El cierre de 2025 volvió a poner en evidencia un escenario ganadero atravesado por tensiones estructurales, que demuestran que la actividad "atraviesa una etapa de transición compleja, marcada por la escasez de hacienda, la recomposición de precios y un delicado equilibrio entre producción, consumo interno y exportaciones”, puntualizó el presidente de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra), Miguel Schiariti.
Según el directivo, los números del año no deben leerse como un fenómeno aislado sino como la consecuencia de un proceso que se fue acumulando campaña tras campaña. “Los datos son claros y, lejos de ser coyunturales, reflejan las consecuencias acumuladas de varios años de sequía, liquidación de existencias y menor producción de terneros”, advirtió Schiariti, al explicar que el ciclo ganadero arrastra limitantes productivas que se traducen en menor oferta y presiones constantes sobre el mercado.
Ese contexto impactó de lleno en la actividad de los frigoríficos. La industria cerró 2025 con 13,585 millones de cabezas faenadas, lo que implicó una caída interanual del 2,5%, sumando un nuevo retroceso respecto de 2024. Si bien diciembre mostró una mejora mensual, el nivel de faena siguió por debajo del registrado un año atrás y confirmó que la escasez de animales condicionó el ritmo del sector durante todo el ejercicio.
La composición de la faena también encendió señales de alerta para el futuro, de acuerdo con el informe elaborado por Ciccra dado que -aunque la participación de hembras retrocedió levemente en el acumulado- se mantuvo en valores todavía elevados, lo que plantea dudas sobre la velocidad de recuperación del rodeo. En palabras del titular de Ciccra, “la recomposición del stock será lenta y exigirá condiciones macroeconómicas y productivas estables para consolidarse”.
En este marco de menor oferta, el precio de la hacienda se convirtió en una de las variables más sensibles del año. Desde mediados de 2025 el mercado inició un proceso de recomposición que se aceleró hacia el cierre del ejercicio, impulsado por la escasez y la competencia por la hacienda terminada. El valor del kilo vivo acumuló una suba del 62,3% y alcanzó, en términos reales, uno de los niveles más altos de los últimos quince años.
Como era de esperar, la suba en el mercado de hacienda tuvo impacto directo en los precios minoristas. Los cortes vacunos lideraron los aumentos del rubro alimentos y bebidas, condicionando el poder de compra de los consumidores y reordenando la disputa con otras carnes. Sin embargo, el comportamiento del consumo dejó un dato inesperado: paradójicamente, mientras la producción total de carne vacuna cayó 1,1% interanual, el consumo interno mostró una leve recuperación ubicándose en 48,4 kg/año per cápita.
La explicación, según Ciccra, estuvo directamente asociada al desempeño exportador, “principalmente por el ajuste de las compras chinas en la primera mitad del año”. En total, las exportaciones de carne vacuna retrocedieron 9,5% respecto del récord de 2024, totalizando 846,4 mil toneladas r/c/h, lo que implicó más volumen disponible para el consumo local.