El Perú despide a una de sus historias más extraordinarias. Marcelino Abad Tolentino, conocido como ‘Mashico’, falleció el 30 de marzo mientras dormía, a pocos días de cumplir 126 años. Considerado el hombre más longevo del país y posiblemente del mundo, su caso captó la atención internacional, aunque nunca obtuvo el reconocimiento oficial de Guinness World Records debido a la falta de validación documental completa.
El deceso se produjo en una casa hogar donde residía bajo el cuidado del Estado peruano, luego de haber sido incorporado al programa social Pensión 65 del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). De acuerdo con testimonios recogidos por ese programa, en sus últimos días se le notaba más cansado, aunque mantenía su carácter afable, siempre dispuesto a sonreír y compartir con quienes lo acompañaban.
La historia de ‘Mashico’ es también una historia de abandono y resiliencia. Nació en 1900 en una zona rural de Huánuco y quedó huérfano a temprana edad. Vivió gran parte de su vida en condiciones de extrema pobreza, sin acceso a servicios básicos ni documentos formales durante décadas. Nunca formó una familia y pasó años en situación de vulnerabilidad, hasta que fue identificado durante la pandemia de COVID-19 por autoridades locales, que gestionaron su incorporación a los programas de asistencia del Estado.
Desde entonces, recibió alimentación, cuidados médicos y un espacio digno donde vivir. Su caso se volvió emblemático no solo por su edad, sino por evidenciar la situación de muchos adultos mayores en el país que permanecen invisibles para el sistema. En ese contexto, su historia fue difundida ampliamente y generó interés incluso fuera del Perú.
Hace dos años, el Estado peruano inició el proceso para postularlo al Récord Guinness como el hombre más longevo del mundo vivo. Sin embargo, el trámite no se concretó. Según explicaron representantes del programa Pensión 65, la propuesta no avanzó debido a los tiempos y a la complejidad del proceso de validación internacional, que exige documentación continua desde el nacimiento.
A nivel global, el último hombre reconocido oficialmente como el más longevo fue Juan Vicente Pérez Mora, quien falleció en abril de 2024 a los 114 años. Actualmente, el título de hombre más viejo vivo validado lo ostenta el brasileño João Marinho Neto, con más de 112 años, según registros verificados internacionalmente. La diferencia entre estos casos y el de “Mashico” radica en la existencia de documentación completa que respalde cada etapa de la vida, requisito indispensable para el reconocimiento oficial.
A pesar de ello, en el Perú, Marcelino Abad Tolentino fue considerado un símbolo de longevidad excepcional. Su Documento Nacional de Identidad consignaba el año 1900 como fecha de nacimiento, lo que lo situaba muy por encima de cualquier récord validado en la historia reciente. De haberse completado el proceso de verificación, habría superado ampliamente las marcas conocidas.
Más allá de los récords, su legado queda como testimonio de una vida marcada por la adversidad, pero también por la resistencia. Desde el anonimato en una zona rural hasta convertirse en una figura conocida a nivel nacional, “Mashico” vivió más de un siglo atravesando profundas transformaciones sociales, económicas y tecnológicas.
La última entrevista de ‘Mashico’ con Infobae Perú
En abril del 2025, la entrevista realizada por Infobae Perú reconstruyó la vida de Marcelino Abad Tolentino, conocido como “Mashico”, con motivo de su cumpleaños 124. Nacido en 1900, pasó su infancia y juventud en la casa de su madre, en una zona rural, y quedó huérfano a temprana edad. Durante décadas vivió en condiciones de extrema pobreza, sin documentos, sin acceso a servicios básicos y completamente fuera del sistema, como si fuera invisible. Según representantes de Pensión 65, muchas personas conocían su existencia, pero nunca fue visibilizado ni atendido hasta años recientes.
Hasta los 119 años, Mashico no contaba con Documento Nacional de Identidad (DNI), por lo que no podía ser reconocido oficialmente como ciudadano peruano. Se sostenía principalmente de lo que cultivaba en su propio terreno y mediante intercambios con vecinos, subsistiendo con un estilo de vida austero, basado en alimentos naturales y trabajo físico, lo que también fue señalado como uno de los factores de su extraordinaria longevidad. Vivía aislado, sin electricidad ni agua potable, y se alumbraba con un pequeño mechero.
Tiempo después de ser identificado por Pensión 65, Mashico sufrió un accidente que le provocó una lesión en la cadera, reduciendo significativamente su movilidad y haciendo indispensable la asistencia y el seguimiento médico constante. A raíz de este incidente, tuvo que mudarse primero a la vivienda de una señora que lo cuidaba y, posteriormente, fue trasladado a la casa hogar “Mis Abuelitos”, donde pasó sus últimos años acompañado. La pensión estatal que le correspondía era entregada directamente a la casa hogar para cubrir su sustento, atención médica y alimentación, asegurando su bienestar hasta el final de su vida.