Durante las recientes protestas en Minneapolis y Portland, el uso de gas lacrimógeno por parte de fuerzas federales volvió a encender el debate público en los Estados Unidos.
Según informó Forbes, la aplicación de estos irritantes químicos en operativos de control de multitudes se extendió no solo en las inmediaciones de instalaciones de inmigración, sino también en barrios residenciales, generando preocupación entre habitantes y especialistas.
La atención se centra en los efectos del gas lacrimógeno sobre la salud humana, un tema poco comprendido por la mayoría de la población. En declaraciones reunidas por Forbes, la Dra. Sukhshant Atti, profesora adjunta de medicina de urgencias y toxicóloga médica de la Universidad de Alabama en Birmingham, subrayó la necesidad de informar con precisión sobre los riesgos asociados a estos agentes químicos.
Qué es el gas lacrimógeno y cómo actúa
Según la Dra. Atti, la denominación “gas” resulta técnicamente incorrecta, ya que en realidad se trata de sólidos que se disuelven en un solvente y se dispersan con la ayuda de un propelente, a menudo mezclados con humo para hacer visible su presencia. Al entrar en contacto con los ojos, la piel o las vías respiratorias, producen una irritación inmediata y grave.
Estas sustancias activan las células nerviosas en superficies húmedas del cuerpo, lo que desencadena una serie de reacciones fisiológicas. Entre los síntomas más habituales se incluyen espasmos en los párpados, lagrimeo intenso, congestión nasal, estornudos, tos, sibilancias, sensación de ahogo y náuseas.
La toxicóloga detalló que exposiciones más graves pueden causar quemaduras químicas en ojos, piel y membranas mucosas, así como edema pulmonar.
Primeros auxilios y persistencia de los químicos
Frente a una exposición, la Dra. Atti recomendó en diálogo con Forbes abandonar la zona afectada lo más rápido posible. La ropa y los objetos personales contaminados deben retirarse para minimizar la exposición secundaria.
“Evite subirse la camisa por la cabeza para no irritar aún más los ojos y las mucosas”, aconsejó la especialista. En el caso de utilizar lentes de contacto, indicó que es fundamental quitárselos de inmediato y enjuagar los ojos con abundante agua fría entre 10 y 15 minutos. La piel irritada debe lavarse con agua y jabón.
Si aparecen síntomas graves como dificultad respiratoria o asfixia, la recomendación es buscar atención médica de emergencia. Remarcó que estos compuestos pueden permanecer adheridos a la ropa y objetos personales durante días o semanas en lugares con poca ventilación, por lo que se sugiere consultar a las autoridades sanitarias locales para eliminar materiales muy contaminados de forma segura.
Grupos de riesgo y daños potenciales
Niños pequeños, personas con asma y adultos mayores se consideran particularmente vulnerables a los efectos del gas lacrimógeno. En espacios cerrados o en condiciones de calor y humedad, el riesgo de daño aumenta.
El gas, al ser más pesado que el aire, tiende a acumularse cerca del suelo, incrementando la exposición en los menores, quienes respiran más rápido y en mayor proporción respecto a su peso corporal. Adultos mayores o personas con movilidad reducida pueden enfrentar obstáculos adicionales para abandonar rápidamente las zonas afectadas, lo que los expone aún más a los agentes químicos.
La Dra. Atti explicó que la percepción de seguridad de estos compuestos se basa en estudios realizados en las décadas de 1950 y 1960, enfocados en animales de laboratorio y hombres jóvenes y sanos. “No se estudiaron individuos jóvenes ni mayores, ni personas con enfermedades crónicas”, puntualizó la experta a Forbes.
Lesiones físicas y posibles efectos a largo plazo
El uso de gas lacrimógeno implica riesgos adicionales más allá de la toxicidad química. Los proyectiles y granadas utilizadas para dispersar estos agentes pueden provocar lesiones físicas directas. Además, el pánico puede llevar a estampidas, en las que algunas personas podrían resultar pisoteadas.
Respecto a los posibles efectos a largo plazo, la evidencia científica es escasa y contradictoria. “Sería poco ético asignar aleatoriamente a voluntarios para que recibieran diferentes dosis de sustancias químicas irritantes que no tienen ningún beneficio terapéutico y pueden causar daños a corto o largo plazo”, explicó la Dra. Atti.
Agregó que, aunque sería viable realizar estudios observacionales en manifestantes que requirieron atención médica, muchos se abstienen de participar por temor a consecuencias legales.
Regulación internacional y uso policial
El desarrollo y empleo del gas lacrimógeno se remonta a 1914, cuando fue diseñado para expulsar a soldados de trincheras durante conflictos bélicos. Desde 1997, la Convención sobre Armas Químicas prohíbe su uso en la guerra, pero autoriza explícitamente su aplicación en operaciones policiales de control de disturbios, según lo establece el Artículo II.9 del tratado internacional.
El debate sobre los riesgos y la revisión de los protocolos de empleo de estos agentes antidisturbios continúa en los ámbitos público y legislativo, donde cada vez más voces solicitan evaluar el uso de estos químicos en contextos urbanos y manifestaciones civiles.