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“El fin del mundo es el comienzo de otro”: Alberto Fuguet presenta su novela “Ushuaia” en la FIL Lima 2026

En conversación con Infobae Perú, el autor chileno explicó por qué decidió explorar una dimensión más emocional en “Ushuaia (un destino melodramático)”

El autor explica cómo la idea de estar lejos de todo puede convertirse en una experiencia atractiva y en el punto de partida hacia otro mundo.

Alberto Fuguet nunca ha estado en Ushuaia, pero eso no le impidió convertir la ciudad austral en el escenario de su más reciente novela. Para él, aquel territorio situado en el extremo sur del continente representa mucho más que un punto geográfico: es un lugar que parece existir primero en la imaginación y después en el mapa.

El escritor chileno llegó a la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) 2026 para presentar Ushuaia (un destino melodramático) y, en el marco de su visita, concedió una entrevista a Infobae Perú, en la que habló sobre la distancia, los vínculos familiares, la emoción, sus referentes literarios y la relación que mantiene con el periodismo.

El fin del mundo como territorio de la imaginación

Cuando piensa en aquel destino, el autor no parte de su ubicación, sino de la sensación que provoca. Si tuviera que encontrar un equivalente peruano, elegiría Iquitos, una ciudad cuyo nombre ya le resulta interesante. Ambas comparten, desde su perspectiva, una condición de frontera, de lugares remotos que despiertan la fantasía antes incluso de ser conocidos.

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“Es la frontera, lo que está al otro lado del arcoíris, como Oz”, explica. La comparación con el universo fantástico creado por L. Frank Baum le permite resumir esa percepción: un territorio lejano, casi imaginario, al que se llega después de atravesar una distancia considerable. Hawái, Cancún y otros destinos turísticos producen una sensación parecida porque, antes de visitarlos, ya forman parte de un imaginario construido por relatos, fotografías y expectativas.

Alberto Fuguet, escritor chileno, explicó que nunca ha visitado Ushuaia, pero imaginó la ciudad como un lugar fronterizo y remoto que existe primero en la mente y después en el mapa. (Paula Elizalde)

En esa categoría también entra el extremo austral. Para el novelista, representa el lugar al que quisimos ir, donde pudo haber ocurrido algo o al que estuvimos cerca de llegar. Hay una dimensión de fantasía en esa idea, similar a Disneylandia, pero la ciudad existe y ha convertido precisamente su ubicación en uno de sus mayores atractivos: vender la experiencia de encontrarse en el “fin del mundo”.

Durante años, esa expresión le generó una impresión distinta. Vivir en un lugar tan alejado podía parecer una condena, una forma de quedar apartado del resto. Con el tiempo, sin embargo, cambió su mirada y comenzó a encontrar una posibilidad en esa distancia.

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“Antes pensaba que vivir en el fin del mundo era un castigo. Ahora creo que, para algunas personas, el fin del mundo es el comienzo de otro. Estar lejos de todo también tiene un lado positivo”, sostiene.

Esa idea de encontrarse en un límite conecta con uno de los vínculos centrales de la obra: la relación entre una madre y su hijo. El escritor rechaza la idea de que sus novelas deban transmitir una moraleja concreta. Su interés está en observar relaciones humanas imperfectas, con momentos de cercanía, distancia, quiebres y reconciliaciones.

“Yo no doy mensajes. No tengo idea de cuál es mi mensaje. Me parece que la vida es así: hay muchas personas que tienen vínculos rotos, disfuncionales o relaciones que funcionan y dejan de funcionar. A veces, dentro de algo malo, aparece algo bueno”, sostiene.

El escritor chileno aborda en su nuevo libro la compleja relación entre una madre y su hijo desde una mirada emocional y profundamente humana.(Paula Elizalde)

Su aproximación a la ficción parte de lo que denomina “hiperrealismo”: observar situaciones existentes y trasladarlas a la literatura sin necesidad de inventar circunstancias extraordinarias. En esta ocasión, encontró en la relación maternofilial un vínculo cotidiano, universal y, según su percepción, poco abordado como eje central de una historia.

“Todo el mundo ha tenido una madre. Incluso quienes no la tienen, quienes la perdieron o quienes crecieron sin ella están marcados por ese vínculo. Me interesa escribir sobre algo que, de alguna manera, todos tenemos que procesar”, afirma.

Una historia familiar que apuesta por la emoción

La novela significó un desplazamiento dentro de la propia escritura del autor. Después de varios libros, decidió llevar su estilo hacia un territorio que anteriormente observaba con mayor distancia: la emoción. La relación entre madre e hijo, el melodrama y la sensibilidad ocupan un lugar central, sin que el escritor intente ocultar esa dimensión sentimental.

“Este es un libro mucho más conscientemente emocional, como sin culpa. Antes me daba más miedo. Tinta roja trata de no tener emoción, pero al final esta aparece. En cambio, aquí decidí asumirla desde el comienzo”, explica.

El propósito tampoco consiste en conducir al público hacia una interpretación determinada. Más que entregar una respuesta, busca generar una experiencia que continúe después de la última página. Le interesa que quien termine la lectura permanezca durante unos instantes junto a los personajes, como si despedirse de ellos no fuera inmediato.

