En la rutina diaria, la velocidad y la sobrecarga de tareas se instalaron como norma. La cultura del multitasking y la productividad constante convierte las jornadas laborales y personales en una sucesión ininterrumpida de tareas, donde detenerse parece sinónimo de pérdida de tiempo.
Estar siempre activo y disponible se percibe como una virtud, mientras que frenar unos minutos suele verse como un lujo o incluso una señal de debilidad.
Sin embargo, este modelo de funcionamiento sostenido puede tener un costo alto sobre el cuerpo y la mente. Frente a este escenario, especialistas advierten sobre la importancia de los microdescansos como herramienta clave para regular el estrés y proteger la salud mental.
Qué son los microdescansos
Los microdescansos son una de las estrategias más efectivas para reducir el estrés y prevenir el agotamiento en la vida diaria, según explicaron especialistas consultados por Infobae.
Estas pausas breves, de entre uno y cinco minutos, se realizan de forma consciente varias veces al día y no implican dormir ni desconectarse por largos periodos, sino frenar la exigencia mental o física para permitirle al sistema nervioso un respiro.
Según comenzó a explicar ante la consulta de este medio el doctor en Psicología y docente Flavio Calvo (MN 66.869), los microdescansos consisten en “interrupciones cortas y conscientes dentro de la jornada, donde la persona deja de exigirle rendimiento al cerebro y al cuerpo”.
En la mirada de la doctora en Psicología, especialista en clínica, docencia e Investigación en Psicoterapia orientada en Mindfulness Mariam Holmes (MP 20.463), “estas pausas no son pérdida de tiempo, sino microespacios de autorregulación que previenen que la tensión se acumule hasta volverse desborde”.
Cómo impactan los microdescansos en el estrés y el cortisol
El estrés no surge únicamente de los factores externos, sino de cuánto tiempo el cuerpo permanece en estado de alerta sin pausas de recuperación, advirtió Calvo. Trabajar horas seguidas sin parar mantiene el sistema nervioso en un modo de amenaza constante, con alta tensión muscular y respiración superficial.
En este punto, Holmes señaló que “cuando una persona respira de manera más lenta y profunda, relaja la musculatura o simplemente dirige la atención al momento presente, activa el sistema nervioso parasimpático”, lo que favorece la disminución progresiva de hormonas asociadas al estrés, como el cortisol.
“No se trata de eliminar el estrés, que es parte natural de la vida, sino de evitar que se cronifique”, advirtió.
Según los especialistas, los microdescansos ayudan a bajar la activación del sistema nervioso, evitan picos sostenidos de cortisol y permiten recuperar energía mental sin necesidad de largas pausas.
Beneficios psicológicos y físicos de los microdescansos
Los especialistas coinciden en que los microdescansos previenen el agotamiento mental, reducen la irritabilidad y mejoran la capacidad de concentración y toma de decisiones. Calvo sostuvo que “el cerebro humano no está diseñado para concentrarse de manera intensa durante horas seguidas sin pausa”. Cuando se omiten los descansos, aparece la llamada “niebla mental”, que dificulta el enfoque, incrementa la molestia y disminuye la tolerancia al error.
Holmes puntualizó tres funciones centrales de los microdescansos en la salud mental: “Restauran la atención, regulan la emoción y previenen la acumulación de tensión interna”. Además, recalcó que “las pausas devuelven a la experiencia presente. No solo se trabaja mejor, sino que se habita el día con mayor conciencia y sentido”.
Desde el punto de vista fisiológico, Holmes agregó que los microdescansos “tienen un impacto en el equilibrio neuroendocrino y ayudan a amortiguar la sobrecarga hormonal”, lo que puede reducir la carga inflamatoria asociada al estrés crónico.
Cómo identificar la necesidad de un microdescanso
El cuerpo suele advertir antes que la mente sobre la necesidad de una pausa. Tanto Calvo como Holmes coincidieron en que señales como tensión en el cuello, mandíbula o hombros, respiración superficial, sensación de apuro, irritabilidad o dificultad para concentrarse indican que es momento de hacer un microdescanso.
Calvo recomendó no esperar a estar agotado: “Una buena regla es no esperar a estar agotado, usar estos microdescansos de forma preventiva, cada 60 o 90 minutos, aunque sientas que en ese momento no lo necesitás”.
Holmes añadió que “aprender a registrar estas señales es una forma de alfabetización emocional y corporal”.
Cómo incorporar microdescansos efectivos en la rutina diaria
Los especialistas consultados por Infobae coincidieron en que la clave para que los microdescansos generen impacto está en su integración práctica y sostenida en la rutina. Y recomendaron estrategias para sumarlos al día a día:
- Asociar las pausas a actividades cotidianas. Vincular los microdescansos con acciones ya instaladas, como después de una reunión, antes de responder un correo o al finalizar una tarea, ayuda a que la pausa se vuelva parte natural del día y no dependa solo de la voluntad.
- Programar recordatorios o alarmas. Colocar alarmas en el celular o establecer alertas en el calendario permite recordar la importancia de detenerse cada 60 a 90 minutos, incluso cuando no se percibe cansancio inmediato. Según Calvo, esto previene llegar al agotamiento.
- Priorizar prácticas físicas, simples y conscientes. Elegir actividades que reduzcan la activación del sistema nervioso: respiraciones profundas y lentas, estiramientos atentos de brazos, cuello y espalda, caminar unos minutos sin el celular, mirar por la ventana o tomar agua de forma consciente. Holmes enfatizó que la brevedad y la conciencia en la acción son más efectivas que la distracción con pantallas.
- Evitar estímulos digitales y multitasking. No utilizar redes sociales, leer noticias o responder mensajes durante el microdescanso. Estas actividades mantienen el cerebro en estado de alerta y no permiten la verdadera recuperación.
- Comenzar con pausas muy breves y ser constante. Iniciar con descansos de uno a cinco minutos facilita la adaptación y favorece la constancia. La frecuencia resulta más importante que la duración: varias pausas cortas a lo largo del día suman más que un solo descanso prolongado.
- Ver los microdescansos como autocuidado preventivo. Entender que estas pausas no son un lujo ni una pérdida de tiempo, sino una herramienta de protección de la salud mental y física. Holmes sugirió “comprender que no son un lujo, sino una forma de autocuidado preventivo”.
Incorporar estas estrategias permite sostener los microdescansos a lo largo del tiempo, favoreciendo la recuperación, la regulación emocional y el equilibrio entre las exigencias diarias y el bienestar.
Los microdescansos como herramienta para prevenir el agotamiento crónico
Tanto Calvo como Holmes resaltaron el potencial preventivo de los microdescansos frente al agotamiento crónico y el burnout. Calvo destacó que “el agotamiento no aparece de un día para otro: es la suma de semanas o meses sin recuperación suficiente”.
En tanto Holmes precisó que “cuando una persona permanece en activación sostenida, el eje hipotálamo–hipófiso–adrenal se mantiene estimulado, favoreciendo la liberación continua de cortisol y otras hormonas del estrés”.
Las pausas breves y conscientes a lo largo del día “actúan como pequeñas intervenciones preventivas que favorecen el equilibrio neuroendocrino y reducen la carga inflamatoria asociada al estrés crónico”.