Los estudiantes peruanos quieren saber, preguntar y descubrir. El 81% afirma sentir curiosidad por muchas cosas, frente al 73% del promedio de los países de la OCDE, y Perú se ubica en el puesto 7 entre 85 sistemas educativos evaluados en el índice de curiosidad de PISA 2025.
El dato contrasta, sin embargo, con los resultados académicos. Solo 30% de los estudiantes alcanzó al menos el nivel básico en Matemática, 42% lo hizo en Lectura y 47% en Ciencias. Es decir, existe una fuerte disposición hacia el aprendizaje que no necesariamente termina convirtiéndose en las competencias que mide la evaluación internacional.
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La aparente contradicción abre una pregunta que va más allá de los puntajes: ¿qué ocurre entre las ganas de aprender y lo que finalmente los estudiantes consiguen hacer con ese interés dentro y fuera del aula?
Los escolares peruanos quieren aprender y saber cómo funcionan las cosas
La curiosidad no aparece como un dato aislado. PISA 2025 muestra que 81,5% de los estudiantes peruanos afirma que le gusta aprender cosas nuevas, una de las proporciones más altas entre los sistemas participantes.
Además, 82% señala que le interesa saber cómo funcionan las cosas y 74% asegura que realiza un esfuerzo adicional cuando una tarea se vuelve difícil, frente al 60% registrado en promedio entre los países de la OCDE.
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Para María Alejandra Torres, jefa de la carrera de Educación de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), estos indicadores muestran una fortaleza que no debería quedar opacada por los bajos resultados de aprendizaje.
“Tenemos estudiantes con una disposición importante para preguntar, descubrir y conocer. El desafío está en transformar esa curiosidad en procesos concretos de aprendizaje”, explica.
Según la educadora, la curiosidad inicial necesita ser acompañada dentro de la escuela. Una pregunta puede funcionar como punto de partida, pero para convertirse en aprendizaje debe llevar al estudiante a investigar, contrastar información, argumentar, resolver problemas y construir explicaciones.
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Ser curioso sí está asociado con mejores resultados
Los propios datos de PISA muestran una relación entre curiosidad y rendimiento académico, aunque esto no implica que una variable cause automáticamente la otra.
En Perú, un incremento de una unidad en el índice de curiosidad está asociado con 11 puntos adicionales en Ciencias, incluso después de considerar el perfil socioeconómico de los estudiantes y las escuelas. En el promedio de la OCDE, la diferencia alcanza los 19 puntos.
La OCDE advierte además que los sistemas con estudiantes más curiosos no son necesariamente aquellos donde esa curiosidad tiene una relación más fuerte con el desempeño. Esto sugiere que importa no solo cuánto interés muestran los escolares, sino cómo el sistema educativo consigue canalizarlo hacia actividades relevantes para aprender.
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Ahí aparece parte del desafío peruano: contar con adolescentes que dicen tener interés por descubrir cosas nuevas, pero que continúan enfrentando dificultades para aplicar conocimientos y comprender información.
La fuerte caída en Lectura añade otra alerta
Uno de los resultados que más preocupa en PISA 2025 se encuentra en Lectura. Perú pasó de 408 puntos en 2022 a 390 en 2025, una disminución de aproximadamente 18 puntos y estadísticamente significativa.
La dificultad tiene implicancias que atraviesan otras materias. Leer no consiste únicamente en reconocer palabras: comprender un texto, distinguir su idea principal, identificar información relevante y evaluar una fuente son herramientas necesarias para aprender Ciencias, Matemática y prácticamente cualquier otra disciplina.
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Para Torres, desarrollar estas capacidades resulta todavía más importante en un entorno donde los estudiantes tienen acceso inmediato a enormes cantidades de información.
Más de la mitad utiliza inteligencia artificial cada semana
Ese escenario ya incluye a la inteligencia artificial. El 54% de los estudiantes peruanos declaró utilizar chatbots de IA al menos una vez por semana para ayudarse a aprender, por encima del promedio de la OCDE, que alcanza el 46%.
El uso también es frecuente para tareas específicas: 43% utiliza estas herramientas para realizar investigaciones preliminares sobre un tema, 40% para resumir textos y 36% para elaborar borradores de trabajos escritos.
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“Hoy un estudiante puede satisfacer su curiosidad en segundos gracias a la inteligencia artificial, pero encontrar una respuesta no equivale necesariamente a aprender. Necesitamos formar estudiantes capaces de cuestionar, verificar y comprender”, advierte Torres.
PISA señala precisamente que la relación entre IA y rendimiento es compleja: depende de cómo se utiliza la herramienta, para qué tarea y qué capacidades tiene el estudiante para evaluar la información que recibe.
¿Cómo convertir la curiosidad en aprendizaje?
Torres plantea que el reto consiste en darle un propósito pedagógico a esa disposición que ya muestran los estudiantes. En lugar de limitarse a entregar respuestas, propone trabajar con preguntas que obliguen a investigar, comparar fuentes, argumentar y resolver situaciones reales.
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También considera necesario enseñar a los escolares a verificar la información obtenida en internet y mediante sistemas de inteligencia artificial, así como evaluar no únicamente cuánto pueden recordar para una prueba, sino qué son capaces de hacer con aquello que aprendieron.
PISA 2025 deja así una fotografía menos lineal de la educación peruana. Los bajos puntajes muestran dificultades importantes, pero detrás de ellos aparece también un activo que puede aprovecharse: los estudiantes manifiestan interés por aprender y entender el mundo. El desafío pendiente es conseguir que esa curiosidad encuentre en la escuela las herramientas necesarias para convertirse en comprensión, pensamiento crítico y capacidad para resolver problemas.
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