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Harinas integrales, refinadas y alternativas: sus efectos en la salud y cómo elegir la opción más adecuada

La diversidad actual en estas mezclas permite elegir según requerimientos nutricionales y preferencias en la cocina

Las harinas integrales conservan el salvado, germen y endospermo del grano, lo que implica un mayor aporte de fibra, vitaminas, minerales y sustancias antioxidantes.

La elección de harina para cocinar o preparar productos horneados se ha transformado gracias a una oferta cada vez más diversa, en la que opciones derivadas de granos enteros, legumbres, frutos secos, semillas y hasta vegetales compiten por el título de “más saludable”.

Según la Academia Española de Nutrición y Dietética, aunque popularmente se piensa que sustituir la harina de trigo refinada por otra reducirá de forma significativa los carbohidratos, todas las harinas contienen altos niveles de este macronutriente.

Sin embargo, hay matices fundamentales que determinan cuál podría considerarse la mejor alternativa para cada tipo de dieta o necesidad de salud.

El doctor Prieto Hontoria, de la misma entidad, explica en la página web de la Academia española de Nutrición y Dietética, que las harinas integrales conservan el salvado, germen y endospermo del grano, lo que implica un mayor aporte de fibra, vitaminas, minerales y sustancias antioxidantes.

La harina integral conserva el salvado, germen y endospermo del grano original (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este perfil contribuye a un índice glucémico más bajo, ya que los azúcares se absorben de forma más lenta gracias a la fibra, ayudando al control glucémico y una mejor sensación de saciedad.

Por el contrario, las harinas refinadas, al eliminar el salvado y el germen, pierden parte importante de su valor nutricional y tienen una absorción más rápida de sus carbohidratos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)

Dentro del amplio abanico de harinas, las de legumbres, como la de garbanzo, lenteja o alubia, representan una alternativa destacada para quienes buscan mayor proteína y fibra, y un aporte calórico moderado.

Estas harinas, según la Academia Española de Nutrición y Dietética, duplican o triplican el contenido proteico de las harinas convencionales de cereal y contienen aminoácidos esenciales, vitaminas del grupo B y antioxidantes.

Además, su baja proporción de carbohidratos y su absorción lenta resultan especialmente favorables en personas con diabetes o que requieren controlar el nivel glucémico. Los efectos positivos de su consumo en la prevención y tratamiento de enfermedades cardiovasculares y metabólicas cuentan con respaldo en estudios clínicos.

En términos de grasas y valor calórico, destaca el grupo de harinas obtenidas de frutos secos, siendo la de almendras la más popular.

La harina de almendras está compuesta principalmente por grasas saludables y proteínas (Imagen Ilustrativa Infobae)

De acuerdo con Health Cleveland, media taza de harina de almendras aporta cerca de 12 gramos de proteína, 30 gramos de grasas saludables y 12 gramos de carbohidratos, con 4 gramos de fibra.

Las harinas originadas a partir de pseudocereales, como la de quinoa, amaranto y linaza, han sido incorporadas en la oferta internacional.

Según Health Cleveland, la harina de quinoa, además de carecer de gluten, aporta proporciones significativas de proteína, fibra y grasas insaturadas.

Este mismo producto fue analizado por la Revista Nutrients, que destaca su buena proporción de hierro, su aporte de aminoácidos y sus ventajas para la elaboración de productos horneados con texturas más tiernas, incluso cuando se sustituye parcialmente la harina de trigo en recetas tradicionales.

Por otro lado, la harina de coco, obtenida del secado y molienda de la pulpa de este fruto, se posiciona como otra alternativa para quienes buscan mayor contenido de fibra y ausencia de gluten.

Se obtiene al secar y moler la pulpa del coco (Imagen Ilustrativa Infobae)

Según Health Cleveland, posee unos 25 gramos de fibra por cada media taza, cifra que supera ampliamente a otras harinas.

Por otro lado, un informe de la Universidad de Michigan subraya la necesidad de ajustar recetas al utilizar esta harina, ya que demanda mayor humedad y no suele ser sustituible en partes iguales en la mayoría de preparaciones.

El surgimiento de harinas alternativas también abarca productos innovadores, como aquellas derivadas de insectos, frutas y verduras.

Según la Revista Nutrients, la harina de grillo y los polvos de vegetales (como brócoli o batata) sobresalen por su aporte proteico o de fibra, aunque presentan desafíos culinarios y de aceptación que todavía acotan su uso a nichos específicos o productos formulados para quienes buscan mayor sostenibilidad ambiental.

Qué nutrientes se pierden y cómo leer las etiquetas para elegir harinas más completas

El etiquetado es otro aspecto relevante al momento de identificar la harina más saludable. Según la Revista Nutrients, los reclamos de “alto en fibra”, “sin gluten” o “grano integral” abundan en las nuevas harinas, pero las características nutricionales pueden variar considerablemente entre productos, aun dentro de la misma categoría.

Algunas harinas comercializadas como alternativas sin gluten, por ejemplo, contienen menos proteína y fibra que las de origen convencional, a menos que estén elaboradas a partir de legumbres o pseudocereales como el trigo sarraceno o la quinoa. Por esto, la revisión del etiquetado resulta esencial para hacer una elección informada.

La harina de trigo refinada pierde hasta tres cuartas partes de sus minerales y casi toda la vitamina E (Imagen ilustrativa Infobae)

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