La migraña, comúnmente asociada a la población adulta, también afecta a niños y adolescentes, con un incremento de casos a medida que avanzan en edad. Este trastorno, aunque poco frecuente entre los 3 y 7 años, se presenta con mayor incidencia a partir de los 10 años, especialmente en mujeres.
Según explicó la especialista Lucía Rodríguez, del Servicio de Neuropediatría del Instituto Nacional de Ciencias Neurológicas, en la consulta externa se observa que entre 3 y 4 de cada 20 a 30 pacientes podrían presentar migraña. Esta cifra evidencia la presencia de este problema de salud en la población pediátrica.
Características clínicas y síntomas
La migraña en menores presenta características específicas que permiten diferenciarla de un dolor de cabeza ocasional. Se trata de un dolor agudo que puede durar desde 15 minutos o más, con episodios que se repiten en el tiempo y periodos sin síntomas.
Asimismo, suele localizarse en la zona frontal o frontoparietal y se describe como un dolor pulsátil de intensidad moderada a severa. Este malestar puede interferir en las actividades cotidianas del menor, como asistir al colegio o realizar actividades recreativas.
Diagnóstico y antecedentes familiares
Entre los síntomas asociados se encuentran mareos, palidez, sudoración, vómitos y sensibilidad a la luz o al ruido. Estas manifestaciones acompañan al dolor principal y contribuyen a identificar el cuadro clínico.
La especialista indicó que el examen neurológico y general del paciente suele ser normal. No obstante, un factor clave para el diagnóstico es el antecedente familiar, ya que en aproximadamente el 70 % de los casos existe un familiar directo que también padece migraña.
Señales de alarma y prevención
La doctora advirtió que es necesario acudir a un especialista cuando el dolor de cabeza se vuelve progresivo, más intenso de lo habitual o aparece durante la noche al punto de interrumpir el sueño. También alertó sobre casos en los que el dolor empeora con el esfuerzo físico, como al toser.
En cuanto al manejo del trastorno, recomendó el uso de analgésicos bajo supervisión médica y la adopción de medidas preventivas. Entre ellas figuran mantener una alimentación adecuada —evitando alimentos como chocolate, queso y plátano—, asegurar al menos ocho horas de sueño, controlar el uso de dispositivos electrónicos y fomentar entornos familiares que reduzcan el estrés.