Un estudio científico reciente sitúa en el centro del análisis arqueológico la relación entre humanos, animales y salud en el antiguo Perú. La investigación, publicada en la revista Parasitology, examina evidencias recuperadas en el sitio Licapa 2 y propone una lectura más compleja sobre la vida cotidiana en contextos urbanos prehispánicos.
El trabajo reúne a especialistas de distintas instituciones de América Latina y Europa, con participación de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. La investigación incorpora técnicas de laboratorio y análisis morfológicos para reinterpretar hallazgos previos, lo que permite ampliar el conocimiento sobre prácticas domésticas y condiciones sanitarias en sociedades antiguas.
Los resultados abren una línea de discusión sobre la convivencia entre humanos y animales en espacios urbanos tempranos. Este enfoque no solo aborda la economía doméstica, sino también los riesgos sanitarios asociados a la proximidad entre especies.
Evidencias de crianza simultánea en espacios domésticos
Las excavaciones en Licapa 2, iniciadas en 2021, identificaron inicialmente coprolitos que se atribuían a cuyes. Sin embargo, análisis posteriores revelaron la presencia de restos correspondientes a más de una especie. La arqueóloga Carito Tavera explicó el cambio en la interpretación: “Pensábamos que era una cuyera, pero los estudios morfológicos y de laboratorio confirmaron la presencia de heces de más de una especie. No solo había cuyes, sino también camélidos”.
Este hallazgo se vincula con registros previos en el sitio, donde se identificaron huesos de camélidos con marcas de corte. Esa evidencia indica prácticas de consumo y también sugiere la existencia de crianza organizada. En conjunto, los datos permiten plantear una economía que combinaba domesticación de animales con otras actividades como caza y pesca.
El análisis permitió identificar seis taxones de parásitos, entre ellos Eimeria , acantocéfalos, estrongílidos, Dioctophymatidae, posibles Paraspidodera sp. y Diphyllobotrium/Adenocephalus. La detección de estos organismos aporta información sobre las condiciones sanitarias del asentamiento y la interacción entre especies.
Uno de los hallazgos más relevantes corresponde al protozoo Eimeria macusaniensis, que permitió confirmar el origen de algunos coprolitos como pertenecientes a camélidos sudamericanos. Este organismo también presenta potencial de transmisión a humanos, lo que introduce un componente sanitario en el análisis arqueológico.
La investigación señala que el agua pudo funcionar como un medio de propagación. El sitio contaba con un canal que atravesaba el asentamiento, lo que, junto a limitaciones en infraestructura sanitaria, habría facilitado la circulación de parásitos.
Tavera explicó el contexto de esta dinámica: “El surgimiento de espacios urbanos generó una convivencia más estrecha entre humanos y animales, creando condiciones ideales para la proliferación de parásitos”.
Proximidad entre humanos y animales en la vida cotidiana
Los restos recuperados en Licapa 2 sugieren que la crianza de animales se realizaba en áreas cercanas a los espacios domésticos, posiblemente junto a zonas de preparación de alimentos. Este patrón indica una convivencia constante y funcional entre humanos y animales.
En ese contexto, los cuyes cumplían un rol en el manejo de residuos alimenticios, lo que permite inferir aspectos de la dieta humana y de la organización doméstica. La relación entre especies no respondía a una separación estricta, sino a una dinámica integrada dentro del espacio habitado.
La especialista subrayó la implicancia sanitaria de esta práctica: “La cría de estos animales por parte de las sociedades andinas, explicarían la presencia de estos parásitos en el yacimiento, a la vez que suscitan la consideración de sus posibles efectos en la salud de camélidos y roedores, en los que las enfermedades parasitarias constituyen hoy una gran preocupación”.
Antigüedad de las evidencias y comparación regional
El estudio también aporta información sobre la cronología del registro parasitológico en la región andina. Mientras investigaciones previas, como las realizadas en Huanchaquito, se ubican entre 1400 y 1450 d.C., los hallazgos de Licapa 2 se sitúan entre los años 600 y 800 d.C.
Esta diferencia amplía el marco temporal del conocimiento sobre la presencia de parásitos en contextos prehispánicos. La evidencia sugiere que las condiciones que favorecieron la transmisión de estos organismos se presentaron en etapas más tempranas del desarrollo urbano.
El equipo de investigación identificó algunas limitaciones, entre ellas la ausencia de fechados por carbono 14, lo que impide establecer una cronología exacta de las muestras analizadas. A pesar de ello, los especialistas plantean la posibilidad de ampliar el estudio hacia otras áreas del sitio.
También se considera la exploración de evidencias en restos humanos, lo que permitiría profundizar el análisis sobre el impacto sanitario en las poblaciones antiguas. Según Tavera, “es una línea nueva que permite estudiar la salud, la relación con los animales y las dinámicas urbanas en el pasado”.
El equipo estuvo integrado por Darío Alejandro Ramírez, del Instituto de Antropología de Córdoba (Conicet-UNC); Carito Tavera Medina, vinculada a la Universidad de Barcelona e Instituto Peruano de Estudios Arqueológicos; Henry Tantaleán, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; y Rodrigo Nores, también del Instituto de Antropología de Córdoba.
La publicación en Parasitology, editada por Cambridge University Press, sitúa el estudio dentro de un circuito académico internacional enfocado en la investigación de infecciones parasitarias y la interacción entre parásitos y huéspedes.