos para evaluar intervenciones médicas. Los participantes se dividieron en dos grupos: uno continuó únicamente con el seguimiento habitual y el otro realizó tres sesiones semanales de yoga suave durante un mes.
La investigación priorizó a personas sin experiencia previa en la disciplina. Para medir los resultados, se aplicaron cuestionarios validados que evaluaron más de 30 variables relacionadas con ansiedad, estado de ánimo, estrés, fatiga e insomnio.
Qué tipo de yoga evaluó el estudio
El trabajo no analizó modalidades intensas como Hot Yoga o Vinyasa Flow. Se centró en Hatha suave y yoga restaurativo, estilos caracterizados por movimientos lentos, ejercicios de respiración, estiramientos suaves y técnicas de atención plena, que suelen adaptarse mejor a personas con limitaciones físicas o cansancio derivado de terapias oncológicas.
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En ese sentido, Karen Mustian, investigadora del estudio y especialista en oncología integrativa, explicó que "es la combinación sinérgica de movimiento y atención plena lo que trae beneficios positivos“. La oncología integrativa combina tratamientos médicos convencionales con estrategias complementarias basadas en evidencia para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Qué mejoras encontraron los investigadores
Según Yuri Choi, profesora auxiliar de Cirugía y Control del Cáncer, "el yoga tuvo un efecto positivo significativo sobre el estado de ánimo general, la ansiedad y la fatiga entre los sobrevivientes“. Entre esos cambios, la disminución del insomnio resultó especialmente relevante, ya que el sueño deficiente sostenido puede afectar la salud cardiovascular y entorpecer la recuperación física.
El estudio también mostró que reducir la ansiedad se relacionó directamente con una mejor calidad del descanso nocturno, lo que sugiere que ambos síntomas se retroalimentan y que intervenir sobre uno puede mejorar el otro.
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Otro aspecto valorado fue que la intervención no implicó incorporar nuevos medicamentos, un punto clave para pacientes que ya toman fármacos de seguimiento y pueden estar expuestos a interacciones. En ese sentido, Karen Mustian afirmó que los profesionales de la salud "no deben dudar en recomendar yoga suave a sus pacientes mientras transitan la supervivencia al cáncer“.
En los últimos años, organizaciones como la American Society of Clinical Oncology y la Society for Integrative Oncology incorporaron terapias mente-cuerpo —como yoga y mindfulness— dentro de algunas recomendaciones clínicas para ayudar a controlar ansiedad, fatiga, estrés e insomnio en pacientes oncológicos.
Según esas guías, el yoga aparece entre las estrategias con mejores niveles de evidencia para mejorar calidad de vida y reducir síntomas persistentes, especialmente cuando se adapta a las limitaciones físicas y necesidades de cada paciente.
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Limitaciones y próximos pasos
Los investigadores advierten que se necesitan más estudios para determinar si los beneficios se sostienen a largo plazo y cómo pueden adaptarse a distintas poblaciones. Las próximas líneas de trabajo incluyen el impacto de estos programas en adolescentes y en diferentes comunidades, además de análisis de costo-beneficio dentro de los sistemas de salud.
El trabajo se inscribe en una tendencia creciente en medicina: incorporar herramientas complementarias que no busquen reemplazar los tratamientos convencionales, sino reducir el impacto físico y emocional que muchas enfermedades dejan incluso después de finalizado el tratamiento.