Las razones políticas detrás de las nuevas medidas para los runners y cómo sigue la relación entre Alberto Fernández, Rodríguez Larreta y Axel Kicillof

El gobierno porteño busca bajar la tensión con Axel Kicillof y mostrar un mensaje restrictivo en vísperas de la mayor circulación del virus. En la práctica el control parece de difícil instrumentación

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Axel Kicillof y Horacio Rodríguez Larreta

Horacio Rodríguez Larreta esperaba encerrado en su oficina del tercer piso de la sede de gobierno de la calle Uspallata, que este jueves lucía semivacía y en alerta por la circulación del virus tras el almuerzo del pasado viernes –hasta hace unos días era un desfile de funcionarios y dirigentes–, el próximo turno para someterse a un nuevo hisopado.

El miércoles, el jefe de Gobierno porteño se había realizado el primer test, que dio negativo, después de la comida que compartió con María Eugenia Vidal, Emilio Monzó y Martín Lousteau. Por indicación del ministro Fernán Quirós, que a sus tareas diarias por la crisis sumó ahora el seguimiento de la historia clínica de casi todo el gabinete, Rodríguez Larreta se someterá en la mañana de este viernes a un segundo estudio para terminar de confirmar, o no, el primer resultado.

Es que el COVID-19 puede manifestarse hasta una semana después de haberse codeado con un contacto estrecho positivo, en este caso la ex gobernadora y dos de sus colaboradores más cercanos: Federico Dibenedetto, que lo acompaña desde sus inicios en la Jefatura de Gabinete porteña, y Emmanuel Ferrario, que heredó de Vidal, en diciembre pasado. Por estas horas, los principales funcionarios y asesores se realizaban el hisopado. Por el momento, a todos se les dio la orden de permanecer lo más aislados posible, con reuniones virtuales. Incluso prohibieron reportajes presenciales: solo por teleconferencia. Ni siquiera móviles de televisión en la calle.

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Aislado preventivamente, el jefe de Gobierno encabezó entonces esta mañana la reunión de la mesa chica de crisis en torno al coronavirus junto a Diego Santilli, Felipe Miguel y Quirós para terminar de instrumentar las nuevas disposiciones del ejercicio al aire libre, que en las últimas semanas se convirtió en uno de los temas de controversia entre la Ciudad y la Provincia.

Alberto Fernández, Axel Kicillof y Diego Santilli, ayer, en Olivos (Presidencia)

En la administración porteña reconocen que la implementación de la obligatoriedad de realizar actividad física de acuerdo al número de DNI, como oficializaron a media mañana, es pour la galerie. Una salida a dos bandas: para bajar la tensión con el gobierno de Axel Kicillof, por un lado, y para mostrar un mensaje restrictivo en vísperas de la mayor circulación del virus, aunque en la práctica el control sea de difícil instrumentación.

¿Cómo controlarlo? “Es imposible”, reconocen en la cúpula de la Ciudad. Y agregan: “A medida simbólica, respuesta simbólica”. En el Gobierno porteño siguen convencidos de que la actividad al aire libre anunciada hace quince días no alteró la evolución de la curva de casos. Sí conceden, como reclamó la Provincia, que pudo haber contribuido a dar una señal de relajación en momentos en que el AMBA empezaba a entrar en su etapa sanitaria más cruda.

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Se llevó, por caso, buena parte de la reunión del feriado del lunes de los equipos de Salud de Nación, Ciudad y Provincia. No hubo tensión porque los tres ministros, y sus colaboradores más cercanos, tienen entre sí respeto profesional y buen trato.

Pero sí hubo espacio para que Quirós, según pudo reconstruir este medio, reclamara por algunas imágenes de trenes abarrotados de pasajeros en algunos horarios pico del área metropolitana y de cuarentena light en determinados distritos del Gran Buenos Aires. La propia Mayra Mendoza, de Quilmes, publicó en sus redes sociales el viernes pasado un pedido a los vecinos para que respetaran el aislamiento, que acompañó con una foto de la peatonal Rivadavia con un movimiento de gente casi similar a cualquier tarde de junio del año pasado.

De ahí surgió la idea, planteada por el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, de compartir información técnica sobre el AMBA como una sola región. Y de empezar a analizar cómo seguir el aislamiento decretado por primera vez el 20 de marzo. Es decir, hace tres meses.

En esa línea, Alberto Fernández volvió a oficiar ayer de mediador. Kicillof de un lado, y Santilli del otro, en reemplazo de Rodríguez Larreta, ya aislado por prevención. En la mañana del martes, el jefe de Gobierno había visitado al Presidente en Casa Rosada, un encuentro, como publicó ayer este medio, que pasó absolutamente inadvertido. El hisopado del jefe de la Ciudad de este viernes también mantiene en alerta a la Casa Rosada.

El encuentro, en Olivos, tranquilizó las aguas. Kicillof detalló su enorme preocupación por la situación sanitaria en el Gran Buenos Aires –”inabarcable”, sentenció, según fuentes oficiales– y dejó la quinta presidencial con la sensación de haber hecho valer la presión en torno a la actividad física al aire libre. A través de Santilli, Rodríguez Larreta pudo sortear el entuerto: en la administración porteña había temor de tener que ceder algo más.

El jefe de Estado hace equilibrio entre ambas posturas. Entre la crisis y sus propias tensiones internas.

Ejercicio al aire libre en la Ciudad (Reuters)

Tres meses después del inicio de una crisis sin precedentes, tanto desde Casa Rosada como desde la Ciudad y la Provincia reconocen que el camino se hace largo, y que nadie sabe dónde, ni cómo, termina. “Ya ni nosotros nos aguantamos”, confió uno de los principales protagonistas de la mesa tripartita del AMBA.

El anuncio de ayer de utilización del transporte público solo para los trabajadores esenciales sorprendió hasta a los propios funcionarios del Ministerio de Transporte nacional porque fue, en rigor, la oficialización de una disposición que ya regía en los papeles. La única novedad es la puesta en marcha de controles policiales más severos –también ya anunciados con anterioridad–, y la obligatoriedad de volver a tramitar el permiso de circulación para los trabajadores exceptuados.

Ante ese panorama, la evolución de la curva de contagios obliga a Fernández, Kicillof y Rodríguez Larreta a redoblar esfuerzos y a mantener una armonía política que cada tanto amenaza con resquebrajarse. Este viernes, si su resultado vuelve a ser negativo, el jefe de Gobierno podría reunirse con el gobernador en La Plata, resaltaron desde el entorno del alcalde. Colaboradores de Kicillof aclararon que, por ahora, no tiene nada en agenda.

Los tres están abocados a administrar no solo la crisis sanitaria, como al principio de la pandemia, sino también la fatiga social y los reclamos de los distintos actores de la economía que no dan más. Para colmo, el virus empezó a colarse en la política, y a intensificar su presencia. Solo un dato: ayer, 22 policías de la Ciudad, por ejemplo, dieron positivos de COVID-19. El promedio era de 5 por día.

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