No se sabe si Miguel Ángel Pichetto le aportará votos a Cambiemos. Pero ya sabemos, como dijo ayer el consultor Diego Falcone en 4 Días, que los mercados, a Pichetto, "lo aman". Esto podría significar muchas cosas. Una, la más obvia, es que los mercados descuentan que habrá más gobernabilidad de acá hasta que Mauricio Macri termine su primer mandato.

Otra, muy vinculada con la primera es que, al mismo tiempo, habría menos motivos para pensar en una nueva disparada del dólar y un renovado crecimiento de la inflación. La tercera, entonces, completaría el supuesto círculo virtuoso: porque, de a poco, los votantes desencantados de Macri volverían a elegirlo, espantados por la posibilidad de que regrese Cristina Kirchner y un poco más esperanzados en un futuro mejor. Y suponiendo que la apertura de Macri, Marcos Peña y Jaime Durán Barba no se limitara a Pichetto, sino a algunas otras figuras del peronismo denominado racional.

Después habrá que analizar cuántos votos contantes y sonantes le aportará Sergio Massa a la fórmula Fernández-Fernández. Y con qué porcentaje de la torta se quedará el espacio encabezado por la fórmula Roberto Lavagna-Juan Manuel Urtubey.

En las PASO de 2015 la fórmula encabezada por Daniel Scioli obtuvo el 38,69% de los votos; Cambiemos, con Macri por un lado y Ernesto Sanz y Elisa Carrió por el otro, alcanzaron el 28,57%; la fuerza liderada por Sergio Massa sumada a la de José Manuel de la Sota, el 19.52%. En primera vuelta Scioli bajó al 37,08%, Macri trepó hasta el 34,15% y Massa subió apenitas, a un 21,39%.

La segunda vuelta terminó con un triunfo muy ajustado a favor de Macri: 51,34% a 48,66%. Con una lectura rápida se podría concluir que, con respecto a 2015, la polarización se habría acelerado, y que, además, se habría acentuado.

Esto le permitiría a la fórmula Alberto-Cristina acercarse e incluso superar los 40 puntos, pero al mismo tiempo colocaría a Juntos por el Cambio a no más de 5 puntos de diferencia. Es decir: cerca de los 35. Y que Lavagna, en vez de los 20 que Massa supo conseguir en 2015, apenas alcanzaría los 10 puntos. El problema para Cristina, Alberto y Massa es que, proyectados, no les alcanzarían en octubre para ganar en primera vuelta, y volverían a perder, por poco, en la segunda.

¿Por qué? Porque, a priori, casi todo el voto de Lavagna se podría ir hacia Macri, y también harían lo mismo los votantes de José Luis Espert o Juan José Gómez Centurión. E incluso repetirían el comportamiento anterior los que eventualmente vayan a votar a Daniel Scioli. De cualquier manera todo este partido de billar se podría ir al diablo si algún factor externo o interno empieza a mover el tipo de cambio para arriba. Entonces sí la consigna "Vamos a volver" dejará de ser un slogan para transformarse en una realidad.

* Editorial de Luis Majul en el programa La Tarde en CNN Radio