Un equipo internacional de herpetólogos descubrió una nueva especie de lagartija altoandina en la región de Ayacucho, en los Andes centrales del Perú. El hallazgo, realizado por científicos peruanos y extranjeros, quedó descrito formalmente en la revista internacional Taxonomy, un paso clave para que la especie sea reconocida por la comunidad científica.
La investigación estuvo a cargo de Juan R. Gamboa Yupanqui y César Aguilar Puntriano, tesista y jefe, respectivamente, del Departamento de Herpetología del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El trabajo se desarrolló en colaboración con Miguel Vences, de la Universidad Técnica de Braunschweig (Alemania), y Edgar Lehr, de la Universidad Wesleyan de Illinois (Estados Unidos).
La nueva especie, registrada como Wilsonosaura llaullicancho, fue hallada en áreas verdes de la ciudad de Ayacucho, en las orillas del río Huatatas y en zonas cercanas a terrenos agrícolas de Huamanga y Huanta. Según el equipo investigador, el descubrimiento amplió a dos el número de especies del género Wilsonosaura conocidas en el mundo y confirmó que ambas son endémicas del Perú.
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“Llaullicancho”: así llaman en Ayacucho a la nueva especie descubierta
La especie fue denominada Wilsonosaura llaullicancho, y su nombre específico tiene un origen local: “llaullicancho” proviene directamente del quechua. De acuerdo con los investigadores, se trata del término tradicional que los habitantes de la ciudad de Ayacucho utilizan para referirse a estas pequeñas lagartijas.
Ese detalle no solo aporta una referencia lingüística, sino que vincula el registro científico con el conocimiento cotidiano del territorio donde vive el animal. En un contexto en el que muchas especies se describen lejos de los espacios urbanos, el nombre elegido subraya que la diversidad biológica también se conserva en paisajes intervenidos por el ser humano.
En la práctica, la denominación funciona como una marca de procedencia: sitúa a Ayacucho como punto de origen y de reconocimiento social de un reptil que, hasta ahora, no tenía lugar en los catálogos científicos.
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La nueva lagartija rompe el patrón silvestre conocido de su género
El hallazgo resultó llamativo por su ubicación. A diferencia de Wilsonosaura josyi, la única especie conocida hasta ahora dentro del género —registrada en áreas poco habitadas y silvestres como el Bosque de Protección Pui Pui, en Junín—, Wilsonosaura llaullicancho apareció en entornos urbanos y periurbanos.
Los ejemplares fueron encontrados en áreas verdes dentro de la ciudad de Ayacucho, en las orillas del río Huatatas y en zonas adyacentes a terrenos agrícolas de Huamanga y Huanta. Para el equipo, ese patrón de presencia refuerza la idea de que aún existen especies no descritas en espacios que, por su cercanía a la vida humana, suelen asumirse como biológicamente “conocidos”.
Para confirmar que se trataba de una especie nueva para la ciencia, los especialistas realizaron análisis morfológicos y moleculares, con secuenciación de ADN de genes mitocondriales y nucleares. Los resultados genéticos mostraron una separación evolutiva clara respecto a su pariente más cercano y consolidaron el incremento del género Wilsonosaura a dos especies registradas.
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Científicos identificaron la especie por su tamaño y distintiva coloración
En tamaño, la nueva lagartija es pequeña: los adultos miden entre 3.4 y 5.5 centímetros de longitud corporal, sin considerar la cola. Su cuerpo es esbelto y presenta una coloración que va de marrones a grises, con un patrón que permite diferenciarla visualmente.
Uno de sus rasgos más notorios es una banda crema, bordeada de negro e irregular, que se extiende desde la cabeza hasta la cola. El equipo describió que esa franja puede mostrar un brillo iridiscente según la incidencia de la luz, un detalle que destaca en observaciones de campo.
En los machos, la zona ventral tiene un color naranja encendido con pequeñas manchas negras en los bordes. Esa combinación de características —tamaño, banda dorsal y coloración ventral— formó parte del conjunto de evidencias que sostuvo la descripción formal de la especie.
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Los ejemplares tipo, colectados durante expediciones de 2024, fueron depositados en la colección científica del Museo de Historia Natural de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en Lima. Para los investigadores, ese registro constituye patrimonio biológico y una base de referencia para futuros estudios sobre evolución y conservación de reptiles neotropicales.