La voz es una herramienta central en la labor docente: sostiene la explicación de contenidos, ordena la dinámica del aula y permite mantener la atención del grupo. A diferencia de otros recursos pedagógicos, es un “instrumento” que el profesor usa de manera continua y, muchas veces, en condiciones poco favorables.
Esa exigencia diaria implica riesgos. Hablar durante varias horas, elevar el volumen para cubrir el ruido y sostener una proyección clara sin pausas puede provocar fatiga muscular, irritación y, con el tiempo, lesiones que obligan a reducir la carga de clases o a guardar reposo.
Por eso, el Ministerio de Salud (Minsa) difundió recomendaciones para prevenir el desgaste vocal en quienes trabajan con la voz. El Dr. Christian Yon Trujillo, especialista en otorrinolaringología del Hospital María Auxiliadora del Minsa, advirtió que los docentes presentan un alto porcentaje de trastornos de la vía vocal frente a otros profesionales y que la prevención depende de hábitos y técnicas simples, pero constantes.
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Qué es el “Efecto Lombard” y qué problemas de salud suelen afectar la voz
El doctor Yon Trujillo explicó que uno de los principales desafíos en el aula es el llamado “Efecto Lombard”, un fenómeno por el cual el docente eleva de manera excesiva el volumen de su voz para ser escuchado cuando existe ruido ambiental. Ese esfuerzo sostenido, si se vuelve rutina, incrementa la carga sobre la musculatura del cuello y el aparato fonador.
El especialista señaló que el uso prolongado de la voz durante la jornada laboral y la necesidad de mantener una proyección clara frente a los estudiantes demandan preparación y hábitos específicos para evitar la fatiga muscular. En su evaluación, no se trata solo de “hablar fuerte”, sino de cómo se sostiene esa intensidad, durante cuánto tiempo y con qué pausas.
Alertó sobre el desgaste acumulativo: “Hablar durante muchas horas requiere de una rehabilitación biomecánica y ejercicios de liberación muscular para evitar lesiones crónicas a futuro”, precisó. La advertencia apunta a un problema frecuente: cuando la voz se exige por encima de su capacidad sin descanso ni técnica, el malestar deja de ser ocasional y empieza a repetirse clase tras clase.
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A las condiciones del entorno se suman factores de salud que también impactan en la voz. Yon Trujillo indicó que, además de lo externo, el docente “tiene que luchar” frente a problemas comunes como el reflujo, el asma o las alergias, que pueden irritar las cuerdas vocales y agravar la sensación de carraspera, ardor o cansancio al hablar.
Recomendaciones del Minsa para cuidar la voz durante las clases
El Minsa señaló que el cuidado vocal se sostiene con pausas programadas, hidratación, tratamiento oportuno de afecciones que irritan la garganta y técnicas para disminuir la tensión muscular. Estas son las recomendaciones difundidas para prevenir el desgaste y reducir el esfuerzo de elevar la voz en el aula:
- Realizar descansos de cinco a siete minutos por cada media hora de clase para relajar la musculatura del cuello.
- Beber agua para mantener una correcta hidratación y llevar una alimentación sana para proteger las cuerdas vocales.
- Tratar adecuadamente afecciones como el reflujo, la gastritis o alergias que irritan las cuerdas vocales.
- Practicar técnicas de calentamiento vocal y ejercicios de relajación para soltar la tensión del cuello y hombros.
- Utilizar dinámicas y recursos tecnológicos que eviten el esfuerzo de gritar para ser escuchado.
El Minsa indicó que estos hábitos buscan prevenir problemas de salud y ayudar a sostener un desempeño profesional óptimo en los docentes. También recomendó realizarse chequeos preventivos como parte del cuidado integral de la salud.
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