El grupo de peruanos varados en Bolivia finalmente se encuentra en Lima luego de un viaje por tierra desde La Paz hasta Juliaca y luego por vía aérea a la ciudad capital. En el camino, según contaron, enfrentaron temperaturas extremas y problemas para comunicarse con sus seres queridos.
Uno de los peruanos rescatados por el consulado peruano en Bolivia, Juan Ricardo Romaní, afirmó que en su camino de regreso al Perú junto a su familia, fue detenido por comuneros que protestaban contra las medidas económicas del gobierno de Rodrigo Paz.
“Yo no sabía nada cuando llegué a Bolivia. Compré mi pasaje, crucé con mi hija y mi esposa, y en el trayecto, a las tres de la mañana, el bus se detuvo. Desperté y todo estaba rodeado de comuneros con llantas, palos y guaracas”, afirmó.
El frío extremo también se hizo sentir durante la travesía entre Perú y Bolivia, agravó la situación. “Regalé mi ropa en Argentina y al bajar del bus apenas podíamos movernos por el frío. Éramos cuatro que nos abrazábamos para soportar los 15 grados bajo cero. Dormíamos juntos para no dejarnos vencer por la hipotermia”.
Jacqueline Valladares, madre de dos niños pequeños, describió otro tipo de problemas durante su paso por Bolivia, pues fue parte del grupo de peruanos que tuvo que caminar por varias horas para intentar volver al Perú. “Caminamos bajo el sol con mis hijos, nueve o diez horas, porque no había movilidad y la gente tenía miedo de ayudarnos; decían que, si lo hacían, les reventarían las llantas. Sólo llevábamos una botella de un litro de agua, dándoles de a sorbitos a mis hijos”.
La tensión se intensificó por advertencias de otros ciudadanos bolivianos organizados en sindicatos y comunidades. Según el relato de Juan Carlos Vergara, intentaron llamar al consulado con los pocos recursos que tenían disponibles. “Le pedí a mi mamá que llamara al consulado con la última carga de mi celular. Caminábamos agotados con otros viajeros, entre ellos dos jóvenes coreanas que contactaron a su embajada”.
“Todos están organizados, acatan las medidas. El que no protesta es multado. Estaba completamente prohibido transportar personas, tanto nacionales como extranjeras”. Romaní añadió: “Tenían reglas claras: quien se oponía era castigado. Incluso dijeron ‘si alguien nos graba, le quemamos el teléfono’”.
Romaní también indicó que habló con algunos de los manifestantes para pedirles ayuda. “Me paré y les expliqué que era turista, que entendía su protesta, pero que sólo pedía un poco de comida porque estaba sin fuerzas. Entonces accedieron y hasta me ofrecieron costillar de oveja”.
Luego de pedirles ayuda, los manifestantes incluso le comentaron que era bienvenido si deseaba volver a Bolivia. “Al final, algunos comuneros hasta me abrazaron y somos amigos. Les expliqué que en Perú la situación era similar y me invitaron a regresar”.
Intervención del Consulado del Perú
La intervención del consulado peruano fue determinante. Romaní recordó cómo lograron contactar a las autoridades: “Una compatriota pudo comprar un chip para llamar al cónsul, que se activó el viernes. A partir de ahí, la policía boliviana llegó en tres camionetas para rescatar a treinta y cuatro extranjeros, priorizando a quienes tenían niños, adultos mayores o estaban enfermos”.
Vergara resumió el operativo: “Salimos del pueblo cerca de las seis de la tarde y llegamos a La Paz alrededor de la medianoche. En la comisaría nos esperaba la cónsul, que nos llevó a un hospedaje y nos sirvió alimentos. Desde ese momento, el consulado nos ayudó al ciento por ciento con comida y alojamiento”.
El proceso de salida de Bolivia se realizó en varias etapas y con la entrega de salvoconductos para atravesar los bloqueos. “Llegó una van y, ya con salvoconducto, nos trasladaron. Habían abierto parcialmente los caminos, pero todavía se notaban los estragos de los bloqueos”, relató Romaní.
El avión presidencial peruano también formó parte del operativo. Romaní explicó: “La cónsul Mariela Silva gestionó el traslado aéreo de varios compatriotas a Lima, mientras otros viajaron por tierra hasta Juliaca”.
El impacto emocional fue intenso, sobre todo para los niños. Valladares confesó que “mi hijo ya me dijo que nunca quiere volver a Bolivia y tiene miedo de salir. Quedó muy asustado por todo lo que pasó”.