Una operación binacional entre las fuerzas del orden de Perú y Brasil permitió incautar cerca de nueve toneladas de drogas y exponer el alcance del Comando Vermelho en la triple frontera amazónica que incluye a Colombia.
El despliegue, realizado en el eje del río Yavarí, provincia de Mariscal Ramón Castilla, Loreto, representó uno de los golpes más contundentes al narcotráfico en la región según las autoridades.
Los hallazgos incluyeron aproximadamente ocho toneladas de marihuana y casi una tonelada de clorhidrato de cocaína, junto con armas de guerra, municiones, equipos tácticos y material logístico presuntamente vinculados a la organización criminal brasileña.
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El avance del Comando
El Comando Vermelho (CV), una de las organizaciones criminales más antiguas y grandes de Brasil, ha consolidado su presencia en Perú, especialmente en la región amazónica.
De acuerdo con el análisis de Pedro Yaranga, experto en seguridad integral, el CV opera como una mafia transnacional interesada en controlar rutas estratégicas para el tráfico ilícito, sin estructura política en territorio peruano.
Las investigaciones de la Policía Antidrogas revelan que el Comando Vermelho domina puntos clave en la región de Ucayali, sobre todo en la margen derecha fronteriza con el estado de Acre, Brasil. El principal objetivo es asegurar el corredor de la droga que conecta Perú con los mercados brasileño y europeo, utilizando tanto cocaína como marihuana tipo “skunk”.
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Para sostener su estructura logística, el Comando Vermelho recurre a ciudadanos peruanos como operadores responsables del acopio, transporte y seguridad de los cargamentos. Además, la organización ha establecido alianzas con narcotraficantes locales y grupos armados en la zona de la triple frontera —entre Perú, Brasil y Colombia—, potenciando así su influencia y capacidad operativa.
Violencia y control
El CV no limita sus actividades al narcotráfico. Según la información proporcionada por Yaranga, también participa en la extracción ilegal de madera, minería de oro, tráfico de armas, contrabando de insumos químicos controlados, sicariato y extorsión. Para expandir su control, la organización recurre a la violencia, desplazando a bandas rivales o sometiendo a comunidades indígenas.
El poder del Comando Vermelho se extiende incluso a los centros penitenciarios. Según Yaranga, la Policía Nacional del Perú (PNP) reportó que miembros del CV mantienen el control del penal de Pucallpa en Ucayali, desde donde operan redes criminales y dirigen rutas de salida de droga hacia Brasil. Esta situación expone la vulnerabilidad de las instituciones frente a una criminalidad transnacional cada vez más sofisticada.
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Yaranga también advierte sobre la necesidad de una policía más capacitada para enfrentar organizaciones como el CV y el Primer Comando de la Capital (PCC), que podrían representar los principales desafíos en materia de seguridad en los próximos años.
El golpe policial
En un hecho que evidenció las dificultades para contener el avance del Comando Vermelho, un operativo de la Policía Nacional del Perú permitió la captura de Bruno de Souza Costa, ciudadano brasileño identificado como presunto cabecilla de una facción del CV en Ucayali.
La detención ocurrió en marzo de este año, cuando Souza Costa viajaba en un bus interprovincial desde Lima hacia Pucallpa, siendo interceptado a la altura del kilómetro 34 de la carretera Federico Basadre.
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Souza Costa, de 33 años, era requerido por la Interpol mediante una alerta roja internacional. Durante el mismo operativo, las autoridades también detuvieron a Sebastião de Azevedo Ferreira, de 42 años, igualmente ciudadano brasileño y con alerta internacional por delitos vinculados al narcotráfico. Ambos quedaron bajo custodia en la comisaría de Pucallpa mientras se define su situación legal en el contexto del proceso de extradición.
El comandante David Silva, jefe de la División de Investigación Criminal (Divincri) de Ucayali, explicó que la detención se sustenta en las requisitorias internacionales emitidas por la justicia brasileña. “Sabemos por información policial y también confirmada por la Interpol, que el ciudadano Bruno de Souza Costa sería integrante del Comando Vermelho y ellos vienen preparando sus actividades ilícitas”, puntualizó Silva en declaraciones recogidas por la PNP.
Fallas en los controles
El caso de Bruno de Souza Costa dejó en evidencia las deficiencias en los controles migratorios y judiciales. El cabecilla del CV había sido liberado en Lima tres meses antes de su captura, pese a contar con una alerta internacional de detención. Souza Costa obtuvo la libertad porque las autoridades no gestionaron a tiempo su extradición a Brasil.
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Durante su permanencia en Perú, el detenido logró recibir un Documento Nacional de Identidad (DNI) peruano tras presentar un acta falsa ante el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil (Reniec). Este documento, obtenido de manera fraudulenta, le permitió circular por el país sin ser plenamente identificado, según información de la Policía Nacional.
La liberación del ciudadano brasileño ocurrió en diciembre, resultado de un proceso judicial que no avanzó por demoras administrativas y falta de coordinación entre las autoridades peruanas y brasileñas. Souza Costa ya había sido detenido en julio del año anterior tras ser víctima de un secuestro, pero volvió a quedar en libertad pese a los antecedentes y la alerta internacional en su contra.
Para la seguridad
La captura de los presuntos cabecillas y la incautación de grandes volúmenes de drogas en la frontera amazónica han generado cuestionamientos sobre la eficacia de los mecanismos de control y la coordinación internacional en la lucha contra el crimen organizado.
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La expansión del Comando Vermelho en la triple frontera exige respuestas más eficaces y coordinadas por parte de las fuerzas de seguridad, mientras la criminalidad transnacional redefine los desafíos para el Estado peruano y la región amazónica, reflexiona Yaranga.