Cada 4 de junio, el mundo detiene su mirada en los rostros de los niños y las niñas que viven bajo la amenaza de la violencia. El Día Internacional de los Niños Inocentes Víctimas de Agresión no es una fecha simbólica vacía: es el recordatorio de que la infancia sigue siendo el eslabón más vulnerable en los conflictos armados, en los hogares y en las aulas de todo el planeta.
Cuál es el origen del Día de los Niños Víctimas de Agresión
La fecha fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 19 de agosto de 1982, en el marco de una sesión extraordinaria de emergencia convocada para abordar la situación en Oriente Medio. El detonante fue la preocupación por “el gran número de niños palestinos y libaneses que han sido víctimas inocentes de los actos de agresión de Israel”, según el texto original de la resolución aprobada.
Desde entonces, el 4 de junio se conmemora cada año con el propósito de reconocer el dolor que sufren los niños en todo el mundo víctimas de maltratos físicos, mentales y emocionales, y de reafirmar el compromiso de las Naciones Unidas de proteger los derechos de la infancia. La fecha trasciende el conflicto que la originó y abarca hoy todas las formas de agresión contra los menores: la violencia en los conflictos armados, el maltrato en el hogar, el abuso sexual, el acoso escolar y la explotación.
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Los derechos de la infancia frente al maltrato y la violencia familiar
La Convención sobre los Derechos del Niño, adoptada por la ONU en 1989 y ratificada por casi todos los países del mundo, establece que todo niño tiene derecho a la protección contra toda forma de violencia física o mental, abuso, abandono, maltrato o explotación. Sin embargo, las cifras globales demuestran que ese derecho se vulnera de manera sistemática.
En el Perú, el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables (MIMP) reportó que en 2025 los Centros de Emergencia Mujer atendieron 21.609 casos de violencia sexual contra niñas, niños y adolescentes a nivel nacional. El 65,7% de esos ataques ocurrió dentro de una vivienda y 7 de cada 10 fueron perpetrados por personas cercanas a la víctima, según datos del programa nacional Warmi Ñan. Estas cifras representan solo una fracción de la magnitud real del problema: más del 70% de las víctimas no denuncia, según advirtió el propio MIMP.
El impacto psicológico de la agresión en las etapas del desarrollo infantil
La violencia no deja únicamente marcas físicas. Un estudio epidemiológico realizado por el Instituto Nacional de Salud Mental (INSM) del Ministerio de Salud (Minsa) en Lima Metropolitana concluyó que durante la pandemia se incrementaron en un 50% las agresiones y los trastornos clínicos en niños, niñas y adolescentes. El mismo informe identificó que el 34% de los niños de entre 6 y 11 años fueron violentados psicológicamente, y el 25% en el rango de 1,5 a 5 años.
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Los especialistas en salud mental advierten que la exposición a la violencia en las primeras etapas del desarrollo genera consecuencias de largo plazo: trastornos de ansiedad, depresión, dificultades en el aprendizaje, problemas de conducta y mayor vulnerabilidad a la revictimización en la adultez. La violencia normalizada como método de crianza —documentada por informes históricos de UNICEF Perú— agrava este cuadro, porque el niño aprende a percibir el maltrato como una respuesta legítima ante el conflicto.
En el ámbito escolar, el INSM ha advertido que el bullying afecta a más del 40% de las instituciones educativas del país, mientras que el Sistema Especializado en Reporte de Casos sobre Violencia Escolar (Siseve) registró 2.284 escolares afectados entre enero y septiembre de 2025.
Cómo denunciar el maltrato hacia menores de edad en el Perú
El Estado peruano dispone de canales gratuitos y confidenciales para recibir denuncias y brindar orientación ante casos de maltrato infantil:
Línea 100: servicio gratuito del MIMP que opera las 24 horas del día, los 365 días del año, incluyendo feriados. Brinda información, orientación y soporte emocional, y puede derivar los casos más graves a los Centros de Emergencia Mujer (CEM) o al Servicio de Atención Urgente (SAU). En 2025, la Línea 100 recibió más de 50.000 llamadas.
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Línea ANNA 1810: línea gratuita del MIMP especializada en la protección de niños, niñas y adolescentes, disponible también las 24 horas.
Centros de Emergencia Mujer (CEM): el Perú cuenta con 432 centros a nivel nacional que brindan atención integral e interdisciplinaria —legal, psicológica y social— a víctimas de violencia familiar y sexual. Los CEM recepcionan más de 12 denuncias diarias vinculadas a menores de edad.
Chat 100: atención psicológica y legal en línea a través del portal del MIMP (www.mimp.gob.pe).
Policía Nacional del Perú (PNP): cualquier comisaría puede recibir denuncias, otorgar protección y orientar a las víctimas. En emergencias, el número es el 105.
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Acciones globales para erradicar la violencia contra niños y adolescentes
El Informe Anual del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los Niños y los Conflictos Armados reveló que en 2024 la violencia contra la infancia en zonas de guerra alcanzó niveles sin precedentes. Las Naciones Unidas verificaron 41.370 violaciones graves contra niños, un aumento del 25% respecto a 2023 y el tercer año consecutivo de incremento. Esas violaciones afectaron a 22.495 niños y niñas en todo el mundo.
Los asesinatos y mutilaciones fueron la violación más frecuente: 11.967 casos. Le siguieron la denegación de acceso humanitario, con 7.906 incidentes, y el reclutamiento o utilización de niños en combate, con 7.402 casos. Las cifras más altas se verificaron en Israel y el Territorio Palestino Ocupado (8.554), la República Democrática del Congo (4.043), Somalia (2.568), Nigeria (2.436) y Haití (2.269).
En América Latina y el Caribe, un informe conjunto de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y UNICEF publicado en enero de 2026 reveló que 53.318 niños, niñas y jóvenes fueron víctimas de homicidio en la región entre 2015 y 2022. Seis de cada 10 menores de hasta 14 años son objeto de algún tipo de castigo violento en el hogar, y una de cada cuatro adolescentes experimenta acoso escolar.
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Frente a este panorama, la ONU insiste en que la respuesta debe ser estructural: abordar las causas profundas de los conflictos, garantizar que los autores de violaciones rindan cuentas, e invertir en iniciativas de protección, recuperación y reintegración de los niños. Desde 2005, más de 200.000 niños asociados a fuerzas o grupos armados han sido liberados y asistidos en su reinserción a la vida civil, según el mismo informe. En 2024, 16.500 niños recibieron apoyo para su reintegración, una señal de que el trabajo es posible aunque insuficiente frente a la magnitud del problema.