La pobreza monetaria en América Latina caerá en 2026 a su nivel más bajo en registros comparables, 24,8%. Sin embargo, en Perú ese avance oculta una realidad distinta: casi seis de cada diez peruanos permanecen atrapados en la indigencia o en una vulnerabilidad tan frágil que los coloca a un solo shock de distancia de recaer.
Esta es una de las principales advertencias planteadas por Giovanni Di Placido, director de Análisis, Estudios, Research y Estrategia de la Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), durante su intervención en el evento Sembrar resiliencia: Microfinanzas ante el Fenómeno El Niño, organizado en Lima por Financiera Confianza.
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“El problema central de América Latina ya no es sacar personas de la pobreza, es conseguir que permanezcan fuera de ella”, sostuvo Di Placido durante su disertación. El especialista remarcó que, pese a las mejoras registradas en los ingresos monetarios de la población, la pobreza extrema regional mostró un comportamiento inverso al elevarse al 9,7%, una cifra que representa a 65 millones de personas.
El diagnóstico del representante de la FMBBVA señala que la medición anual convencional de la pobreza funciona como una fotografía, mientras que la vulnerabilidad real debe analizarse como una película en movimiento. Di Placido detalló que uno de cada tres latinoamericanos pertenece hoy a la franja de no pobres pero vulnerables. Son familias que lograron cruzar la línea de indigencia monetaria, aunque carecen de activos, ahorros, seguros o empleo formal capaz de sostenerlas frente a cualquier golpe externo sin recaer.
El modelo de desarrollo regional descansa sobre cuatro engranajes que se retroalimentan entre sí y dificultan la movilidad social ascendente. El primero corresponde al sistema educativo: aunque el 90% de los niños de la región concluye la escuela primaria, el 40% de los jóvenes de entre 20 y 24 años no logra terminar la secundaria. Sobre este punto, Di Placido advirtió que “el niño pobre ya va a la escuela, el problema es que la escuela ya no lo lleva a ninguna parte”. El segundo engranaje radica en el trabajo informal, que abarca al 47% de los ocupados de la región, quienes laboran sin contrato ni protección social alguna.
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El tercero es la falta de redes de contención ante eventos adversos, mientras que el cuarto responde a un factor cognitivo provocado por la escasez económica. “Ser pobre equivale a noches sin dormir”, ilustró el especialista, quien explicó que la urgencia por sobrevivir consume la capacidad mental que una persona necesitaría para planificar su futuro.
Fuerzas que redefinen la vulnerabilidad
De cara a las próximas décadas, Di Placido remarcó que “cada época fabrica su pobreza” y que el perfil del vulnerado hacia 2040 estará moldeado por cinco fuerzas globales y territoriales que ya comienzan a manifestarse con fuerza en la región.
La primera es la expansión de los conflictos armados y la fragilidad estatal: se proyecta que para 2030 el 60% de los pobres extremos del planeta habitará en estados frágiles, donde, según explicó el especialista, “la pobreza no la cura el crecimiento, sino la paz”. La segunda fuerza es la crisis climática, que convierte a la emergencia ambiental en un evento recurrente y no en una excepción.
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A estos dos factores se suma una transición demográfica acelerada, en la que América Latina duplicará su población mayor de 65 años en apenas 25 años. Esta dinámica provocará, según Di Placido, que la región “llegará a vieja antes que a rica, y antes que a formal”. El cuarto factor es el avance de la inteligencia artificial y los sistemas algorítmicos, que exponen al 40% del empleo en países de ingreso medio como Perú, Colombia y Chile.
La quinta y última fuerza señalada por el especialista es la brecha digital y de datos, que afecta directamente al acceso a oportunidades. La conectividad, definió Di Placido, funciona como “el agua potable del siglo XXI” para acceder al crédito formal, a la identidad digital y a los programas estatales de asistencia social. De ese modo, millones de familias quedan excluidas de los mecanismos que permiten sostener cualquier avance económico logrado.
El caso peruano y la informalidad
Al analizar el caso de Perú, Di Placido destacó la precariedad en Lima Metropolitana, donde la pobreza pasó de 14,2% en 2019 a 26,8% en el 2025. El rasgo estructural que define la realidad peruana es una informalidad laboral que alcanza al 69,8% de los ocupados a nivel nacional y se eleva al 89,1% entre la población en situación de pobreza.
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A esto se suma que el 32,8% de los peruanos se encuentra en situación de vulnerabilidad sin ser pobre, un dato que, según el especialista, invierte la lógica habitual del problema. “Hoy hay más peruanos en riesgo de caer que pobres”, enfatizó Di Placido, quien explicó que un robo, una extorsión, una enfermedad o el impacto del Fenómeno El Niño bastan para devolver a miles de familias al punto de partida.
El microemprendimiento como motor de movilidad social real
Frente a esta coyuntura, la FMBBVA plantea que el actor con mayor capacidad de romper la trampa de la vulnerabilidad no es la gran empresa, sino el microemprendedor. En Perú, las mypes representan el 99,7% del tejido empresarial del país y generan 8,3 millones de empleos. No obstante, Di Placido advirtió que “romantizar al microemprendedor es la forma elegante de abandonarlo”, puesto que el 52% de quienes emprenden lo hace por necesidad y el 87% opera fuera de la administración tributaria como estrategia de supervivencia.
Para convertir ese trabajo informal en una trayectoria real de desarrollo y acumulación de activos, el acompañamiento financiero resulta determinante. El 63% de los clientes que ingresaron en situación de pobreza a Financiera Confianza lograron superar dicha línea al cabo de cinco años de relación crediticia productiva. El especialista destacó también el rol central de las mujeres, quienes representaron el 64% de los créditos otorgados por la entidad en 2025 y enfrentan barreras adicionales de género y de tiempo por la falta de sistemas de cuidado infantil y de adultos mayores.
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