“A la tercera va la vencida”, es una de las frases que escuchamos desde que tenemos uso de razón y que apuntan a la perseverancia y la constancia como factores que influyen en el logro de metas. Sin embargo, existen estudios que señalan que su efecto es moderado y depende mucho del contexto. En los últimos días, ante un inminente triunfo de Keiko Fujimori en las elecciones presidenciales en su cuarto intento consecutivo, muchos en redes sociales han traído a colación estos discursos. Ciertamente, la trayectoria política no puede explicarse solo por la persistencia individual, sino también por ventajas de origen, estructura partidaria y condiciones del sistema político.
La literatura científica indica que abandonar objetivos inviables y redefinir metas puede ser tan relevante como persistir. A la vez, investigaciones sobre desigualdad, meritocracia y suerte subrayan que la distribución de oportunidades, la clase social, las redes familiares y el azar condicionan quién puede sostener el esfuerzo hasta alcanzar el éxito.
Analizar a Keiko Fujimori desde ese marco permite ver cómo la constancia personal se entrelaza con el poder dinástico, las ventajas de origen, la estructura del sistema político y un electorado que, en contextos de fragmentación y desconfianza, elige el apellido como atajo cognitivo.
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Qué entiende la psicología por perseverancia, constancia y grit
La perseverancia y la constancia suelen definirse como la capacidad de sostener el trabajo hacia un objetivo pese a obstáculos y frustraciones. En psicología, el concepto de grit, acuñado por Angela Duckworth, engloba la tendencia a mantener el interés y el esfuerzo hacia metas de largo plazo, incluso cuando el progreso es lento o los incentivos son escasos. Combina perseverancia del esfuerzo y consistencia de intereses.
Este enfoque distingue la perseverancia de simplemente trabajar duro: implica mantener el esfuerzo enfocado durante años, muchas veces con postergación de gratificaciones inmediatas. La responsabilidad o conscientiousness, uno de los Big Five de la personalidad, está estrechamente vinculada. Incluye organización, disciplina y orientación a metas, y predice logros académicos y conductas saludables.
Otro rasgo relevante es el autocontrol. Para Duckworth, es la capacidad de regular los impulsos que entran en conflicto con metas de largo plazo. Aunque autocontrol y perseverancia suelen correlacionarse, no son idénticos: una persona puede ser perseverante en un área y poco disciplinada en otras. En política, esto puede verse cuando líderes muestran tenacidad electoral pero menor autocontrol en el ejercicio del poder.
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La literatura reciente indica que el grit se solapa fuertemente con la consciencia, lo que cuestiona su aporte único como predictor del éxito. La perseverancia de esfuerzo predice mejor el rendimiento que la consistencia de intereses, y cierta flexibilidad para redefinir metas puede ser adaptativa en contextos cambiantes.
Las habilidades no cognitivas, como persistencia, motivación, confianza o autoestima, también fueron estudiadas. Los resultados muestran que solo las habilidades conductuales y de comunicación presentan alta consistencia temporal, mientras que la persistencia y la autoestima tienen baja estabilidad. En términos de logros educativos, la inteligencia y el contexto estructural pesan más que la perseverancia.
Cuánto pesa la perseverancia en el logro de metas
Los meta-análisis sobre grit y desempeño concluyen que la perseverancia, medida según la escala de Duckworth, es un predictor moderado del éxito. Ayuda, pero su impacto no resulta decisivo. La perseverancia de esfuerzo muestra una capacidad predictiva mayor que la consistencia de intereses, aunque su poder explicativo sigue siendo limitado frente a variables como la inteligencia o el contexto socioeconómico.
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En ámbitos como la educación, la adquisición de idiomas o el emprendimiento, la perseverancia se asocia con una menor probabilidad de abandono y con mejores resultados, pero el tamaño del efecto sigue siendo moderado. En educación, la persistencia y la autoestima correlacionan positivamente con el rendimiento escolar, pero el coeficiente intelectual triplica su impacto. En emprendimiento, la perseverancia facilita la innovación y el éxito, aunque ese efecto depende de condiciones de partida como el acceso a capital y redes.
La medición de habilidades no cognitivas enfrenta limitaciones. Las escalas de perseverancia, autoestima o locus de control muestran baja consistencia temporal, lo que introduce ruido en los resultados y dificulta sacar conclusiones firmes sobre su impacto a largo plazo. Además, los puntajes altos en perseverancia pueden reflejar tanto rasgos internos como condiciones de vida que favorecen el esfuerzo sostenido.
Eso abre una pregunta sobre si la narrativa de la constancia política reconoce lo suficiente las condiciones familiares, institucionales y mediáticas que facilitan la persistencia de ciertas figuras, como Keiko Fujimori, frente a otras igualmente perseverantes pero sin los mismos recursos.
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Abandono, autorregulación y ajuste de metas
Durante años, la psicología de la motivación priorizó el estudio de la persistencia, pero investigaciones recientes destacan la importancia del abandono oportuno de metas inviables. La capacidad de renunciar a tiempo a objetivos inalcanzables protege el bienestar y la salud física. Según teorías contemporáneas, las personas evalúan de manera constante la probabilidad de alcanzar una meta y, cuando el costo supera los beneficios, resulta más adaptativo abandonarla y reasignar esfuerzos.
