El Gobierno sufre una contradicción permanente. Las posturas distintas sobre cómo encarar la gestión exponen las diferencias mediante declaraciones, símbolos y actos. La última muestra concreta fue la movilización que el peronismo realizó ayer a la Plaza de Mayo por el Día de la Lealtad.
El último jueves, después de idas y vueltas sobre la realización de un acto partidario en el que se iba a anunciar un Plan Quinquenal de Viviendas, el presidente Alberto Fernández publicó en sus redes sociales una carta con el sello del PJ convocando a una marcha para festejar el 17 de octubre. Sin acto y con el objetivo de volver a ganar las calles. Iba a haber acto, después no iba a haber y, finalmente, hubo una marcha. Blanco, negro, gris.
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La movilización arrancó el domingo a las 16 y se concentró en el centro porteño. Estuvieron intendentes del conurbano como Mariano Cascallares (Almirante Brown), Fernando Espinoza (La Matanza) y Gustavo Menéndez (Merlo); funcionarios albertistas como el canciller Santiago Cafiero, los ministros Gabriel Katopodis (Obras Públicas) y Juan Zabaleta (Desarrollo Social); y el subsecretario general de la Presidencia, Miguel Cuberos.
También hubo kirchneristas duros como el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, el ministro de Desarrollo Social bonaerense y líder de La Cámpora, Andrés “Cuervo” Larroque, el ex vicepresidente Amado Boudou y la titular de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Estuvieron varias de las vertientes de la coalición de gobierno. Faltaron dos importantes, que se movilizarán hoy: la CGT y los movimientos sociales.
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En las presencias no hubo contradicciones. Está claro. Sin embargo, no sucedió lo mismo con los discursos. Bonafini lanzó críticas impiadosas para el Presidente y llamó a no pagar la deuda que Argentina tiene con el FMI. “Usted siempre se junta con los ricos y nos quiere hacer pagar un robo”, le dijo al Jefe de Estado, en referencia a su participación en el Coloquio de Idea junto a empresarios y a la decisión de pagar la deuda contraída por Mauricio Macri.
Boudou reclamó que la voz de los K más duro sea escuchada. “Formamos parte de un frente y es con Todos. También con nosotros. Nuestra voz también tiene que estar ahí adentro”, planteó, y respaldó la postura de la Titular de Madres de Plaza de Mayo. El kirchnerismo lanzó munición gruesa contra la Casa Rosada.
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Desde el albertismo buscaron restarle importancia a las diferencias. “Es una de las posturas que tiene una parte de nuestro frente. Pero todos están adentro, eso es lo importante”, precisó una voz muy cercana al Presidente, que, desde la Quinta de Olivos, donde monitoreo el acto, tampoco le dio entidad a las críticas que salieron desde el corazón del kirchnerismo duro.
Además, creen que Bonafini es incontrolable en sus dichos. En todo caso, el problema no es su discurso, sino que el Gobierno haya convocado a un acto en el que se lo termina criticando, lo que deja a la luz una falta de control e influencia sobre la vida política de la coalición.
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Los dirigentes afines al Jefe de Estado quedaron entrampados en una marcha que tuvo el color peronista, pero la voz de los kirchneristas. El Gobierno no controló el acto ni quienes iban a hablar en él, pese a haber convocado la marcha. “¿Qué debería haber hecho Alberto? ¿No convocar? ¿Vallar la Plaza? El Gobierno no puede controlar patrullas perdidas”, se quejó un dirigente que tiene la confianza del Presidente.
La marcha tiene un contexto que no puede pasar desapercibido. En la última semana el ministro de Economía, Martín Guzmán, viajó a Estados Unidos para reunirse con Kristalina Georgieva, titular del FMI, y avanzar en la negociación para cerrar un acuerdo en el pago de la deuda. En paralelo, el Jefe de Gabinete, Juan Manzur, visitó el mismo país para reunirse con inversionistas.
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Que la posición pública del peronismo en el Día de la Lealtad haya sido que no hay que pagarle al FMI, no parece ser la mejor expresión de apoyo al gobierno de Alberto Fernández. El Presidente ya ha dejado en claro, en varias oportunidades, que la voluntad de su gestión es pagar la deuda con un acuerdo que sea sustentable para la dañada economía del país. Pero pagar. No está en los planes un default.

Las contradicciones del Frente de Todos no solo complican el posicionamiento del oficialismo, sino que le da volumen a los argumentos de Juntos por el Cambio. Ayer el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, en una nota con Infobae, convocó a la oposición a cerrar un acuerdo el día después de las elecciones.
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En la vereda opositora ya sentaron una postura. “Antes de convocarnos tienen que arreglar sus problemas internos y saber que quieren hacer con la economía. Son el Frente de todos contra todos”, señalaron, con ironía, desde el radicalismo.
“La respuesta en un reportaje no puede ser tomada como una convocatoria. El ámbito para un acuerdo institucional es el Congreso. Hay que esperar el resultado de las elecciones, no nos van a hacer el abrazo del oso”, precisaron desde la Coalición Cívica, donde temen que los arrastren a un acuerdo de gobernabilidad en el que terminen perjudicados y pegados a un posible fracaso del Gobierno.
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En el PRO fueron más duros. “El pueblo tiene que elegir. Estamos en medio de un proceso electoral y no vamos a aceptar ninguna distorsión del mismo”, indicó un referente del partido, mientras que desde el larretismo advirtieron que “no hay que contestar un llamado futuro realizado por los medios”.
“Massa no tiene ningún cargo ejecutivo. En todo caso podrá llamar a los líderes parlamentarios para acordar una agenda en el Congreso. Pero es futurología. Falta un mes para la elección, después se verá”, sentenciaron, direccionando el mensaje al líder del Frente Renovador.
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Sergio Massa no solo cree que hay que hacer un acuerdo con la oposición, sino que también es de los que está convencido en que se debe acordar el pago de la deuda con el FMI. Unir las piezas de ese enorme rompecabezas político es lo que generará estabilidad, previsibilidad y un escenario más propicio para la reactivación económica.

Este lunes, a las 14, en lo que será una muestra de fuerza en las calles, los sindicatos y los movimientos sociales marcharán para hacer su propio festejo por el Día de la Lealtad. No hay oradores confirmados. Pero nadie en el Gobierno descarta que el Presidente pueda hablar. En definitiva, ambos espacios apoyan al Jefe de Estado y mantienen una relación fría y distante con el kirchnerismo y, en especial, con Cristina Kirchner.
En ese gesto quedará expuesta una más de las diferencias internas. No pudieron acordar hacer un solo acto, lo que habría sido un símbolo de unidad en medio de largas semanas de turbulencia en los pasillos de la coalición. Esas diferencias sobreviven en el interior del Frente de Todos pese a los fallidos intentos por querer disimular la unificación del espacio en los hechos, los discursos y las posturas.
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