Siempre se ha asociado el crecimiento empresarial con una idea aparentemente incuestionable: aprender más. Más conocimientos, más metodologías, más tecnología, más formación. Como si la evolución de una organización dependiera únicamente de incorporar nuevas herramientas y nuevas respuestas.
Pero la experiencia ya nos ha mostrado algo diferente. Aquellas empresas que suelen quedarse atrás, lo hacen no porque les falte conocimiento; se quedan atrás porque siguen aferradas a aquello que alguna vez las hizo exitosas.
Desaprender es una palabra incómoda, pero es un concepto que irónicamente puede ser una fuente de aprendizaje. Supone aceptar que una decisión acertada hace diez años puede convertirse hoy en un obstáculo. Que un procedimiento que permitió crecer puede terminar ralentizando la organización. Que un estilo de liderazgo admirado durante años puede dejar de conectar con las nuevas generaciones. En definitiva, implica reconocer que el éxito del pasado no garantiza la competitividad del futuro.
PUBLICIDAD
No es fácil cuestionar aquello que nos ha dado resultados. Al contrario, tendemos a protegerlo. Cuanto mayor ha sido el éxito, mayor suele ser la resistencia al cambio. Es una reacción profundamente humana. Si algo funcionó, ¿por qué habría que abandonarlo? Porque el entorno ya no es el mismo.
Entornos cambiantes exigen empresas cambiantes
Las organizaciones evolucionan en mercados que cambian constantemente. Cambian los clientes, la tecnología, las formas de trabajar y las expectativas de las personas. Sin embargo, muchas empresas siguen tomando decisiones apoyándose en reglas diseñadas para un contexto que ya no existe.
PUBLICIDAD
Es frecuente encontrar reuniones que continúan celebrándose “porque siempre se hicieron así”, procesos de aprobación que agregan semanas sin aportar valor, indicadores que nadie utiliza para decidir y estructuras organizativas creadas para resolver problemas que desaparecieron hace años.
Una frase de Peter Drucker, uno de los líderes estratégicos más destacados de los últimos tiempos, que describe este tipo de situaciones, nos dice que “el peligro más grande en tiempos de turbulencia (cambio) no es la turbulencia en sí misma, sino actuar frente a ella con la lógica de ayer”. Consecuentemente, desaprender exige humildad, porque implica aceptar que aquello que nos hizo exitosos ayer puede limitar nuestro éxito mañana.
Un líder no progresa únicamente por lo que aprende, sino por aquello que deja de hacer
Las organizaciones más adaptables no son las que más innovan, sino las que revisan continuamente sus propias certezas. Desaprender no consiste en borrar el pasado ni en despreciar la experiencia. Todo lo contrario. La experiencia sigue siendo uno de los activos más valiosos de cualquier organización. Lo que cambia es la forma de utilizarla. La verdadera experiencia no consiste en repetir lo que funcionó ayer, sino en desarrollar el criterio suficiente para distinguir qué merece permanecer y qué necesita evolucionar.
PUBLICIDAD
Las empresas más adaptables no son necesariamente las que más invierten en innovación. Son aquellas que revisan periódicamente sus propias certezas. Las que tienen la capacidad de preguntarse, con honestidad, si siguen haciendo determinadas cosas porque generan valor o simplemente porque siempre se hicieron así. Ese ejercicio requiere valentía. Porque implica aceptar que algunas de nuestras mayores fortalezas pueden convertirse, con el paso del tiempo, en nuestras principales limitaciones.
Quizá por eso las transformaciones más profundas no comienzan incorporando nuevas herramientas, sino eliminando viejas inercias. Cada proceso simplificado, cada reunión innecesaria que desaparece, cada decisión que deja de recorrer cinco niveles jerárquicos representa un espacio para crear más valor.
En un entorno donde el cambio es permanente, aprender seguirá siendo importante. Pero desaprender será, probablemente, una ventaja competitiva aún mayor. Porque evolucionar no siempre consiste en añadir más. A veces consiste, simplemente, en tener la lucidez y la humildad de soltar aquello que ya cumplió su propósito.
PUBLICIDAD
La evolución en una organización llega muchas veces cuando dejamos de defender nuestras respuestas y volvemos a hacernos preguntas.