Esa decisión no siempre es racional. Factores como el apego identitario, la presión social o el miedo al fracaso pueden llevar a persistir en proyectos poco viables. En política, eso se traduce en candidaturas reiteradas que, en ciertos contextos, pueden ser estrategias racionales, como ocurre con Keiko Fujimori ante la volatilidad del sistema peruano.
El ajuste de metas y el bienestar subjetivo están relacionados. Las personas que logran redefinir sus proyectos tras una barrera importante reportan mayor bienestar y mejor salud. Persistir sin evaluar el contexto puede generar frustración y desgaste, mientras que la flexibilidad para abandonar metas inviables protege el equilibrio personal. En política, distinguir entre perseverancia adaptativa y rigidez ayuda a analizar trayectorias como la de Fujimori.
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Suerte, estructura social y meritocracia
La suerte y el azar tienen un peso subestimado en el éxito individual. Investigadores como Scott Barry Kaufman y Nassim Taleb sostienen que la variación en el éxito creativo, científico o empresarial no se explica solo por rasgos personales, sino también por factores aleatorios y coyunturales. Estudios en ciencia y modelos de simulación confirman que el azar puede ser determinante, incluso en trayectorias talentosas y perseverantes.
En política, los golpes de suerte pueden tomar la forma de crisis, escándalos o cambios abruptos en el entorno. Keiko Fujimori ha capitalizado ventanas de oportunidad generadas por la fragmentación partidaria y la volatilidad del voto, factores que no controla pero que han favorecido su persistencia en la escena electoral.
El estatus socioeconómico influye en la capacidad de perseverar. La Asociación Estadounidense de Psicología documenta que la pobreza limita el desarrollo de capacidades, la participación en oportunidades y el rendimiento académico. El esfuerzo de un estudiante de Estatus Socioeconómico Alto no es equivalente al de uno en situación de vulnerabilidad, aun si ambos muestran igual constancia.
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La meritocracia, entendida como asignación de recompensas en función del mérito, aparece más como un ideal normativo que como una realidad empírica. En América Latina, el acceso a posiciones de poder y educación está mediado por el origen familiar, la raza y el género. Presentar el éxito como fruto exclusivo de la perseverancia invisibiliza desigualdades y tiende a responsabilizar a los perdedores de su situación.
Ambición, género y carreras políticas de largo plazo
La perseverancia política se expresa en carreras de largo plazo, candidaturas repetidas y resiliencia ante la derrota. Estudios muestran que hombres y mujeres no difieren de manera significativa en su persistencia electoral una vez que compiten, aunque el género sí influye en la ambición política inicial, condicionada por socialización, percepción de discriminación y ausencia de modelos.
Las dinastías políticas actúan como atajos al poder, en especial en sistemas partidarios débiles. El caso de Keiko Fujimori es paradigmático: hija de un ex presidente, asumió el rol de primera dama a los 19 años y construyó una carrera política sobre la base de la herencia dinástica y la visibilidad que otorga el apellido. En contextos de fragmentación e inestabilidad, esos factores facilitan la repetición de candidaturas y la permanencia en competencia.
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La ambición política se distribuye de manera desigual según raza, género y clase. En América Latina, las carreras políticas duraderas son más accesibles para quienes provienen de familias instaladas en el poder. Mujeres como Fujimori confirman y desafían ese patrón: acceden a posiciones visibles en campos dominados por hombres, pero lo hacen de la mano de apellidos con peso simbólico.
El caso de Keiko Fujimori en Perú
La trayectoria de Keiko Fujimori destaca por su constancia electoral: cuatro candidaturas presidenciales y una virtual victoria en 2026. Tras obtener el 17% de los votos en la primera vuelta, accedió a un nuevo balotaje y consolidó su presencia en la política peruana. Su recorrido, sin embargo, está marcado desde el inicio por la figura de su padre, Alberto Fujimori, y por el acceso temprano a las esferas de poder estatal.
El sistema de partidos peruano, caracterizado por la fragmentación y la baja institucionalización, facilitó la emergencia de liderazgos personalistas y la centralidad de apellidos conocidos. En ese contexto, la continuidad de Keiko en la competencia no solo refleja tenacidad personal, sino también la falta de alternativas con nivel de reconocimiento y estructura nacional.
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El peso de la dinastía Fujimori se expresa en la memoria de estabilidad y mano dura, en la estructura partidaria de Fuerza Popular y en la capacidad de volver a presentarse tras cada derrota. El contexto de inestabilidad institucional y fragmentación parlamentaria favorece la permanencia de figuras con alta notoriedad, incluso si son polarizantes.
Atribuir la virtual victoria de Keiko Fujimori principalmente a su perseverancia personal deja de lado factores estructurales: herencia dinástica, rol de primera dama, aparato partidario propio y valor simbólico del apellido. Su trayectoria muestra cómo la constancia individual opera sobre un terreno de oportunidades inaccesible para otros actores igualmente perseverantes.