En Perú, miles de jóvenes terminan hoy su carrera universitaria con una pregunta silenciosa que no siempre se atreven a formular en voz alta: ¿y ahora, cómo sigo avanzando? El mercado laboral ya no ofrece trayectorias previsibles ni recorridos estables. Las reglas del juego cambian con rapidez, los perfiles profesionales se vuelven obsoletos en pocos años y la competencia ya no se limita a quienes egresan el mismo año, sino a generaciones completas que buscan, al mismo tiempo, oportunidades reales de desarrollo.
En ese escenario, avanzar profesionalmente se ha convertido en un desafío estructural para el talento joven peruano, no en una simple cuestión de esfuerzo individual. Esta percepción, encuentra hoy un respaldo muy claro en el informe Talento Joven: Las motivaciones laborales de Millennials y Generación Z en el Perú, elaborado por EAE Business School. Lejos de ser un diagnóstico abstracto, el estudio pone cifras y contexto a lo que vemos a diario en las aulas y en las empresas.
La investigación recoge información de cientos de jóvenes peruanos, concentrados principalmente entre los 19 y 26 años. En ese grupo, el 76 % se encuentra actualmente cursando estudios de pregrado o posgrado, mientras que el 45 % trabaja de manera activa. Este dato no debe leerse como una baja inserción laboral, sino como el reflejo natural de una etapa vital en la que la mayoría de jóvenes aún se encuentra finalizando su formación universitaria. A ello se suma que más del 60 % continúa viviendo con su familia y que, entre quienes no trabajan, la dependencia económica del hogar sigue siendo muy alta. El verdadero mensaje del estudio no es que los jóvenes estén fuera del mercado, sino que están postergando su plena autonomía mientras invierten tiempo en formarse mejor para poder competir en un entorno laboral cada vez más exigente.
Y es precisamente desde esta lectura donde resulta imprescindible conectar la realidad del talento joven con la necesidad de seguir desarrollándose profesionalmente una vez culminado el pregrado. Asimismo, el informe muestra con claridad que las motivaciones laborales de los jóvenes ya no se limitan únicamente al ingreso económico. Existen diferencias relevantes entre quienes aún estudian y quienes ya egresaron. Mientras los primeros suelen trabajar para financiar estudios o gastos personales, los egresados valoran especialmente la estabilidad, el aprendizaje continuo y la posibilidad de proyectar una carrera en el tiempo. Este matiz es clave, a medida que los jóvenes avanzan en su vida profesional, la pregunta deja de ser “dónde consigo trabajo” y pasa a ser “dónde puedo crecer”.
Cuando se analiza qué factores resultan más atractivos al momento de aceptar un empleo, el salario sigue siendo importante, pero ya no aparece solo. Los jóvenes priorizan también el plan de carrera, la formación y las oportunidades reales de desarrollo dentro de la organización. En otras palabras, el trabajo ideal es aquel que ofrece un proyecto profesional, no únicamente un puesto.
Esta mirada se refuerza cuando se observa que la formación continua y el desarrollo profesional influyen directamente en la decisión de permanecer en una empresa. De hecho, el 76,5 % de los jóvenes afirma que le interesa permanecer más de dos años en una misma organización siempre que existan oportunidades reales de crecimiento. El problema, por tanto, no es la falta de compromiso, sino la ausencia de trayectorias claras para seguir avanzando.
Al mismo tiempo, el informe revela que una parte importante de los jóvenes trabaja principalmente para cubrir gastos personales, mientras que solo una minoría lo hace motivada por la autorrealización profesional. Esto muestra que muchos inician su vida laboral desde posiciones transitorias, y que el verdadero reto aparece después: cómo transformar ese primer empleo en una carrera con proyección.
Es de esa manera que en un mercado que cambia rápidamente y que exige actualización constante, el desarrollo profesional deja de ser una opción secundaria. El talento joven peruano es pragmático, valora la estabilidad, el bienestar y, sobre todo, el crecimiento como eje de su relación con el trabajo. El verdadero desafío no es solo conseguir un primer empleo, sino contar con las herramientas necesarias para seguir avanzando cuando el mercado ya no espera.