El escritor chileno lleva su estilo hacia un terreno más íntimo, marcado por el melodrama y el vínculo entre madre e hijo.

“No busco mandar un mensaje. Quiero que al final sientas que fue una travesía, que estuviste un tiempo con los personajes y que después te demores un poco en despedirte de ellos. Me interesa que sigan contigo”, señala.

Esa concepción de la literatura también permite entender la presencia de Mario Vargas Llosa entre sus referentes. El escritor peruano forma parte de las influencias que reconoce en su trayectoria y que, de una manera u otra, terminan filtrándose en sus propias construcciones narrativas.

“Siempre va a estar Vargas Llosa, en especial, el Vargas Llosa que más me gusta. Siento que este libro es mucho más Tinta roja de lo que yo pensaba”, sostiene.

El autor reconoció que su nueva novela representa un giro hacia una narrativa más sentimental y sin temor al melodrama. (Paula Elizalde)

La relación con el autor peruano no se limita a una admiración literaria. La estructura de su nueva obra, con un periodista que investiga y reconstruye distintas voces, recupera una forma narrativa que el propio Fuguet reconoce cercana a algunas de las herramientas utilizadas por Vargas Llosa.

La presentación en Lima permitió que esa nueva etapa de su escritura tuviera un encuentro directo con los lectores peruanos. El lanzamiento ocurrió durante su visita al país, en la que conversó sobre una historia marcada por la distancia, los vínculos familiares y una mirada más abierta hacia la sensibilidad.

<i>Tinta roja</i>: del “antimanual” a una mirada sobre el periodismo actual

La conversación derivó inevitablemente hacia Tinta roja, la obra que construyó un vínculo especial con el público peruano. Fuguet nunca imaginó que aquella historia terminaría convertida en una referencia para estudiantes de Periodismo ni que tendría una adaptación cinematográfica con una identidad tan marcada por el Perú.

Su intención inicial, de hecho, era prácticamente la contraria. Quería mostrar las contradicciones del oficio desde una mirada que sirviera como advertencia para quienes pensaban dedicarse a él.

El escritor nunca imaginó que su novela sería estudiada por futuros periodistas en Perú y destacaría por su cercanía con la realidad local.

“Mi plan era que, si alguien leyera ese libro, no estudiara Periodismo. Era más bien un antimanual, como diciendo: tengan cuidado”, recuerda.

La obra terminó teniendo una vida diferente. Se convirtió en una lectura habitual en las escuelas de periodismo y posteriormente llegó al cine. Esa recepción llevó al autor a comprender que la historia era mucho más universal de lo que había imaginado. Las dinámicas de una redacción pueden cambiar según el país, pero la competencia, la búsqueda de información y la presión por conseguir una noticia se parecen en distintas partes.

La adaptación cinematográfica encontró, además, una identidad particularmente peruana. El escritor considera que la picardía criolla contribuyó a que los personajes resultaran cercanos para quienes vieron la película.

Alberto Fuguet sostuvo que su vínculo con el periodismo permanece en su literatura, pues muchos de los temas que desarrolló durante sus años en los medios terminaron convirtiéndose en materia para sus libros (Paula Elizalde)

“Los peruanos que me dicen que Tinta roja les parece cercana sienten que podría ser su tío, que les tocó vivir algo parecido. No sienten que sean marcianos que llegaron del espacio exterior para pasearse por Magdalena del Mar”, comenta.

La tecnología transformó las herramientas, pero no necesariamente la lógica de la atención. Si hoy tuviera que imaginar una continuación de aquella historia, considera que tendría que actualizarse incluso el título: podría llamarse Streaming rojo o Streaming clickbait. El papel habría cedido espacio a las pantallas, pero la competencia por obtener clics permanecería.

“Todo lo que vende funciona por los clickbaits. Si ponemos una violación, esto nos va a ir mejor que si ponemos simplemente que un chico se ganó una beca”, sostiene.

La reflexión conduce nuevamente a una profesión que el escritor ya no ejerce, pero que permanece ligada a su trayectoria. Buena parte de su obra nació de la mirada desarrollada durante sus años vinculados con los medios y de los temas que despertaban su interés.

“No era simplemente una forma de ganarme la vida. Buena parte de mi obra está vinculada con lo que escribí para la prensa. Eran temas que me interesaban y que quería desarrollar. A veces sentía que los libros interrumpían mi trabajo de escribir en los medios”, reconoce.

La conversación comenzó en un territorio que el autor nunca ha visitado físicamente, pero que convirtió en escenario literario a partir de la imaginación. Terminó en otro espacio que tampoco parece haber abandonado por completo: el periodismo.

Entre ambos extremos hay una misma idea: aquello que permanece aunque uno se aleje. En Ushuaia, esa noción aparece en los vínculos familiares, en la distancia y en la posibilidad de encontrar un nuevo comienzo en el fin del mundo. En su trayectoria, aparece en la relación con un oficio que dejó atrás, pero que todavía se reconoce en su manera de mirar y contar historias.